La hija del dragón (El dragón de Hagure 1) Capítulo 14
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Capítulo 14

AZUSA

Ve el dragón cuando se lo enseño.

No es un accidente. No es que me deje el kimono abierto o me gire sin pensar con la espalda desnuda y lo vea por casualidad.

Sé exactamente lo que hago. No pensé que fuese a venir a mi habitación a medianoche, pero aquí estamos, bebiendo una botella de sake local entre las dos y con la ventana abierta al jardín donde una rana lleva horas cantando como si alguien le hubiese pagado por dar un concierto.

Ha venido con el pelo suelto, un poco mojado tras darse una ducha. No huele a su perfume habitual, huele a piel limpia y eso es mucho peor. Infinitamente peor que cualquier perfume.

—¿Puedo preguntarte algo personal? —dice de pronto.

—Depende de lo personal que sea —respondo con evasivas.

—En Hagure, la otra noche, dijiste que escondes lo que eres cuando no llevas traje —dice, bajando la voz, haciendo girar el vaso entre los dedos—. ¿Qué eres cuando no llevas traje?

—Soy alguien a quien le hicieron un tatuaje a los dieciocho y no volvió para terminarlo.

Frunce el ceño sin comprender lo que le digo, así que le doy la espalda y bajo el kimono poco a poco, hasta la mitad de la espalda, sujetando la tela con los brazos cruzados sobre el pecho.

El dragón queda expuesto y se me eriza la piel, no por el frío, sino porque sé que me está mirando.

Llevo años escondiendo ese tatuaje de todo el mundo.

Ni siquiera las mujeres con las que tengo sexo ocasional en Osaka lo veían: me desnudaba de frente, nunca de espaldas.

Tsujimoto, el tatuador, lleva años esperando que vuelva a terminar lo que empezó. Nunca he vuelto.

Y ahora se lo enseño a ella. A una empleada que lleva tan solo dos meses en mi empresa y que por lo que sé hasta ahora, podría ser una espía. Una mujer cuyo padre cocinaba ramen y está muerto. Y es que hay algo en esta mujer que hace que abrir puertas selladas parezca la única opción posible.

—Es un dragón —dice en voz baja.

—Inacabado.

—¿Por qué? —insiste.

—Porque terminarlo habría significado que estaba dentro del todo. Y hay una parte de mí que no quiere estar dentro del todo —confieso con un largo soplido.

—¿Puedo? —pregunta.

Sé lo que pide y la respuesta debería ser no. Esa es la respuesta que daría la directora de Onuki Holdings, la hija del kumichō, la que ha construido muros durante años. No. No toques. No mires. Ni siquiera te acerques a mí.

—Sí —digo en cambio, y mi voz suena demasiado vulnerable.

Roza el dragón con la punta de los dedos. Empieza en el omóplato, donde la cabeza del dragón enrosca una escama sobre la otra. Recorre despacio el contorno, baja por la columna y sigue las escamas con los dedos. El dragón serpentea entre mis vértebras y ella lo roza. Tres dedos. Muy despacio.

Se detiene en el mismo punto en que se acaba el tatuaje. En la parte baja de mi espalda, como una frase que alguien dejó de escribir.

Deja la mano quieta en mi piel desnuda. La palma abierta. Siento su respiración en mi nuca.

Me giro y la beso.

No sabría describirlo sin que suene a algo que no es, porque no es suave ni tierno.

No tiene nada de lo que la gente describe en un primer beso; es pura desesperación.

Su boca sabe a sake y años de soledad por ambas partes, a una distancia que llevamos semanas queriendo cerrar y que ahora se reduce a cero.

Su mano rodea mi nuca. Yo suelto el kimono que se desliza hasta la cintura dejando mis pechos al descubierto para ella y cuando roza uno de mis pezones, el resto del mundo deja de existir.

—Azusa —jadea contra mi boca.

Rozo su mandíbula con la punta de los dedos antes de bajar por su cuello. Abro su kimono y suspiro al ver los pechos más perfectos que he visto en mi vida, o quizá es que tenía tantas ganas que el simple hecho de verlos me deja temblando.

—Es mejor que me vaya —dice de pronto—. Esto es una auténtica locura.

Se levanta. Se acomoda el kimono y me mira con tristeza. Tiene todavía los labios hinchados y el pelo revuelto.

Cuando se va, me tumbo en el futón y me quedo mirando el techo. Me llevo los dedos a los labios, recordando nuestros besos. Las mujeres con las que he tenido aventuras discretas en Osaka eran alivio. Esto es otra cosa. Esto tiene nombre y apellido, y un padre muerto que cocinaba ramen.

***

A las seis de la mañana me despierto con el sabor del sake todavía en la boca.

Shio ha desayunado antes que yo. La camarera me dice que ha abandonado el hotel. No me ha dejado una nota, tampoco me ha enviado un mensaje. Se ha ido antes de que yo me despertase.

No sé muy bien qué significa eso. Quizá huida, quizá espacio o cortesía o puede que miedo. Es posible que los cuatro a la vez.

Lo que sí sé es lo que tengo que hacer ahora.

Cojo el teléfono, pero no marco el número de Hisako. Este es un número diferente, uno que guardo para situaciones muy especiales. El que uso cuando necesito información limpia, sin filtros del clan, sin intermediarios.

Nakamura Keisuke. Ex-inspector de la policía metropolitana de Tokio. Retirado hace tres años. Me debe dos favores de cuando le ayudé a sacar a su hijo de un lío con un prestamista de Igarashi. Es discreto, muy competente y no tiene conexión con ninguna agencia que Igarashi pueda usar.

—Nakamura-san. Soy Onuki. Necesito una verificación profunda —anuncio en cuanto responde al teléfono.

—¿Nombre?

—Shio Aramaki. Veinticinco años. Residente en Tokio, probablemente en la zona de Shimokitazawa o Setagaya. Supuestamente japonesa, criada en Londres. Quiero su historial completo. Cualquier cosa que confirme o desmienta su identidad. No importa lo que cueste.

—¿Nivel de urgencia?

—Dos semanas máximo. Tendrás una bonificación si lo haces en menos tiempo —le anuncio.

—¿Alguna dirección de investigación que deba evitar?

—No contactes con nadie dentro de Onuki Holdings o de los Mishio. Debe ser totalmente limpio.

—Entendido. Tarifa estándar.

—Tarifa doble si lo tienes antes de diez días —digo antes de despedirme.

He besado a una mujer cuya vida empieza en 2019, una mujer que encontró mis facturas falsas, que tiene búsquedas anómalas en el sistema, y cuyo nombre Igarashi ya tiene sobre su escritorio, lo que la convierte en un peligro extremo.

Y he encargado una investigación sobre ella.

Las dos cosas al mismo tiempo. El beso y la investigación.

Deseo con todo mi corazón que salga limpia.

Quiero que Nakamura me llame en diez días y me diga que Shio Aramaki es la persona que dice ser, que la laguna pre-2019 tiene una explicación aburrida, que mis instintos sobre ella estaban equivocados y mis instintos sobre el beso estaban en lo cierto.

Pero si no sale limpia, necesito saberlo antes que Igarashi, porque si la descubre, la siguiente puerta que abra será una de la que no podrá salir.