La heroína de Cibeles 11 Importantes revelaciones del doctor Marín #2
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11 Importantes revelaciones del doctor Marín #2

Y sí, usé un babero cuando le di el desayuno antes de subir con él al autobús, pero es de plástico, es enorme y se lo ato a la espalda, porque se pone perdido cuando come.

Yo a mi hijo no le he dado más que leche, exclusivamente, hasta los seis meses, a demanda, y ahora todo se lo come a trozos, no le doy papillas.

Es más laborioso, pero así aprenden a comer de todo como los adultos, introduciendo poco a poco los distintos alimentos que puedan ir digiriendo a su edad, claro.

Al inspector Ondarreta le sonaba todo eso porque su hermana también había adoptado ese método con sus sobrinos, ante las protestas de su madre y abuela de los niños, defensora a ultranza de las papillas.

—¡Muchas gracias, Arancha, ha sido de mucha ayuda!

A Angus y a Marisa les sirvieron el menú del día por compasión. Ya pasaban de las cuatro de la tarde y apenas quedaba ya para elegir. Pero unos huevos fritos con chistorra les pareció el colmo de los manjares.

—Parece que estamos en punto muerto —opinaba la funcionaria del CNI y posible espía.

—¡Que no cunda el pánico! Es lo que te parece, pero hemos adelantado mucho y disponemos de bastante información.

—Sí, pero ¿de qué sirve? Todo es: puede que viva o trabaje por Rubén Darío o Banco de España. No sé, lo único que sabemos que es cierto es que está embarazada, o estaba, porque puede que con la lesión padecida haya perdido el niño. ¡Pobre, me da una pena!

—Marisa, no te pongas en lo peor. Además, esto de la investigación no es una ciencia exacta como puede ser la criptología.

—No es exacta, tiene mucho de creatividad, de intuición —protestó ella.

—Sabes a lo que me refiero. Pero seguro que necesitarás en tu trabajo lo mismo que en este: paciencia.

Aparentemente, tenemos la misma idea de dónde pueda estar que al principio.

Cierto, pero disponemos de su retrato robot, de una zona donde escarbar y podemos añadir también a la búsqueda los ginecólogos.

Es posible que se esté controlando la gestación, si esta no se ha interrumpido O, si como tú dices, ha tenido un aborto, habrá necesitado atención médica.

—Supongo que si hubiera ido por un aborto eso sería información confidencial, y más cuando no estamos buscando a ninguna delincuente. Pero pienso que solo en Madrid, no tengo ni idea, supongo que habrá miles de mujeres embarazadas.

—Cierto, pero ya sabes que, según la zona en la que

vivas, se te asigna a un centro de salud o a un hospital concreto, si perteneces al régimen de la Seguridad Social.

—Sí, Angus, pero existe la opción de cambiar, en atención al paciente, de dentro.

—¡Cierto! —resopló—. Tienes razón, resulta ser otra idea sin salida. Y además existe algo llamado confidencialidad, quizás en tu ministerio no lo valoraréis. Esa información supongo que es sensible y reservada.

—¡Si supieras! Sé, y no por mi trabajo, sino por Facebook, que hasta el supermercado sabe si estás preñada. ¡A una mujer americana le comenzaron a mandar anuncios de pañales a casa y todavía no se lo había dicho a su marido!

—Compraría un predictor, Marisa. Pero no me extraña nada.

Es posible que estemos vigilados por el ojo de gran hermano, que todo lo ve.

Si las empresas pueden saber más de nosotros mismos que los propios policías o los del CNI.

Yo creo que hay listas de lo que compramos en la farmacia, en el supermercado o en los hoteles que reservamos. Y si te descuidas hurgan en tu basura.

—Pone los pelos de punta, si lo pensamos un poco. Pero, cambiando de tema, Angus, es que además no estoy convencida de que debamos encontrarla. Si ella no quiere, ya hemos visto que tiene sus razones, ¿no la estaremos poniendo, con todas nuestras buenas intenciones, en riesgo?

—Si por fortuna la encontramos y ella no quiere verse expuesta a la luz pública, habremos de respetar esa decisión.

Pero eso es adelantar acontecimientos. El lunes, después del fin de semana, lo veremos de otro modo.

Por cierto, ¿qué vas a hacer el finde? —se atrevió a preguntar Angus, como estaba deseando hacer desde que entraron al restaurante.

—Me voy a Almagro, a ver a mis padres, que hace más de un mes que no aparezco por ahí. Y, además, no he podido coger el puente, como había planeado.

—¡Ah, muy bien! —exclamó, disimulando otra vez su decepción, pensando en lo escurridiza que le estaba resultando la pelirroja.

Ese viernes, a Daniel Hurtado le tenía preparada su mujer una sorpresa. Cuando llegó a casa se encontró, en la entrada, dos pequeñas maletas de ruedas, de las que caben en la cabina de los aviones, preparadas como para un viaje.

—¿Y eso? —preguntó, extrañado. Tenía hambre y estaba cansado. Había sido un día muy duro.

—No te preocupes —le leyó el pensamiento Carmen—. Puedes comer primero. Tienes las patatas a la riojana en el microondas, mientras yo termino con los últimos detalles.

—¿Detalles? —Se había quedado con la boca abierta.

—¡Sí, de nuestro viaje sorpresa!

«El Puntito» nunca le había preparado una sorpresa de esas características y realmente se quedó sin habla. Ahora entendía la sonrisita de esa misma mañana, cuando le preguntó sobre si libraba el fin de semana.

—Sí, es que las amigas de pintura y yo hemos estado hablando del matrimonio. Que llevamos muchos años casados, quizás te acuerdes incluso de cuántos —bromeó.

—¡Pero bueno! —protestó, soslayando hábilmente la indirecta, pues en ese momento no se acordaba del número exacto de años que llevaban casados—. ¿Es que les cuentas a tus amigas nuestras intimidades de pareja?

—¡Solo superficialmente, Daniel, con hechos generales en los que todas coincidimos!

¿No ves que todos los hombres estáis cortados por el mismo patrón?

Si lo que no le pasa a una le pasa a otra.

Y todas estamos de acuerdo en que hay que darle alegría y novedad a la pareja.

Y a mí se me ha ocurrido organizar un viaje relámpago a Lanzarote, que me han dicho que es precioso.

Y lo mejor de todo es que allí tenemos veinte grados.

Y ni una gota de lluvia ni viento. Ya he metido las toallas, los bañadores y la crema bronceadora.

Poco más vamos a necesitar. ¡Ah, y desde que he hecho el curso de manejo de internet en el centro cultural, he descubierto que sirve para todo!

¡He reservado vuelo y hotel! ¿Qué te parece, Daniel?

—¡Creo que es muy buena idea! —El viaje no le apetecía lo más mínimo, pero ante el rostro expectante de su mujer, no tuvo más remedio que disimular. Lo que había cambiado ella en los últimos tiempos. Se había puesto al tanto de las tecnologías y las utilizaba con pasión.

Luego, mientras comía, comenzó a gustarle la idea. La verdad es que nunca salían si no era en período de vacaciones y un respiro les iría a los dos muy bien.

—¡Hala, ya he pedido un taxi para el aeropuerto! —le dijo su mujer al verle terminar de comer.

No hay nada más estimulante que un caso donde todo está en tu contra.

Sherlock Holmes