¿QUIÉN FUE JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA? #3
A raíz de este episodio José Antonio mantuvo una fuerte polémica mediática a través de la prensa con Juan Ignacio Luca de Tena, director del periódico monárquico ABC.
Fue este un primer paso ―aunque no definitivo― en la ruptura de José Antonio con los postulados del conservadurismo monárquico.
Se trataba de una discusión puramente ideológica en la que el foco estaba puesto en la viabilidad de aplicar las tesis del fascismo italiano en España.
Para José Antonio, el diario de Luca de Tena había ninguneado las ideas de quienes criticaban a la democracia liberal desde una óptica distinta a la de los conservadores monárquicos.
Así se lo hizo saber en una carta dirigida a Luca de Tena a través del propio ABC el 22 de marzo de 1933:
Sabes bien, contra los rumores circulados estos días, que no aspiro a una plaza en la jefatura del fascio que asoma.
Mi vocación de estudiante es de las que peor se compaginan con las de caudillo.
Pero como a estudiante que ha dedicado algunas horas a meditar el fenómeno, me duele que ABC ―tu admirable diario― despache su preocupación por el fascismo con solo unas frases desabridas, en las que parece entenderlo de manera superficial.
Pido un asilo en las columnas del propio ABC para intentar algunas precisiones.
Porque, justamente, lo que menos importa en el movimiento que ahora anuncia en Europa su pleamar es la táctica de fuerza (meramente adjetiva, circunstancial acaso, en algunos países innecesaria); mientras que merece más penetrante estudio el profundo pensamiento que lo informa.
El fascismo no es una táctica ―la violencia―.
Es una idea ―la unidad―. Frente al marxismo, que afirma como dogma la lucha de clases, y frente al liberalismo, que exige como mecánica la lucha de partidos, el fascismo sostiene que hay algo sobre los partidos y sobre las clases, algo de naturaleza permanente, trascendente, suprema:
la unidad histórica llamada Patria.
La Patria, que no es meramente el territorio donde se despedazan ―aunque solo sea con las armas de la injuria― varios partidos rivales ganosos todos del Poder.
Ni el campo indiferente en que se desarrolla la eterna pugna entre la burguesía, que trata de explotar a un proletariado, y un proletariado, que trata de tiranizar a una burguesía.
Sino la unidad entrañable de todos al servicio de una misión histórica, de un supremo destino común, que asigna a cada cual su tarea, sus derechos y sus sacrificios47.
Esta evolución doctrinal en la obra de José Antonio le llevó a fundar en el verano de 1933, junto con el aviador Julio Ruiz de Alda, el precedente directo de Falange Española: el Movimiento Español Sindicalista (MES).
Se trataba de una plataforma cuyo ideario giraba alrededor de la unidad indiscutible de la patria, los valores de la justicia social, el rechazo al parlamentarismo, una concepción jerárquica del poder y la apuesta por la revolución sindical.
Todo ello con un pronunciado carácter católico, aunque admitiendo siempre la separación entre Iglesia y Estado.
La incipiente formación fue capaz de llamar la atención de un electorado que confluía en el MES a través de dos cauces: el de los jóvenes estudiantes que simpatizaban con la obra de Ortega y Gasset ―los orteguianos― y el sector conservador cada vez más descontento con el rumbo de los monárquicos en
España.
No obstante, el MES gozaría de independencia funcional durante muy poco tiempo pues, meses después de su fundación, el 29 de octubre de 1933, se vio absorbido por el nuevo proyecto político que José Antonio Primo de Rivera presentó en el Teatro de la Comedia, en Madrid: Falange Española.
La presentación oficial de Falange Española se produjo pocos días después de que José Antonio se entrevistara en Roma con Mussolini.
Las opiniones que han surgido sobre la impresión que se transmitieron mutuamente después de haberse reunido son contradictorias.
Bien es cierto que José Antonio escribió el prólogo de la traducción al castellano de la obra de Mussolini hablando de él como un patriarca que garantizaba la seguridad de sus gobernados observándolos impasible desde su balcón.
Ahora bien, es cierto también que no fue José Antonio el único ni el primero en España que se vio seducido por la Italia del Duce.
Mussolini había conseguido establecer una propuesta alternativa de superación al capitalismo que, durante los años treinta, se tradujo en un saneamiento indiscutible de la economía italiana.
Esto llevó a que algunos diarios españoles de izquierdas llegaran a elogiar las políticas del Duce.
Ya en octubre de 1922, finalizada la marcha sobre Roma que había llevado a Mussolini al poder, el diario El Sol ―para el que escribía asiduamente Manuel Azaña― afirmó que «Mussolini está dando un ejemplo del arte de gobernar a todos los estadistas»48.
En 1925, tras los primeros años del mandato del Duce, el periódico de corte obrerista La Libertad llegó a decir: «No olviden los españoles que Italia es actualmente un semillero de posibilidades, así que contemplémosla desde esta España precaótica»49.
