17 Sectas
Miércoles, 13 de diciembre.
El jefe del Grupo de Sectas de la Brigada de
Información de la Policía Nacional le recibió temprano en su despacho. Este era todo lo contrario al de Daniel Hurtado, grande, personal y desordenado.
Apartó unos papeles de un sillón y le indicó que se sentara. Ildefonso era un señor de unos cincuenta años, de rostro afable y barriga incipiente.
—Si quiere nos tuteamos, inspector —le pidió cuando vio acomodada a su visita.
—De acuerdo, Ildefonso.
—Mira, Daniel, sobre lo que hablamos por teléfono, te diré que este mundo es muy complejo.
Y aunque no se puede generalizar sobre las sectas, todas tienen unos elementos comunes.
Y dentro de estos elementos las hay más o menos agresivas o peligrosas para sus miembros.
Son las llamadas coercitivas. No hace falta que te recuerde los suicidios en masa de novecientas catorce personas en la Guyana o los ochenta seguidores de David Koresh que murieron calcinados en un rancho de Waco en Texas.
Nuestro grupo se ha creado para combatir los actos que se salgan de la legalidad.
Mientras no cometan delitos, nosotros, por más que sus miembros se vean perjudicados a nivel personal, no podemos hacer nada.
Lo único es que procuramos mantenernos informados y servir de apoyo a las familias.
En esto de las sectas, se las pilla como a Al Capone, más en el plano económico o de impuestos que por sus propias actividades.
Solo cuando cometen crímenes satánicos o no, es cuando podemos intervenir.
—¿Hay muchos españoles que pertenezcan a sectas?
—No se sabe a ciencia cierta, pero los últimos cálculos andan entre las 150.000 y 200.000 personas. Podría haber unas doscientas sectas aproximadamente.
—¿Tanta gente y tantas sectas? No me imaginaba que fueran tan numerosos. Parece como que últimamente no es un tema del que se oiga hablar.
—Es que ahora casi todas vienen disfrazadas con piel de cordero.
Existen las que te he comentado, las satánicas, de toda la vida y las que constituyen ramas de las religiones oficiales, pero actualmente hay un creciente número de sectas que se amparan en las redes sociales y aparecen como grupos de la nueva era, dedicados a la meditación o al mundo esotérico,
para poder captar clientes de manera más solapada.
—Y ¿en Madrid?
—Aquí confluyen prácticamente todas, excepto algunas que son propias de un solo lugar, como las instaladas en las islas, en Tenerife o Gran Canaria, o en el litoral Mediterráneo.
—¿Por qué cree, Ildefonso, que una persona se deja captar en una secta?
—Eso se lo explicaría mejor un psicólogo, pero bueno, he estudiado el tema y además los miembros de nuestro grupo hemos asistido a diversos congresos y cursos de formación sobre ello.
—Tengo entendido que la inteligencia de las personas no es un obstáculo para su captación.
—Cierto, para nada, es más, la gente más formada constituye un porcentaje muy grande de estos grupos.
Lo que tienes que entender, Daniel, es que la captación es un proceso muy laborioso y lento en el que previamente se tienen que dar unas circunstancias:
la persona suele estar en un momento de crisis de su vida y aprovechan este desencanto para ofrecerles algo que en principio sirve para darles una nueva motivación.
Los captados suelen ser muy jóvenes. Ya cuidan ellos de que por lo menos tengan cumplidos los dieciocho años, la mayoría legal.
Y en ese terreno abonado actúan estas personas, por supuesto, siempre camufladas de bienhechoras.
—Sí, Ildefonso, pero de ahí a meterse de lleno en una secta…
—El proceso, ya te digo, es largo. Pero lo que nosotros de jóvenes llamábamos lavado de cerebro, es lento, aunque efectivo.
Anular la voluntad y el pensamiento propio casi siempre suele venir acompañado de las mismas actitudes: les aíslan de su familia, de sus amigos, les hacen abandonar sus estudios o actividades lúdicas, poco a poco van dejando atrás su vida anterior y no saben cómo, según cuentan los exmiembros,
se ven viviendo en un piso o casa con sus compañeros.
» Les hacen crear fuertes lazos afectivos con ellos y fomentan sentimientos de odio a las personas de su vida anterior.
Y casi siempre les piden, y consiguen, una compensación económica, que es la razón primera por la que los líderes montan todo este entramado, además de la sensación de poder que sienten ante sus acólitos.
—¡Esto pone los pelos de punta! —exclamó Daniel, aunque conocía por encima ese mundo, nunca dejaba de asombrarse, al enterarse de más detalles, y pensó que, afortunadamente, no tenía hijos, otro peligro más que acechaba a la juventud—.
Y, dime, ya me has hablado de que vosotros solo podéis actuar cuando se salen de la legalidad, pero ¿no se puede hacer algo más?
—Estamos atados de pies y manos, nos sentimos impotentes, al igual que sus familias.
