Capítulo 28
Callum se marchó pasada la una, tras haber mantenido una respetuosa conversación con el que iba a ser su suegro.
Thomas lo acompañó a la puerta y cuando lo vio subir al carruaje que todavía lo esperaba en la calle, volvió al interior y cerró.
Se dirigió al pequeño despacho en el que hasta hacía un momento había estado departiendo con el barón, donde se encontró a su hija sentada junto a la ventana con las manos en el regazo.
Su expresión distaba mucho de la que tuviera aquella misma mañana cuando llegó.
Era increíble cómo, en cuestión de apenas unas horas, todo parecía haber encontrado su lugar.
—¿Puedo pasar? —preguntó su padre.
—Es tu despacho —contestó Margaret.
Thomas entró. Se sentó en el sillón al otro lado de la mesa y la miró directamente. Sabía que su hija debía estar esperando que le contara algo de la conversación mantenida con el barón.
—Lord Vane —empezó a decir Thomas.
—Callum —lo corrigió Margaret.
Thomas asintió levemente.
—Callum —repitió—, ha sido muy directo a la hora de exponer sus sentimientos hacia ti. Pero antes de que todo quede formalizado, tengo que preguntarte si esto es realmente lo que quieres, o si te estás dejando impresionar por su título.
—Es lo que quiero, padre. Su título me es indiferente. Usted y madre me enseñaron que debía valorar a las personas por lo que eran, no por lo que tienen o aparentan tener.
—No me cabe duda de que es un caballero bien posicionado, pero eso no significa que sea un buen hombre.
—Pero en su caso es ambas cosas.
Thomas asintió de nuevo.
—No te voy a engañar. Agradezco la franqueza de ambos, pero vuestro interés mutuo no es óbice para que investigue a tu pretendiente. Tengo que hacerlo para estar seguro que no tiene intenciones ocultas.
—Padre…
—No estoy dispuesto a entregar a mi hija a cualquiera —afirmó Thomas, con firmeza, pero sin necesidad de levantar la voz—. Por muy barón que sea, por muy directo que parezca, y por muy bien que te haya caído a ti. Y eso no es negociable.
Margaret lo miró durante un momento. Y luego, sin poder evitarlo, sonrió.
—De acuerdo —se rindió. Lo cierto era que no esperaba menos de su padre.
—Estupendo —dijo Thomas. Se levantó de su asiento y comenzó a pasear con las manos en la espalda—. Hay otra cuestión que me gustaría comentar contigo.
—¿De qué se trata?
Se detuvo y la miró.
—De lady Constance. —Volvió a caminar por su pequeño despacho—.
Estoy pensando qué hacer con ella. —Su voz era la que usaba siempre que hablaba de negocios—.
Tenía un trato con esa mujer, y con su forma de proceder, considero que ella ha incumplido nuestro acuerdo.
Y deberá afrontar las consecuencias derivadas de eso.
—No. —La respuesta de la joven fue tajante.
Thomas volvió a detenerse y la miró.
—No quiero que rompas el trato, ni que tomes ninguna medida contra ella.
—Margaret... Esa mujer te echó a los pies de los caballos sin ninguna consideración.
—Padre, escúcheme. —Hablaba con un tono calmado, reflejando la seguridad de su razonamiento—.
A pesar de todo, Constance cumplió su parte.
Me abrió las puertas de ese mundo. Me acompañó a los eventos correctos.
Me enseñó a moverme en ese entorno. —Se detuvo un instante—.
Que al final actuara para protegerse a sí misma...
no me sorprende. Ella es… así. Yo lo sabía desde el principio y aun así confié más de lo que debía.
—Te traicionó, hija —aseguró Thomas, realmente molesto.
—Sí, pero yo también obtuve lo que quería. Viví lo que quería vivir. Vi ese mundo de cerca; no desde el otro lado de una puerta, sino desde dentro. Y aprendí lo que tú querías… además de muchas otras cosas que no esperaba.
Thomas la miraba.
—Conocí a Cecily —continuó Margaret con firmeza, pero también con un deje que se aproximaba cada vez más a la tristeza—. Soy consciente de que ya no puedo relacionarme con ella, pero la amistad que tuvimos fue real. Eso nadie me lo va a poder quitar jamás. —Una pausa más—. Además, conocí a Callum.
Thomas siguió escuchando cada palabra en silencio.
—Así que no… No quiero que rompa el trato. Thomas Hoper cumple siempre sus compromisos. Siempre. Y yo no voy a ser el motivo por el que deje de hacerlo ahora.
Su padre meditó sobre sus palabras hasta que terminó por asentir.
—De acuerdo. Si eso es lo que quieres, así será.