Como puede comprobar, los primeros que vieron a un referente en la figura de Mussolini fueron ciertos sectores de la izquierda que ansiaban con todas sus fuerzas superar el capitalismo a través de un sistema económico alternativo.
Esa superación la vieron reflejada en los primeros años de mandato del Duce.
Sin embargo, circula también otra versión en relación con la reunión que mantuvo José Antonio con el líder italiano.
Mussolini, un hombre firme y recto cuya trayectoria bebía de un pasado de militancia en el Partido Socialista Italiano, vio en José Antonio un perfil demasiado aburguesado para el arquetipo de líder que él representaba.
No es de extrañar que este prejuicio le generara a Mussolini un rechazo inicial del que José Antonio se pudiera percatar.
Tal vez por eso la admiración que José Antonio le profesaba a Mussolini se vio mermada a raíz del trato que este le dio en Roma.
Se ha descrito la reunión que ambos tuvieron como un encuentro con el tiempo justo para tomar un café en el que intercambiaron unas cuantas frases intrascendentes que no sirvieron para intimar lo más mínimo.
Del encuentro, José Antonio recibiría un retrato firmado por Mussolini y una relación que no se retomaría después, pues nunca más se volvieron a ver.
Tras el regreso de José Antonio a España, le aguardaba la dirección de un proyecto político que estaba a punto de ver la luz.
José Antonio tenía sus objetivos claros con Falange Española: dotarse de una sólida estructura, mayor proyección política y la máxima visibilidad pública a la que pudieran aspirar.
En un primer momento, lograron su propósito.
Para las elecciones de noviembre de 1933, José Antonio se presentó por Falange en una candidatura integrada en las listas de la organización monárquica y conservadora Unión Agraria y Ciudadana (UAC).
El apoyo que le proporcionaron a esta lista intelectuales como Ramón de Carranza o José María Pemán, sumado a la popularidad de su figura en la provincia de Cádiz, hicieron que en esas elecciones José Antonio obtuviera un escaño en el Congreso.
Sin embargo, el comienzo de su etapa como diputado no logró solventar las dificultades por las que todavía atravesaba Falange.
Por aquel entonces, Falange Española era un partido minoritario con amplios problemas de solvencia económica.
Su estructura de militantes era todavía muy reducida y en el panorama político nacional no destacó por encima de otros grupos conservadores, que seguían siendo muy populares entre una mayoría de ciudadanos reticentes a las políticas del anterior Gobierno de Azaña.
Tales dificultades económicas se vieron parcialmente sufragadas por las aportaciones que realizaban al partido los dos únicos diputados de Falange: José Antonio Primo de Rivera y Francisco Moreno y Herrera.
Por desgracia para ellos, las contribuciones que ambos hacían desde su respectivo escaño no eran suficientes.
Esa precariedad fue la que llevó a José Antonio a buscar financiación de otros grupos monárquicos que, por el momento, no le habían dado la espalda a Falange.
Movido por este propósito, a José Antonio le pareció buena idea acercarse a Antonio Goicoechea, líder de Renovación Española.
Lo que no sabía es que, al hacerlo, le acabaría vendiendo su alma al demonio.
Ambos se reunieron para celebrar, con suma discreción, el llamado «Pacto de El Escorial».
A través del mismo, el líder de Renovación Española se comprometía a ayudar económicamente a Falange.
A cambio, Goicoechea, que vio el potencial liderazgo de José Antonio, le pidió a este que Falange se alejara de la escena política para ejercer labores más propias de un sindicato que de un partido político.
El proyecto que José Antonio había soñado algún día acababa de perder por completo el horizonte de sus aspiraciones.
En concreto, Antonio Goicoechea pidió que Falange se alejara de la CEDA para actuar como un grupo de choque frente a la izquierda revolucionaria.
De algún modo, el miedo que subyacía en el líder de Renovación Española sobre la posibilidad de que José Antonio pudiera arrebatarle parte del electorado, terminó por convertir a Falange Española en un grupo de presión.
Como no podía ser de otra forma, las tensiones en el entorno de Falange Española aumentaron por partida doble.
De un lado, se empezaron a generar conflictos externos entre falangistas y socialistas.
De otro lado, se creó un roce interno entre las dos alas de Falange; los que veían en el movimiento una posibilidad real para frenar físicamente a las milicias socialistas y los que, como José Antonio,
consideraban peligrosas las pretensiones de los monárquicos de instrumentalizar a Falange hasta convertirla en su grupo particular de matones.
Estos problemas internos se externalizaron con la guerra abierta que se empezó a fraguar entre falangistas y milicianos socialistas, anarquistas y comunistas.
Desde su fundación en octubre de 1933 hasta casi un año después, en junio de 1934, Falange sufrió el asesinato de varios de sus camisas azules.