¿QUIÉN FUE JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA? #5
Este era un exmilitar que rehusó prestar sus servicios para el régimen republicano y que, tras el asesinato del falangista Matías Montero en febrero de 1934, llevó a cabo la creación de una milicia conocida como «Primera Línea»,
compuesta mayoritariamente por jóvenes de entre dieciocho y veinte años.
El objetivo era claro: ante un contexto de creciente violencia entre falangistas y socialistas, Falange necesitaba garantizar su propia supervivencia.
Quienes aportarían ese carácter físico y paramilitar, eran los miembros de la Primera Línea de Ansaldo.
Poco a poco se iban creando dos sectores dentro de Falange; casi dos almas cuya convivencia no tardaría mucho tiempo en hacerse inviable.
Por otro lado, el mes de febrero de 1934 no solo fue relevante para la evolución del músculo de Falange.
Desde la perspectiva político-estratégica, José Antonio buscó unir su movimiento a las J.O.N.S. de Ramiro Ledesma Ramos, cuya popularidad descansaba principalmente entre jóvenes universitarios.
El líder de las J.O.N.S., pese a su reticencia inicial por considerar a Falange un proyecto menos revolucionario y antiburgués de lo que lo fue el suyo, terminó aceptando la propuesta.
Acababa de nacer la Falange Española de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (FE de las J.O.N.S.).
Tras la fusión, la Falange de José Antonio acogió tanto el nacionalsindicalismo de Ledesma Ramos como algunos símbolos de las J.O.N.S., tales como la bandera rojinegra e incluso algunos de sus lemas.
Al frente de la dirección de esta nueva organización se estableció el famoso triunvirato compuesto por José Antonio Primo de Rivera, Julio Ruiz de Alda y Ramiro Ledesma Ramos.
Sin embargo, en muy poco tiempo se produjo una intensa pugna entre José Antonio y Ledesma Ramos de la que todavía hoy se debate por sus orígenes.
Parece que a Ramiro, hijo de un maestro de escuela de la Zamora rural, nunca le terminó de agradar demasiado la imagen de «señorito aristócrata» que le transmitía José Antonio.
Para el líder de las J.O.N.S., José Antonio seguía siendo un burgués conservador monárquico que no había asumido las tesis del nacionalsindicalismo revolucionario.
También se ha llegado a decir de esta rivalidad que las discrepancias teológicas entre José Antonio y Ledesma Ramos fueron más relevantes de lo que parecían a priori.
Para el primero, la fe católica era un elemento fundamental; buena parte del humanista que llegó a ser José Antonio se explica principalmente a través de su profunda adhesión a los valores cristianos.
Sobre la fe del zamorano se ha debatido largo y tendido.
Lo que parece más factible es que fuera agnóstico o directamente ateo.
Estas disputas se vieron agravadas tras lo sucedido a partir del 4 de octubre de 1934.
Ese día, además del golpe de Estado del PSOE en Asturias, se produjo una asamblea interna de la FE de las J.O.N.S. en Madrid a través de la cual José Antonio salió elegido como jefe nacional de Falange.
Ese día se aprobaron las bases programáticas y José Antonio propuso una estructura organizativa jerárquica y centralizada de la que su amigo Raimundo Fernández-Cuesta sería secretario general.
En esta reorganización, tanto Ramiro como muchos otros jonsistas que se habían integrado en Falange, quedaron relegados a un segundo plano.
Se trataba del comienzo de una auténtica guerra fría que estallaría finalmente a partir de enero de 1935.
Ese fue el momento en el que, tanto Ledesma Ramos como sus seguidores más leales, abandonaron Falange con la intención de refundar las J.O.N.S. Para lograrlo, Ledesma Ramos publicó varios textos enormemente críticos con la dirección de José Antonio.
A través de ellos, le acusaba de seguir siendo una suerte de conservador monárquico encubierto en un falso revolucionarismo.
Sin embargo, los esfuerzos de Ramiro Ledesma Ramos por intentar refundar su movimiento terminaron siendo en vano.
No contaba con una base de militantes lo suficientemente sólida puesto que parte de ellos habían decidido quedarse en Falange.
El caso más paradigmático fue el del sector vallisoletano encabezado por Onésimo Redondo que, si bien había entrado a Falange de la mano de las J.O.N.S. de Ramiro, tras el abandono de este último decidieron quedarse en Falange.
Sin embargo, este no fue el único dilema político en el que se vio envuelto José Antonio en aquel momento.
Pese a las críticas de Ledesma y los suyos, que seguían viendo en José Antonio un reaccionario monárquico, lo cierto es que por aquella época José Antonio acababa de romper el último lazo de afinidad que pudo mantener con el sector conservador más cercano a la monarquía.
En 1934 José Calvo Sotelo regresó a España de su exilio tras haber sido ministro de Miguel Primo de Rivera.
Para José Antonio, Calvo Sotelo fue un desertor que traicionó a su padre en la última etapa de su vida.
