La historia de la Guerra Civil que no te cuentan IV GUERNICA Y CABRA,
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IV GUERNICA Y CABRA,

LO QUE NO NOS CONTARON

DE LA GUERRA CIVIL

No fue una guerra, fue un golpe de Estado […] Fue un exterminio de personas de izquierdas y de las personas demócratas. El problema de «Guerra Civil» es que da la impresión de que hay dos Españas.

Ione Belarra, diputada de Unidas Podemos

30 de enero de 2026

El estado natural del hombre no es la paz, sino la guerra.

Ni siquiera ese oasis de libertades que prometía ser el mundo occidental del siglo XXI ha conseguido escapar de esta ley de vida.

La paz y la concordia son meros constructos sociales diseñados para hacernos creer que la bondad es un don concedido a unos cuantos afortunados.

La realidad es, sin embargo, más compleja que cualquier relato artificial que pretenda interpretarla.

Identificar «buenos y malos» en una guerra posee el mismo sentido que intentar encontrar héroes y villanos en una partida de ajedrez.

Existirán ―y existen― hábiles ajedrecistas, otros tantos mediocres y, solo unos pocos, serán llamados a convertirse en leyendas.

Sin embargo, todos persiguen el mismo objetivo.

Existirán ―y existen― grandes ajedrecistas que sean pésimas personas y grandes personas que sean pésimos ajedrecistas. ¿Quiénes son los buenos y los malos?

El discurso maniqueo que pretende asociar el bien canónico y originario con un bando es el mayor gesto de ingenuidad que una persona puede manifestar, pues peca de olvidar que la guerra no es más que el inevitable destino que aguarda a quienes luchan por aquello que consideran una causa justa.

La guerra es el punto de encuentro de la disidencia; es el espacio que comparten quienes están dispuestos a dar la vida por ideas contrapuestas.

La guerra es la madre de todas las contradicciones.

Por eso, en cualquier guerra, encontraremos personas honradas luchando por causas injustas y causas justas defendidas por personas miserables.

¿Dónde están ahí los buenos y los malos?

Los historiadores han de evitar la tentación de ponerse la toga de la Justicia Moral.

La historia debe estudiar e identificar los motivos, el origen y las causas del conflicto; los juicios valorativos sobre la legitimidad son el resultado de la ética que cada cual profese.

La Guerra Civil española es un buen ejemplo de lo que sucede cuando la historia se convierte en propaganda y los historiadores en sus mercenarios.

La historiografía moderna pretende que asumamos que la Guerra Civil española es el resultado soñado por unos trasnochados golpistas que de la noche a la mañana pretendieron acabar con un régimen perfectamente libre y democrático.

Implantar esta idea en toda una sociedad no ha sido para ellos un trabajo sencillo; solo se consigue con la concatenación de una serie de manipulaciones cuyo éxito se explica a través de dos estrategias: la mentira y la ocultación.

No hace falta ser historiador, ni experto en ciencias políticas o en sociología para percatarse de la voluntad que muchos, durante mucho tiempo, han tenido de hacernos llegar una única versión.

Basta con hacerse un par de preguntas: si la Segunda República fue democrática, la Guerra Civil un exterminio contra los demócratas y el franquismo un régimen tiránico, ¿por qué se han destinado millones de euros de dinero público a intentarnos trasladar lo contrario?

Si la premisa de la que se parte es que cualquier persona con un mínimo de humanidad podría detectar por sí misma la versión que se nos ha transmitido sobre la Guerra Civil, ¿por qué el aparato del Estado ha desplegado todas sus fuerzas para evitar que alguien sienta lo contrario?

¿A qué le temen? Este capítulo no pretende convertirse en una crónica completa de la Guerra Civil, sino en un recordatorio de aquellos episodios que han sido borrados de la historia con la única finalidad de enaltecer un relato que pone la mentira al servicio de la política.