Capítulo 6 #2
—Esa es una observación inusualmente sofisticada para alguien que acaba de llegar a Londres.
El comentario tenía varios filos posibles y Margaret los consideró todos en el segundo que tardó en responder.
—O simplemente —replicó— soy de un lugar donde la gente dice lo que piensa.
—Shropshire, ¿me equivoco?
—En efecto —confirmó ella, con una serenidad impostada.
—Sin duda, se trata de un lugar del que la gente de ciudad habla poco. Sería interesante saber más de aquella zona del país.
—Es una comarca tranquila —dijo Margaret, con la frase preparada—. Quizás por eso no se habla tanto de ella. No resulta tan atractiva como otras más afamadas.
—O quizás... porque la gente de Shropshire ha aprendido a no dar demasiada información si no es necesario.
Margaret lo miró y, por un instante, tuvo la incómoda sensación de que aquel hombre sabía algo de su farsa.
—Es posible —admitió al fin, con la misma levedad.
Callum inclinó la cabeza levemente. El gesto de antes, pero con una aquiescencia de saber que esa era la respuesta que iba a obtener y que, a pesar de todo, no le desagradaba.
—Señorita Ashby...
—Lord Vane —respondió ella.
Y con eso, la conversación terminó de la misma manera en que había empezado: sin anuncio, sin protocolo y con una naturalidad desconcertante.
Constance la encontró diez minutos después.
No dijo nada de inmediato, pero la mirada que le dirigió cuando Margaret se reintegró a su lado contenía suficiente información para una conversación entera.
« Te he visto. Sé con quién estabas y tenemos que hablar de eso, pero no aquí», fue lo que expresaron sus ojos.
La velada continuó. Más presentaciones y conversaciones intrascendentes, o desde luego, menos profundas de las que había imaginado cuando todavía no conocía ese mundo.
Salvo el breve encuentro con Cecily, a quien no había vuelto a ver, nadie hablaba de cuestiones que importaran demasiado.
Por si acaso, mejor guardarlo bajo capas de temas triviales que no le complicaban la vida a nadie.
Se encontró con Callum Vane solo una vez más durante el resto de la noche.
Estaba al otro lado del salón, hablando con un hombre de mayor edad con una expresión de estar manteniendo una conversación por simple educación, aunque su atención estuviera en otro sitio.
En un momento dado, él levantó la vista y sus miradas se cruzaron durante un segundo más de lo que se consideraba correcto.
Luego, sin más, ambos volvieron a lo que estaban haciendo como si aquello no hubiera ocurrido.
En el carruaje que las llevaba de vuelta, Constance esperó justo el tiempo que tardaron en alejarse de Hanover Square antes de comenzar a hablar.
—Te vi hablando de manera demasiado interesada con lord Vane esta noche —expuso sin rodeos.
—Sí. Estaba con Cecily Farrow y tuvimos ocasión de presentarnos —mintió Margaret con un tono que le restaba importancia a la situación.
—Ya veo. —Hizo una breve pausa—. ¿Y qué tal? ¿Bien?
Margaret consideró la pregunta.
—Es un caballero interesante —dijo al fin.
Constance la miró de reojo con una expresión evaluadora.
—¿Interesante? —Arqueó las cejas, esperando a que la joven se explicara.
—En el sentido de que dice cosas que tienen más de una lectura posible —quiso aclararle la joven—. No estoy segura de si eso es un defecto o una virtud.
—En este mundo —aclaró Constance— depende de quién lo haga y con qué propósito.
—¿Y eso cómo se traduce en el caso de lord Vane?
—Lord Vane es del tipo de hombres que hacen exactamente lo que quiere y cuando quiere. Lo cual, como ya le dije, lo convierte en un partido poco fiable. Que no es lo mismo que ser una mala persona.
Margaret no supo cómo procesar aquello.
—¿Te percataste que en la fiesta también estaba lord Wycliffe? —preguntó Constance con intención.
—Sí. Lo vi un par de veces, al igual que la otra noche. Pero tampoco se acercó en esta ocasión —reconoció Margaret.
—No. —Constance asintió levemente—. Pero lo hará.
—Eso ya me lo dijo usted la semana pasada.
—Y lo sigo manteniendo. Todo requiere su tiempo.
—¿Y qué me dice de Cecily Farrow? —comentó Margaret para cambiar de tema—. Como le dije antes, tuve la oportunidad de conocerla esta noche y creo que conectamos muy bien.
Constance asintió levemente.
—Los Farrow son una buena familia. El padre es un hombre respetable y la mujer, toda una dama. Lástima que la chica no haya sacado el físico de lady Farrow. Con ese apellido y ese carácter podría haber hecho un matrimonio excelente.
Margaret ladeó la cabeza e hizo un gesto de disconformidad con aquella última afirmación.
—Pues a mí me ha parecido encantadora —rebatió, molesta por el comentario de Constance. No pudo sino pensar que su madre nunca habría hablado de manera tan injusta de otra persona, ni aunque fuera la peor de sus clientas.
—No lo dudo —replicó esta—. Pero encantadora no es lo que buscan los hombres correctos en un salón.
En cualquier caso, ese no es tu problema.
No tengo inconveniente en que, mientras dure tu temporada, fragües amistad con la señorita Farrow.
Te vendrá bien salir a pasear con alguien de tu edad, siempre que lleves a una acompañante adecuada.
—De acuerdo.
Margaret volvió a mirar por la ventanilla y pudo comprobar que Belgrave Square estaba cerca.
Durante ese breve trayecto que restaba para llegar, no pudo evitar pensar en la anécdota del jarrón. En cómo se había acercado lord Vane a ella y en aquella conversación que, sin pretenderlo, le había resultado más estimulante que cualquiera de los bailes que hubiera disfrutado esa noche.
También pensó en Dorian Wycliffe, que no se había acercado en toda la velada, pero cuya mirada había encontrado la suya dos veces más con esa misma intención directa de la semana anterior.
Constance estaba convencida de que él movería ficha para acercarse a ella muy pronto.
Y si aquella mujer que parecía saberlo todo de la sociedad londinense lo afirmaba con tanta seguridad, ¿quién era ella para dudarlo?
Habría que seguir esperando los próximos acontecimientos.
Por fin, el carruaje se detuvo y Margaret recogió el chal del asiento.
Subió los escalones de la casa hasta llegar a su cuarto. Se deshizo de la ropa tan pronto como pudo por sí misma, y se metió en la cama de inmediato; si bien el último pensamiento que la asaltó antes de dormirse fue imaginar cómo se sentiría si lord Callum Vane la sacase a bailar alguna vez.