Ello, sumado al paulatino descontento de José Antonio con las derechas en España, hizo que, cuando Calvo Sotelo se afilió a Renovación Española y propuso para diciembre de 1934 la creación de un Bloque Nacional para unir a las derechas antirrepublicanas,
José Antonio decidiera no inscribir a Falange.
En aquel momento los sectores conservadores que habían accedido a financiar a Falange años atrás retiraron su patrocinio.
Entre ellos se encuentra el caso del marqués de Eliseda, uno de los principales mecenas de Falange en el pasado que ahora abandonaba el partido acusando a José Antonio de alejarse del proyecto regeneracionista.
La ruptura con los monárquicos era ya definitiva a finales de 1934.
En Renovación Española la no inscripción de Falange en el Bloque Nacional antirrepublicano no fue bien recibida.
Sin embargo, la decisión de José Antonio no solo tuvo repercusiones externas, sino que agitó el avispero de esas dos almas de Falange que cada vez empezaban a distanciarse más.
La «Falange intelectual» de los más fieles a José Antonio cada vez estaba más alejada de la «Falange activista-militarizada» de quienes, como Ansaldo, querían hacer de Falange un instrumento para pararle los pies de forma violenta a una izquierda cada vez más bolchevizada, radical y beligerante.
Por eso cuando José Antonio renunció a sumar las fuerzas de Falange a las del Bloque Nacional, Juan Antonio Ansaldo y Renovación Española planearon una rebelión interna para apartar a José Antonio de la dirección de Falange.
Algunos testimonios afirman que incluso se llegó a plantear su asesinato.
No obstante, los círculos más cercanos a José Antonio se percataron rápidamente de la rebelión y tanto Ansaldo como sus seguidores terminaron muy pronto expulsados del partido.
La crisis interna por la que pasaba una vez más la Falange de José Antonio requería una reorganización de la disciplina interna de su movimiento.
Fue a partir de este momento cuando el sindicato fundado por falangistas en noviembre de 1933, el Sindicato Español Universitario (SEU), empezó a adquirir un mayor protagonismo.
Con estos acontecimientos como precedente, Falange tenía que prepararse para las próximas elecciones de febrero de 1936.
Para ello, José Antonio presenta un programa conocido como los «veintisiete puntos de Falange».
En ellos se proponía un estado fuerte y centralizado con un marcado intervencionismo en la economía; la organización del sistema financiero y los servicios públicos en una estructura de sindicalización vertical que pretendía superar tanto el capitalismo como la lucha de clases;
un sistema de representación política cuya piedra angular no dependiera de los variables caprichos de los partidos políticos, sino de las indivisibles unidades de todo ser humano, tales como la familia, el municipio o la corporación, entendida esta última no como una lucha de clases,
sino como una colaboración entre empresarios, obreros y campesinos.
Con respecto al ámbito de la religión, se pretendía establecer un estado no subordinado a la Iglesia pero que, al mismo tiempo, asumiera la inspiración católica en su actuación política como parte de una reconstrucción moral y espiritual de la nación.
Todos estos puntos formaban parte de la soñada revolución nacional a la que aspiraban los falangistas.
Esta reformulación de los postulados de Falange logró que, para principios de 1936, el proyecto de José Antonio contara con 10.000 afiliados.
Ni siquiera así lograron alcanzar la solvencia económica a la que aspiraban pero, pese a ello, decidieron presentarse en solitario para las elecciones de febrero de 1936.
Fueron unas elecciones complejas tanto en lo político como en lo social.
La sociedad española arrastraba el rumor de un colapso inminente que se venía fraguando desde hacía varios años ya.
Falange, en concreto, había sido primero víctima y después partícipe de la violencia que tenía sumida a toda España durante la Segunda República.
En lo político, izquierdas y derechas sabían que las elecciones del 36 no eran unas elecciones más.
Había tanto en juego que en ambos lados del espectro ideológico decidieron dejar sus diferencias a un lado para presentarse en sus respectivos bloques.
Por la derecha estaba el Frente Nacional Contrarrevolucionario que representaba una coalición de la CEDA, Renovación Española, la Comunión Tradicionalista, el Partido Agrario Español y el Partido Nacionalista Español.
En varias circunscripciones se presentaron, además, con las candidaturas del Partido Republicano Conservador, el Partido Republicano Radical, el Partido Liberal Demócrata o el Partido del Centro Democrático.
De una forma amplia se agrupaban partidos conservadores, monárquicos, tradicionalistas e incluso republicanos, todos con la intención de frenar la creciente radicalización que presentaba buena parte de la izquierda en España.
Por el otro lado se encontraba el Frente Popular, que reunía entre sus principales componentes al Partido Socialista Obrero Español, Izquierda Republicana, Unión Republicana, Esquerra Republicana de Catalunya, el Partido Comunista de España,
el Partido Obrero de Unificación Marxista y el Partido Sindicalista.