La historia de la Guerra Civil que no te cuentan EL BOMBARDEO DE GUERNICA DEL MITO A LA REALIDAD #3
53%

EL BOMBARDEO DE GUERNICA DEL MITO A LA REALIDAD #3

Una vez más, los intereses políticos se convirtieron en los arquitectos de un relato pervertido que mandó para siempre la verdad al cajón del olvido.

A este esfuerzo propagandístico se sumó la potencia visual del mural encargado a Pablo Picasso para el pabellón de la República en la Exposición Internacional de París de 1937.

Cuando hablamos de una obra de semejante trascendencia artística surgen, casi de forma inevitable, infinidad de teorías tratando de hallar el verdadero significado escondido tras el lienzo.

Si a ello le sumamos la importancia no solo artística, sino también histórica, entonces las especulaciones aumentan exponencialmente.

Sobre el Guernica de Picasso se ha llegado a decir de todo.

Se comentó que fue colgado en los muros del pabellón de la República en París antes, incluso, de que se produjera el bombardeo.

También se barajó la posibilidad de que el cuadro fuera un encargo del Gobierno del año 1935 y no del 1937.

Sin embargo, la cronología de los acontecimientos no parece encajar con tales afirmaciones.

Por tanto, ¿hasta dónde podemos conspirar con el cuadro de Picasso?

La obra del malagueño ha sido empleada constantemente de la forma más miserable en que puede ser tratada una obra de arte: superponiendo los intereses políticos al propio valor artístico.

Ello, sumado a la carga emocional que encierra el asunto a ojos de la mayoría, ha dificultado enormemente la búsqueda de una interpretación canónica alineada con los verdaderos propósitos que tenía el pintor.

Por tanto, ante tal complicación, la mejor respuesta es la remisión a los hechos probados, aquellos que no pueden ser negados de ningún modo.

En relación con estos, Picasso se trasladó definitivamente a Francia en 1904, sin embargo, sabemos que tuvo conocimiento de la noticia del bombardeo de Guernica muy posiblemente a través de la prensa internacional.

También es conocido que la obra de Picasso fue un encargo del Gobierno por una contraprestación de 200.000 marcos franceses de la época; unos 11.300.000 euros de hoy.

El encargo se produjo en enero de 1937, tres meses antes de que tuviera lugar el bombardeo de la localidad que supuestamente representa, tal y como se puede apreciar en un monográfico del Guernica elaborado por el Museo Reina Sofía, donde se encuentra actualmente expuesta la obra.

Además, el Reina Sofía también ha reconocido que los bocetos como la obra acabada «no contienen ninguna alusión a sucesos concretos, sino que, por el contrario, constituyen un alegato genérico contra la barbarie y el terror de la guerra»74.

Por otra parte, sí parece existir una cierta preponderancia de elementos taurinos en el lienzo.

Esto ha llevado a un cierto sector doctrinal a considerar que, lejos de ser una alegoría a la guerra, el Guernica fue un homenaje al difunto torero Ignacio Sánchez Mejías, amigo personal de Picasso.

Sea o no cierta esta interpretación, el mayor problema que han tenido sus defensores ha sido la obtención de pruebas que la pudieran sostener.

Bien es cierto que Picasso fue un apasionado de los toros, como también es verdad que el pintor conocía y admiraba al torero.

Ahora bien, lo que no se ha podido acreditar con exactitud es que la razón de ser por la que Picasso pintó su cuadro fuera homenajear a su amigo.

Lo que sí resulta altamente probable es que el significado del Guernica mutara, quizá voluntariamente, debido a los sucesos del 26 de abril de 1937.

Esta idea se apoya en un hecho muy fácil de entender: si los republicanos le encargaron a Picasso el cuadro en enero de 1937, el encargo tuvo lugar antes del bombardeo.

A partir de aquí se abren varios caminos.

Es posible que, como bien señala el Reina Sofía, el Gobierno del Frente Popular tuviera en mente que el cuadro de Picasso sirviera como una represión genérica de los desastres de la guerra.

Por el contrario, es también probable que el Gobierno dejara absoluta libertad creativa al autor sin orientar las pautas de la temática, de modo que fuera Picasso el que aprovechara la ocasión para exponer en París un cuadro dedicado a la memoria de su amigo.

Este último argumento podría explicar la ausencia de aviones, bombas o, tan siquiera, la más mínima referencia a la villa vasca.

Sea como fuere, todas las posibilidades convergen únicamente a dos alternativas: que el autor intentara reflejar los horrores del bombardeo de Guernica o que, por el contrario, aquello que aparece representado sea otra cosa distinta.

Cada una de estas posibilidades despeja algunas incógnitas al mismo tiempo que abre otras nuevas.

Por eso mismo es interesante fijarse en aquello que ninguna de estas versiones puede contradecir.

Tanto si Picasso intentó alguna vez representar los sucesos del bombardeo de Guernica como si no lo pretendió jamás, lo que resulta objetivamente indiscutible es que: (i) el cuadro no nació de la voluntad del artista, sino de un encargo de los frentepopulistas;

(ii) tal encargo se produjo en enero de 1937, tres meses antes del bombardeo de Guernica; (iii) para ejecutarlo, el Gobierno republicano gastó una suma millonaria de dinero público en un contexto de guerra, donde la propaganda es más necesaria que nunca;

(iv) en el lienzo no aparece una sola referencia a la localidad de Guernica ni al bombardeo; (v) una vez terminado, el uso que se le dio no fue cultural, sino propagandístico.

A partir de ahí, dejo el resto de las conclusiones a la libre interpretación del lector.

En resumidas cuentas, esto fue lo sucedido en Guernica.

La villa no era una población inerme ni de retaguardia, sino un objetivo militar estratégico que albergaba fábricas de armamento y el puente de Rentería, clave para la retirada de las tropas republicanas.

Lejos de la grotesca caricatura que se ha intentado dibujar, el ataque no respondió a una inhumana voluntad de exterminio sistemático, sino a la lógica de las operaciones bélicas de la Guerra Civil.

Fue un bombardeo más de los muchos producidos por ambos bandos durante el transcurso de la Guerra Civil española; un bombardeo más, pero con una diferencia sustancial.

La singularidad de Guernica no radica tanto en la naturaleza del ataque, sino en el mito universal construido a posteriori, alimentado por una hiperbólica cobertura mediática internacional y la icónica obra de Picasso.

Una exageración que olvida que la verdadera dignidad de las víctimas no se preserva mediante la distorsión de los datos o la instrumentalización del pasado, sino a través de una imagen basada en el rigor de los hechos.

El recuerdo y la condena a los que de verdad cayeron es un ejercicio de justicia.

Mantener un relato basado en falsedades es un ejercicio de ideología.

Por eso, la historia debe ser un refugio para la verdad, no un instrumento para el mito.