LOS ÚLTIMOS MESES DE JOSÉ ANTONIO
José Antonio fue detenido en su domicilio acusado por tenencia ilícita de armas.
Desde allí fue trasladado a la Dirección General de Seguridad (DGS).
A partir de ese momento se iniciaron contra él tres procedimientos judiciales y uno adicional contra la Junta Política de Falange en el que también estuvo procesado por ser el jefe.
El primero de los tres juicios iniciados contra la persona de José Antonio tenía como objeto la vulneración de la Ley de Imprenta al haber difundido desde el calabozo de la DGS un texto llamado «La voz del Jefe desde el calabozo»53.
El tribunal de primera instancia condenó a José Antonio a dos meses de prisión, sin embargo, la sentencia fue revocada por el Tribunal Supremo el 19 de mayo.
El segundo procedimiento fue iniciado por las presuntas injurias que José Antonio profirió contra el director de la DGS que le había interrogado, José Alonso Mallol.
No obstante, el Tribunal Supremo daba la razón una vez más a José Antonio anulando la condena el mismo día 19 de mayo.
El siguiente proceso iniciado fue aquel que afectaba a toda la Junta Política de Falange.
En este, los imputados quedaron absueltos al considerar que tanto los estatutos como los veintisiete puntos de Falange eran perfectamente legales.
Hasta ahora, José Antonio había ganado tres de los cuatro procesos judiciales en los que se había visto involucrado, pero todavía quedaba un cuarto juicio que fue celebrado el 28 de mayo.
En esta vertiginosa y dramática gira de tribunales, abogados y procuradores, cabe destacar un detalle por el que muchos suelen pasar por alto.
El día en el que José Antonio fue detenido, el 14 de marzo de 1936, ingresó directamente en la Cárcel Modelo de Madrid.
Desde ese mismo día hasta el 19 de mayo se le absolvió de todos los procesos en los que estuvo implicado.
Esto quiere decir que, con el tenor literal de la ley, José Antonio fue inocente, como mínimo, hasta el 19 de mayo.
Pues bien, a pesar de ello, desde el mismo día en el que entró en prisión hasta la fecha en el que el Tribunal Supremo le dio la razón dos veces, José Antonio estuvo en prisión sin poder pisar la calle en libertad.
El Gobierno del Frente Popular había tenido secuestrado entre rejas durante más de dos meses a un inocente.
La cosa cambiaría por completo a raíz del cuarto procedimiento cuyo juicio oral comenzó el 28 de mayo.
En este caso, se acusaba a José Antonio de tenencia ilícita de armas.
El tribunal terminó dictando su culpabilidad y le condenó a cinco meses de prisión.
El relato oficial cuenta que, al momento de conocer el fallo, José Antonio perdió los nervios y comenzó a proferir una retahíla de insultos e improperios contra los jueces que componían la sala,
motivo por el cual se inició un quinto procedimiento contra él por desacato a la autoridad que agravaría su pena a cinco años de prisión.
Hasta ahora, durante todo este tiempo, José Antonio había permanecido entre los barrotes de la cárcel madrileña.
Sin embargo, ante el temor de que pudiera orquestar una rebelión desde Madrid, fue trasladado a la Prisión Provisional de Alicante, conocida como «La Florida», en la madrugada del 5 al 6 de junio.
Allí permanecería durante los últimos meses de su vida.
Durante el alzamiento del mes de julio, José Antonio seguía preso en Alicante.
Esto ha hecho que aún hoy persista el debate sobre si José Antonio ordenó de manera directa que la Falange secundara el levantamiento militar contra el Frente Popular.
Desde luego, existen documentos y argumentos que ayudan a sostener cada una de las dos versiones.
Esto ya nos habla del carácter aparentemente contradictorio que presenta la opinión de José Antonio con respecto al alzamiento.
Si sus órdenes hubieran sido claras e inequívocas desde el inicio, hoy no nos estaríamos haciendo esta pregunta.
El mero hecho de su existencia ha provocado que la versión más extendida de quienes se han atrevido a sostener que José Antonio apoyó el alzamiento, pase por reconocer que su decisión fue tomada después de atravesar un «mar de dudas» que le llevó a pensar que la sublevación sería una mera
«intervención quirúrgica», sin prever que derivaría en una cruenta guerra civil.
Por tanto, a sabiendas de la dificultad que plantea esta discusión, lo más acertado es, en todo caso, analizar y estudiar los argumentos más recurridos para sostener cada una de las dos opiniones contrapuestas.
Quienes defienden que el Jefe de Falange apoyó el alzamiento militar suelen acudir a una carta del 17 de julio que, presuntamente, José Antonio envió al general Mola desde la cárcel de Alicante.
En esa circular, llamada Carta a los militares, se hacía un llamamiento tácito a la rebelión con las siguientes palabras: «España puede dejar de existir. Sencillamente: si por una adhesión a lo formulario del deber permanecéis neutrales en el pugilato de estas horas,
podréis encontraros de la noche a la mañana con que lo sustantivo, lo permanente de España que servíais, ha desaparecido»54.
