La hija del dragón (El dragón de Hagure 1) Capítulo 18
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Capítulo 18

AZUSA

Recibo la llamada de Nakamura un jueves a las siete de la mañana con noticias que preferiría no escuchar.

—¿Cambio de nombre legal? —insisto.

—He buscado. Los cambios de nombre dejan algún tipo de registro. Este no tiene. Es limpio. Demasiado limpio para no levantar sospechas, la verdad —explica.

—¿Cuánto necesitas para el informe completo? Quiero que encuentres su verdadera identidad. Quién era antes de 2019 —ordeno, aunque una parte de mí se apaga con esa orden.

—Diez días. Quizá menos si consigo acceso rápido a los registros consulares de Londres.

—Hazlo. Tarifa doble.

Cuelgo y me quedo sentada en la cama con el teléfono en la mano.

La sábana del lado donde ella dormía hace tres horas está todavía tibia.

Shio se ha ido a las cuatro. Me besó en el hombro antes de levantarse, se vistió en la oscuridad y cerró la puerta del penthouse con cuidado de no despertarme. Fingí estar dormida.

Antes de 2019, Shio Aramaki no existe. Esto complica mucho las cosas.

Hisako ya me lo había dicho, lo encontró en la primera semana, el problema es que yo he preferido ignorarlo porque la alternativa es dolorosa. Ahora Nakamura lo confirma con recursos que Hisako no tiene, y las palabras “demasiado limpio” me dicen todo lo que necesito saber.

No tomo la decisión que debería tomar, que sería enfrentarme a ella y exigir la verdad, o despedirla, o entregar el informe a Hisako y dejar que la máquina de nuestro clan haga su trabajo. Tomo una decisión intermedia.

Guardo los documentos offline en la caja fuerte del estudio.

Todos. Carpetas, memorándums, autorizaciones de pago, todo lo que estaba sobre la mesa del salón anoche.

Cambio la combinación. Seis dígitos que solo yo conozco.

A partir de hoy, cuando Shio venga al penthouse, no habrá documentos de Nivel 4 fuera del servidor.

Es una precaución. Un muro intermedio. La mujer que investiga poniendo una barrera que alguien que confía no habría puesto. Si no es quien dice ser, acabo de cortarle el acceso físico a lo más sensible.

Me miro en el espejo del baño mientras me preparo para ir a la oficina. Ayer me desnudé y todo mi cuerpo tembló bajo los dedos de la misma mujer a la que ahora investigo a fondo.

***

Shio nota que no hay documentos esa misma noche.

Viene al penthouse a las nueve. Pero esta noche la mesa del salón solo tiene el portátil, dos vasos de whisky y datos de Nivel 2 en la pantalla. Nada de carpetas. Nada de papel. Nada de documentos que se puedan fotografiar.

Se sienta y mira la mesa. Hace un barrido rápido. Siempre había carpetas sobre esta mesa. Ahora no hay ninguna. Sé lo que está calculando.

Pero no dice nada. Solo abre el portátil y trabaja.

Yo la miro desde el otro lado y pienso en lo que acabo de hacer.

Estoy restringiendo el acceso a la mujer con la que me acuesto, le he cerrado la puerta a la misma mujer con la que haré el amor dentro de un par de horas.

A la que me llevará al orgasmo. Me digo a mí misma que es lo correcto.

Lo inteligente. Es justo lo que debe hacer la directora de Onuki Holdings ante una empleada con un agujero en su biografía.

Y me repugna de todos modos.

—He reorganizado los archivos del servidor —digo sin más—. A partir de ahora trabajaremos con datos digitales. Es más eficiente.

Mentira. Las dos sabemos que no tiene sentido. Los documentos offline estaban sobre la mesa porque el servidor local no tiene la mitad de los registros originales. Pero Shio acepta la explicación y sigue trabajando, y las dos fingimos que no ha cambiado nada.

—Azusa —dice de pronto, levantando la vista de la pantalla y clavándome la mirada.

No usa el “san.” Tampoco el cargo. Solo mi nombre, dicho casi como un susurro, con la voz que utiliza cuando estamos en la cama.

—¿Sí?

—Deja de trabajar.

Me ha dado una orden. Se levanta. Rodea la mesa. Me quita el vaso de la mano y lo deja junto al portátil. A continuación, se sienta a horcajadas sobre mi regazo y coloca las manos a ambos lados de mi cara.

Me besa con una urgencia que tiene sabor a culpa, aunque no sé por qué lo pienso, quizá porque yo estoy haciendo lo mismo. Me besa los labios, la mandíbula, el cuello. Me desabrocha la blusa con prisa, descubriendo mis pechos, endureciendo mis pezones con la punta de los dedos.

Tira de mi mano y me lleva al dormitorio. Me tumba en la cama, me desnuda sin dejarme hablar, simplemente colocando la palma de la mano sobre mi boca cada vez que lo intento.

Se quita la ropa ella también y se coloca sobre mí, y yo me rindo. Es la única palabra que se me ocurre. Rendición. La mujer que controla cada variable, la heredera del clan más poderoso, ha dejado de existir en el momento en que Shio ha empezado a acariciar mi cuerpo.

Me hace el amor con una pasión diferente y yo solamente cierro los ojos y me dejo llevar hasta que alcanzo el orgasmo.

Luego me cubre de pequeños besos, me mima, me dedica un cariño que me rompe por dentro, porque si lo que Nakamura descubre sobre ella es peligroso, si es en realidad una espía de un clan rival como me temo, tendré que dar la orden que sé que acabará con una parte de mí para siempre.

—¿En qué piensas? —pregunta, recostando la cabeza sobre mi hombro.

—No quiero que amanezca —confieso.

—¿Por qué?

—Porque cuando amanece vuelvo a ser la directora y tú vuelves a ser la analista y la distancia se vuelve a instalar entre nosotras. Y porque quizá tenga que tomar una decisión que voy a odiar el resto de mi vida.

***

A las tres de la mañana, Hisako me envía un mensaje. Lo leo con el teléfono bajo la sábana, con Shio dormida a mi lado.

“Igarashi ha contratado una agencia privada de detectives, le han confirmado que Shio Aramaki no tiene ningún registro verificable anterior a 2019. No tienen nombre real aún. Igarashi ha solicitado una investigación ampliada”.

Mierda. Igarashi también está investigando por su cuenta.

Y va a seguir buscando hasta encontrar lo que hay debajo.

Va a buscar en Londres. Va a encontrar a Henderson, su antiguo mentor.

Le enviará un par de hombres de confianza, de esos que disfrutan haciendo daño.

Henderson se derrumbará. Y debajo de Henderson está el nombre real de Shio.

Ella duerme de lado, con la mano bajo la almohada. Respira despacio. El pelo le tapa media cara. La sábana le baja hasta la cintura y veo la curva de su espalda. La misma espalda que me vuelve loca cubrir de besos.

Si pudiera detener el tiempo, lo detendría aquí. En esta habitación. Con esta mujer dormida a mi lado. Con el informe de Nakamura sin terminar en mi bandeja. Con la agencia de Igarashi buscando un nombre que todavía no ha encontrado.

Pero el tiempo no se detiene. Nunca se detiene. Y en algún lugar de Tokio, Igarashi está despierto a las tres de la mañana, con un informe que dice que mi analista no existe.

Apago el teléfono y cierro los ojos. Se da la vuelta y rodea mi cadera en sueños.

Dejo que me toque.

Esto va a doler.