La historia de la Guerra Civil que no te cuentan ¿QUIÉN FUE JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA? #6
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¿QUIÉN FUE JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA? #6

A todos ellos tuvo que hacer frente Falange Española de las J.O.N.S. al presentarse de manera separada.

Según los resultados oficiales, obtuvieron únicamente 44.000 votos en toda España, un 0,7 % de los votos totales, sin conseguir representación parlamentaria.

Habían fracasado en estos comicios. Ni siquiera José Antonio pudo revalidar su escaño en Cádiz.

Falange era todavía un partido minoritario en la España de 1936.

Sin embargo, la proclamación del Frente Popular como vencedor de estas elecciones ―cuyo carácter fraudulento es cada vez menos discutido por los historiadores― provocó un efecto rebote.

En buena parte de los votantes de la derecha se produjo un acercamiento a Falange por considerarles la única alternativa viable para plantar cara a las milicias socialistas.

Esto aumentó significativamente el número de altas de afiliados al mismo tiempo que ayudó, parcialmente, a compensar el desánimo generalizado que cundió entre los falangistas tras los resultados de febrero del 36.

Lo que no sabían es que todo esto era solo el principio del fin.

Todo atisbo de violencia que Falange hubiera podido padecer años atrás, incluso cuando José Antonio se negó a emprender represalias ante sus agresores, se convirtió en algo absolutamente anecdótico en comparación con lo que les esperaría a partir de este momento.

Llegó el mes de marzo y, con él, un mes negro en la historia de Falange.

El 10 de marzo de 1936, en un clima de extrema tensión, los jóvenes Juan José Olano Orive, un sevillano de 18 años perteneciente al SEU de Derecho, y Enrique Bellsolell Castiñeira, madrileño de 17 años y miembro de los estudiantes Tradicionalistas,

fueron interceptados en la calle Alberto Aguilera de Madrid por un grupo de milicianos comunistas armados.

Estos últimos les exigieron su documentación y, al descubrir entre sus pertenencias recibos de las Juventudes de Acción Católica y del SEU, comenzaron a proferir insultos y a propinarles golpes y patadas.

La agresión escaló cuando uno de los asaltantes disparó a quemarropa de manera repentina, hiriendo de extrema gravedad a los dos estudiantes.

A pesar de su estado, lograron zafarse del grupo que los acosaba y huir del sitio, aunque se desplomaron unas calles más allá debido a la magnitud de sus lesiones.

Con el auxilio de varios transeúntes, Juan José fue trasladado a la casa de socorro de la Tenencia de Alcaldía y Enrique al sanatorio de Nuestra Señora de la Salud.

Juan José Olano falleció finalmente a las dos de la madrugada del día 11, después de recibir la Extremaunción y dedicar sus últimas palabras al perdón de sus verdugos, manifestando: «Muero por Dios y por España».

Enrique Bellsolell murió pocos días después, el 14 de marzo.

A partir de aquel momento, el Gobierno frentepopulista impuso una prohibición estricta sobre la celebración de entierros públicos o cualquier tipo de homenaje en su honor.

Esta medida restrictiva motivó que José Antonio expresara con indignación «no se puede ni llorar», añadiendo además una breve dedicatoria a la memoria de Juan José: «Hay que continuar en la lucha, que será el mejor homenaje que le podamos rendir a Juan José Olano».

Un día después de la muerte de Juan José Olano, ya el 12 de marzo a eso de las ocho de la mañana, el diputado socialista y catedrático de Derecho Penal, Luis Jiménez de Asúa, salía de su domicilio en la calle Goya de Madrid acompañado por un amigo y su escolta de veintiséis años,

el agente de vigilancia Jesús Gisbert Urreta.

Al atravesar el estrecho portal y observar a través de una mampara de cristal hacia el exterior, Asúa divisó un automóvil Chevrolet gris estacionado con cuatro individuos en su interior.

En el momento en que uno de ellos, ataviado con gabardina clara y sombrero verde, desenfundó un arma, el catedrático alertó desesperadamente a su protector exclamando: «¡Gisbert!, ¡Estos nos matan!»

. Tras salir a la calle, el diputado emprendió una carrera en zig-zag hacia la esquina de la calle Velázquez mientras desde el vehículo se efectuaban repetidos disparos con una pistola ametralladora.

Aunque Jiménez de Asúa logró doblar la esquina y ponerse a salvo para esperar a sus acompañantes, el agente Gisbert no consiguió salvarse.

El policía fue alcanzado por dos disparos que hicieron blanco en su cuerpo, provocando que se desplomara mortalmente herido sobre un charco de sangre en plena vía pública.

Por aquel entonces, la Falange de José Antonio no era la de antaño.

Ya no le temblaba el pulso para emprender las represalias que fueran necesarias en una España donde la violencia se había convertido en rutina y la concordia en excepción.

Esto es lo que ha llevado a muchos historiadores a considerar que el magnicidio no consumado contra el diputado socialista fue ejecutado por miembros de la Primera Línea de Falange.

Sin embargo, Falange jamás reconoció ese atentado, como sí había reconocido públicamente otros tantos que consideraron justas vendettas.

Aún hoy desconocemos a ciencia cierta la identidad de los asesinos de Gisbert.

Lo que sabemos con absoluta certeza es que el Gobierno frentepopulista inició, en aquel mismo instante, un proceso de busca y captura sin precedentes contra los miembros de Falange.

La sucesión de los acontecimientos en esa segunda semana de marzo de 1936 fue absolutamente dramática para José Antonio y los suyos.

El 12 de marzo el Gobierno suspendió por segunda vez ―y de forma definitiva en esta ocasión―, el semanario falangista.

La Policía detuvo en Madrid a la prima paterna de José Antonio, Dolores Primo de Rivera y Cobo de Guzmán, tras ser acusada de celebrar una reunión en su domicilio.

Un día después, el Gobierno del Frente Popular ordenó el encarcelamiento de la Junta Política de Falange Española de las J.O.N.S. En Alicante y Valladolid fueron detenidos numerosos falangistas.

Finalmente, el 14 de marzo, José Antonio Primo de Rivera y casi toda la Junta Política de la Falange fueron encarcelados y acusados de asociación ilícita.

Se calcula que en este período fueron arrestados entre mil y dos mil falangistas.

Solo había transcurrido un mes de la fraudulenta victoria del Frente Popular para que Falange fuera jurídicamente ilegalizada y materialmente disuelta a través de las detenciones masivas de sus militantes.

A partir de ahora, el movimiento sería organizado en la clandestinidad por el hermano de José Antonio, Fernando Primo de Rivera.

Así fue como el proyecto político que un día soñó José Antonio parecía esfumarse ante unos ojos que miraban con la impotencia de quien padece una injusticia y sabe que nada puede hacer para revertirla.

José Antonio no volvió a pisar la calle en libertad.