Hay un vacío en la legislación española, que no contempla como delito a estos grupos de personas, debido a la libertad de asociación, y en la que se ampara esta gente.
Pero hay asociaciones de familiares que luchan por sacar a sus hijos o hermanos de las sectas.
Se pueden pasar años para conseguirlo, si es que lo logran.
Y a veces, cuando vuelven, esa persona querida es otra distinta, que ha tomado el lugar de su pariente. Es muy duro para ellos.
—Respecto a la chica que buscamos, ¿cómo podemos saber si pertenece a una de esas sectas?
—Sería como buscar una aguja en un pajar, pero si me lo delimitas geográficamente, quizás te podría ayudar.
—Afortunadamente, tengo una zona desde donde podríamos empezar a buscar.
Creemos, y todo son suposiciones, que alguien la hirió, es posible que, con un arma blanca, y que poco después cogió un autobús, de la línea 14, de los que según te he comentado, estuvo implicado en el atentado del 17 de noviembre de Cibeles.
—Y ¿dónde cogió ese autobús?
—Creemos que lo cogió en la glorieta de Rubén Darío.
Personal de mi brigada ha estado peinando la zona sin ningún resultado, enseñando el retrato robot, en varias manzanas a la redonda.
También hemos comprobado con la UFAM que no fuera víctima de maltrato, pero si lo ha sido es de las que no denuncian. Mira, este es el retrato.
El inspector jefe Ildefonso Rodríguez Rojo cogió el móvil que le tendía su colega y observó el rostro de la chica.
—No sabría decir, conocer desde luego que no, pero tendrían que buscar en el archivo de los familiares que buscan a sus hijas.
A los que tenemos identificados son a los líderes de cada secta y acólitos más prominentes en la escala del poder, pero supondrás que lo que se cuece en cada centro, siendo comunidades tan cerradas, es difícil de saber.
Tenemos los testimonios de los desertores, pero no demasiados.
Suelen tener miedo de hablar y salen bastante traumatizados.
» En cuanto a la zona, en eso sí te puedo ayudar. Un momento, que lo miro en el plano. Tenemos distribuidas las sectas por distritos.
Ildefonso Rodríguez se situó ante el ordenador y Daniel Hurtado le vio teclear, concentrado.
—En la búsqueda me han salido tres en esa zona —le informó, sin apartar la vista del monitor—. Un momento, a ver cuál es la más cercana a la glorieta de Rubén Darío, me has dicho, ¿no?
—Sí, Rubén Darío —le confirmó Daniel, que se estaba empezando a impacientar, aunque por su rostro tranquilo nadie lo hubiera dicho.
—¡Aquí tengo una que puede encajar! —exclamó el inspector jefe Rodríguez, con un tono tan satisfecho como si le hubiera tocado la lotería—. Está en la calle Alfonso X, perpendicular al paseo de Eduardo Dato, a un paso de la glorieta, como quien dice.
—¡Puede ser esa!
—A ver, ahora te digo de qué secta se trata —siguió diciendo Ildefonso, que no apartaba las manos del teclado.
¡Aquí! Esta es pequeña, de reciente creación, solo cuatro años.
Se llaman Mentes Creyentes de la Nueva Conciencia, MCNC.
Unos chiflados como otras cualquieras. Según veo tiene un líder bastante joven, no llega a los cuarenta años, se llama Francisco Javier García Pérez, natural de Badajoz, hijo de un pequeño comerciante.
Como comprenderás, con estos antecedentes tan comunes, se ha cambiado el nombre, ahora es Duncan, el Modesto de Mente Creyente Número Uno.
Lo que voy a hacer es imprimirte el dosier de toda la información que tenemos en los archivos del ordenador, que no es mucha.
La mayoría la tenemos en la carpeta correspondiente, hay mucha información confidencial, sobre todo de los familiares, que, al fin y al cabo, no son delincuentes.
Por lo que veo, se ha hecho cargo de la investigación de esta secta el inspector Gustavo Medina.
En este momento está haciendo trabajo de campo en el otro extremo de la ciudad.
Este es su teléfono móvil. —Esperó a que terminaran de salir por la pequeña impresora los folios con la información sobre la secta, los cogió y apuntó los datos del contacto.
Daniel se levantó, cogió la documentación que Ildefonso había introducido en una carpeta amarilla y agradeció a su colega la amabilidad que había tenido al atenderle.
—Espero que pueda encontrar pronto a su desaparecida.
—le deseo el inspector jefe Rodríguez, cuando se estrecharon las manos en la puerta de salida a la calle—. De todas formas, verá que le he imprimido también toda la información sobre las otras dos sectas que hemos encontrado en el distrito, por si acaso.
—Tengo la sensación de que vamos por buen camino.
La soledad me ha seguido toda mi vida. A todos lados. En las tabernas, en los autos, por las aceras, en las tiendas, por todos lados. No hay manera
de escapar de ella; Dios me hizo un hombre solitario.
Robert de Niro
Taxi Driver