El problema reside en que este escrito nunca ha sido hallado.
No solo eso, su autenticidad fue negada por las altas esferas de la Falange de aquel momento e incluso por el recopilador de las Obras completas de José Antonio Primo de Rivera.
Su autoría ha sido hasta tal punto cuestionada que, incluso parte de los historiadores que se han empeñado en vincular a José Antonio con la sublevación, se han visto forzados a recurrir a otros documentos.
Por eso, el argumento principal de estos historiadores ha pivotado más bien sobre otra circular supuestamente enviada por José Antonio casi tres semanas antes de la apócrifa «Carta a los militares».
En este otro texto, con fecha del 29 de junio, el líder de Falange da a entender sin ningún ápice de duda que Falange debe involucrarse en el movimiento militar.
Lo deja claro con la siguiente afirmación: «La Falange intervendrá formando sus unidades propias con sus mandos naturales y sus distintivos de siempre»55.
El problema, en esta ocasión, es que este texto es absolutamente contradictorio con la opinión que el mismo José Antonio manifestó cinco días antes en una carta del 24 de junio en la que no solo desincentivaba la participación de Falange en la sublevación,
sino que ordenaba taxativamente al resto de altos cargos de Falange que hicieran lo mismo:
Ha llegado a conocimiento del Jefe Nacional la pluralidad de maquinaciones en favor de más o menos confusos movimientos subversivos que están desarrollándose en diversas provincias de España…
Todo Jefe de Falange a quien un elemento militar o civil invite a tomar parte en conspiración, levantamiento o cosa análoga, se limitará a responder: Que no puede tomar parte en nada, ni permitir que sus camaradas la tomen56.
Esto ha dado pie a una pregunta evidente.
Si los dos documentos son verdaderos y proceden ambos del propio José Antonio, ¿cómo es posible que su opinión cambiara drásticamente en cuestión de cinco días?
No es este el único problema que existe.
La circular del 29 de junio ―en la que se dan órdenes para participar en la sublevación― ha sido objeto de debate por multitud de historiadores.
El estilo que de ella se deduce ni siquiera parece haber salido del puño y letra del propio José Antonio; pareciera más bien una falsificación.
Esto es lo que ha hecho que múltiples historiadores, biógrafos e incluso conocidos de José Antonio dudaran de su autenticidad.
Caferino Maestú (1920-2016), periodista de la llamada «Prensa del Movimiento» durante el franquismo, opinó en una entrevista concedida para elmunicipio.es un año antes de fallecer: «José Antonio no participó en la preparación de la sublevación militar […
] Raimundo Fernández Cuesta fue partidario de la alianza con Gil Robles y, entre unos y otros engañaron a los falangistas, cara a la guerra civil, sin contar que su Jefe Nacional se había decantado al posible acuerdo con Prieto y con Pestaña, con gentes de izquierda como Durruti, Óscar Pérez Solís,
Manuel Mateo, Orellana, etc.»57.
En la misma línea se mueven otros autores que conocieron en vida a José Antonio, como Maximiliano García Venero (1907-1975) o Mercedes Fórmica (1913-2002).
Todos ellos han dudado de la autoría de la circular del 29 de junio.
Quizá, el que más claro lo dejó fue Josele Sánchez en una carta abierta dirigida a José María García de Tuñón Aza a través de la Fundación José Antonio Primo de Rivera:
por si faltara algún elemento para dar mayor intriga y controversia a todo este asunto, aparece otra circular firmada por José Antonio y cifrada el 29 de junio de 1.936, cinco días después de la anterior,
en la que el Jefe Nacional de Falange dice todo lo contrario a su anterior misiva y da órdenes concretas a sus militantes de cómo participar en el movimiento militar.
Esta última prueba está tan mal elaborada, su estilo coincide tan poco con el utilizado por José Antonio que, a simple vista, cualquiera podría deducir que se trata de una falsificación y que jamás fue redactada ni firmada por José Antonio58.
Probablemente será difícil llegar a esclarecer algún día la veracidad de estos documentos.
Sin embargo, ha de subrayarse un dato importante.
De los tres textos en relación con el alzamiento que han sido atribuidos a José Antonio, solo dos de ellos han visto su veracidad cuestionada.
Se trata de las dos circulares en las que, supuestamente, José Antonio da órdenes para apoyar el alzamiento.
Dicho de otra forma, en este debate lo único sobre lo que se duda es que José Antonio llegara alguna vez a apoyar la sublevación.
Lo que parece absolutamente incontrovertido es que el día 24 de junio emitió una carta, cuya autoría no ha sido cuestionada, alentando a los líderes de Falange a desincentivar la participación de sus militantes en el levantamiento militar.
Además, no son los textos contradictorios los únicos que nos invitan a dudar sobre el supuesto apoyo de José Antonio para con el alzamiento.
Existen otros tantos motivos que pueden llevarnos al mismo resultado.