20 Pino Cabrera #2
—Por supuesto, inspector Ondarreta, continúe.
—Le quería preguntar, ¿qué más sabe de la tal Carlota?
—Realmente, nada. Era una chica rubia y fina, del estilo de mi hija, de buenas maneras.
—En cuanto a sus compañeros de estudios de enfermería, ¿con quién intimaba más? —preguntó el inspector Ondarreta.
—Carmen Delia no es una persona de hacer muchos amigos, pero creo que tenía la relación normal de compañeros de clase. Puede que intimara más con un par de chicas, me parece.
—¿Se acuerda del nombre de alguna de ellas?
—Había una chica de su edad llamada Amelia, no me acuerdo de sus apellidos, con la que tenía cierta amistad, pero a la que abandonó, como a todos.
Era madrileña, vivía con sus padres por entonces, a estas alturas imagino que ya habrá terminado el Grado de Enfermería.
Era muy estudiosa, por lo que creo que habrá terminado puntualmente sus exámenes y prácticas.
—¿Dónde vivía Amelia? —preguntó Angus.
—En las afueras de la ciudad, un barrio de gente bien, Pozuelo o algo así me suena. Pero no puedo acordarme tampoco. Aunque, ahora que lo pienso, creo recordar que se trasladó a un piso en el centro, no sabría decirle dónde porque fue en los últimos tiempos y mi hija ya no me daba explicaciones.
—¿La conoció?
—Sí, la vi un par de veces.
—¿Puede darnos su descripción física?
—A ver, sí, era una chica muy alta para ser mujer, más que mi hija, puede que un metro ochenta y cinco o algo así, no me fijé si llevaba tacones, pero esa fue la impresión que me dio.
Por lo demás, no me llamó la atención, era morena, ojos castaños, una chica como tantas otras.
Con una risa contagiosa. Me pareció muy simpática y agradable, se veía que era buena persona y me gustó como amiga de mi hija.
¡Ojalá esté con ella! Si, como suponemos, ha terminado sus estudios de enfermería, habrá podido cuidar a mi Carmen Delia.
¡Ruego por ello! Y que ese criminal no haya podido localizarla.
—Pienso que es muy posible que le haya pedido ayuda a su amiga —la consoló Marisa—. Y es, desde luego, lo que deseamos todos.
—Les agradezco a ustedes todos los esfuerzos que están haciendo.
Y no es que el inspector Medina no haya intentado ayudarme, es un encanto, pero es que el Grupo de Sectas poco puede hacer contra la libertad de las personas mayores de edad, que se supone eligen libremente permanecer en esos grupos de manipuladores.
Pero si ahora Carmen Delia ha tomado esa decisión, ya podrán ustedes ayudarla.
No saben lo orgullosa que estoy de ella, arriesgando su vida para salvar a una madre y a su hijo.
—En ese momento, se le quebró la voz, Pino quería mantener la entereza en su declaración.
Al final pudo seguir—: La semilla de bondad que era parte de ella afloró en el momento en el que alguien la necesitó.
No la han echado a perder. Siempre fue una niña de buen corazón, muy familiar y cariñosa en casa.
—No se preocupe, que vamos a hacer todo lo posible para que recupere a su hija, en todos los sentidos —le dijo Angus a la vez que apagaba la grabadora—. ¿Ya tiene alojamiento?
—La verdad es que no, ya saben que he venido directa del aeropuerto. —Y señaló un pequeño troley que Berta le había guardado al lado de su mesa.
—Pues Berta tiene las direcciones de varios alojamientos de confianza que le podrá facilitar, y a un precio asequible —le informó el inspector Ondarreta.
—¡Muchas gracias por todo!
—Ya le acompaño yo a hablar con Berta —se ofreció Marisa—. Y de paso me da la dirección del piso que ocupaba su hija con los gemelos.
Cuando volvió de despedir a Pino Cabrera, entraron los dos al despacho del jefe. Este, al verlos entrar, les interrogó con la mirada, haciendo honor a su fama de ser parco en palabras. Angus le hizo un breve resumen de la declaración de la madre.
—Por favor, investiguen de inmediato a tenor de los nuevos datos que tienen.
Contacten con la universidad y con los gemelos compañeros de piso, a ver si continúan residiendo en el mismo domicilio.
En la universidad no creo que sea difícil encontrar los datos de su amiga, sabiendo más o menos el año del curso en el que ha coincidido con Carmen Delia.
Y Amelia no me parece un nombre muy común en la actualidad, afortunadamente.
En cuanto a el hombre que ustedes entrevistaron, pónganse en contacto, lo más pronto posible, con el inspector Gustavo Medina, a ver si les pudiese facilitar una foto o una descripción del tal Duncan.
Han de comprobar si se trata de la misma persona.
Apellidarse García y dar clase de baile no parece una gran coincidencia, pero no conviene dejar ese cabo suelto.
—Si fuera él, ¡qué rabia, haberle tenido delante de nuestras narices y nosotros sin sospechar! —se quejó Angus.
—Tampoco les dio motivos.
—Sí —corroboró Marisa—. El ser parco en sus contestaciones o antipático, no lo convertía en sospechoso.
Cuando se fue la pareja, Daniel sonrió satisfecho, ante los nuevos avances en la investigación.
Las piezas del rompecabezas iban encajando y pronto pondrían la última pieza.
Y ¡qué casualidad! que el primer nombre de su desaparecida fuera el mismo que el de su mujer.
Carmen ya no era un nombre que se pusiera a las recién nacidas.
No se llevaba usar los nombres de toda la vida.
Pero el segundo nombre, Delia, le añadía originalidad, le daba un toque canario.
Aprendí a leer en la cárcel, primero libros de primaria, luego libros de aventuras y más tarde libros de derecho. Y aquí estamos dos abogados, al
menos en la práctica, charlando de nuestras cosas.
Robert de Nniro
El cabo del miedo