7 La pintora de rostros
La retratista, Almudena Carrión, trabajaba a tiempo parcial para la brigada.
Este trabajo tenía carácter alimenticio, sobre todo.
Aun así, la mayoría de las veces disfrutaba con esta labor.
El resto de su tiempo lo dedicaba a sus grandes pasiones: pintar y esculpir.
Había estudiado Bellas Artes. En la carrera sintió encajonada su creatividad y consideró que le había hecho más mal que bien.
Pero el título académico le había abierto puertas y una de ellas era la de trabajar para la policía.
Con los retratos no empleaba el programa de ordenador que habían puesto a su disposición.
En cuanto que le echó un vistazo, contuvo una mueca despectiva y se prometió no usar ese programa de caricaturas, algo infantil. Prefería ir por libre.
En una pizarra dibujaba los rasgos que iba sonsacando a los testigos.
Era la primera vez que trabajaba con dos testigos a la vez y eso le producía cierta inseguridad. Una de las dos personas podría dominar e imponer a la otra, más maleable, su criterio sobre el rostro en el que iba a trabajar.
El inspector jefe Daniel Hurtado se las presentó y comentó que prefería estar presente en el procedimiento.
Le puso al día del caso. Lo bueno era que buscaban a una persona desconocida que había puesto en peligro su propia vida para salvar la de los demás.
Eso era un aliciente y se esforzaría al máximo para hacer el retrato lo más parecido a la verdad.
—Estas dos señoras son Arancha Martínez —señaló a
una joven alta y morena— y Ana Gómez. —La más mayor de las dos—. Ella es Almudena Carrión.
—Encantada... Siento que nos conozcamos en estas circunstancias.
Ha debido de ser terrible. Si les parece, empezamos.
Les diré que, aunque piensen que pueden servir de poco, eso no es cierto.
Tenemos una memoria para los detalles de la que, aunque estemos distraídos, si se le da el alimento adecuado, puede aflorar un recuerdo.
Pero intenten no forzarlo. Visualicen y respondan lo primero que les venga a la mente.
No queremos que rellenen con su imaginación las lagunas que puedan tener, lo que no les fluya con naturalidad.
Comencemos. Voy a pintar el cabello. Había comprobado que las mujeres se fijaban en el cabello de las demás porque nunca ninguna se sentía realmente satisfecha con el suyo.
Que, si lo prefieren rubio, o moreno, o liso o rizado.
—¡Era rubia! —coincidieron las dos.
Pintó en la blanca pizarra una bonita melena clara.
—El rostro, ¿era ovalado, más bien redondo, alargado?
En un principio, las dos coincidieron en que era normal, no sabrían decir cómo, pero cuando dibujó varias formas del contorno del rostro se decidirían por el que era ligeramente alargado.
Poco a poco fue pasando por los rasgos más sobresalientes, la nariz, que resultó ser chata. Los pómulos un poco altos. La piel clara. Los labios finos. En los ojos hubo una mínima discrepancia. Arancha solo se atrevía a decir que eran claros y Ana se decidía por unos ojos decididamente azules.
Cuando terminó de plasmar los rasgos les enseñó el resultado. Los dos dudaban. Eso pasaba siempre. Tendrían que trabajar más con los rasgos hasta dar con ese matiz que distingue a una persona de otra. Es tan sutil la diferencia que no siempre se conseguía y eso para Almudena era un reto.
—¿Tomamos unas cañitas en el bar de abajo, nos olvidamos de la cara y luego volvemos sobre ello? —les propuso y aceptaron enseguida.
Era una forma de no insistir más en el retrato.
—¿Pero no estás de servicio o algo así? —le preguntó Ana, que lo había visto en televisión.
—Casi, casi, pero yo trabajo aquí como free lance y no creo que me perjudique el entendimiento ni voy a conducir ningún coche para perseguir a los malos.
La jugada funcionó. Después de dos cañas por barba y una ración de patatas con tres salsas y contarse la vida entre sorbo y sorbo, las señoras volvieron más inspiradas y ella también.
En los ojos es muy importante la distancia de separación entre ellos.
Puede cambiar totalmente el rostro. Pintó sombras en los pómulos.
Cambió la forma de los ojos. La nariz era pequeña pero no respingona.
Las cejas, arqueadas y finas. Después de rectificar los últimos detalles el retrato robot estaba terminado.
Las dos testigos asintieron con la cabeza, dando el visto bueno.
El inspector jefe las acompañó hacia la salida, después de que estas se despidieron de la dibujante, tras darles las gracias encarecidamente.
Almudena hizo fotocopias en color del retrato y lo escaneó para enviárselo por correo electrónico y mensaje.
En breve el inspector y María Luisa Cuesta recibieron la imagen de la desaparecida.
—¡Qué gran avance! —se alegró Angus—. ¡Por fin algo concreto sobre ella!
—¿Tú crees que será fiable?
—Si me dices que lo ha hecho cualquiera, con un programa de ordenador, ese en el que quitan y ponen ojos, pelucas, labios, formas de las caras o barbillas, te diría que bueno, que serviría para descartar a ciertas personas, pero no si lo ha hecho Almudena Carrión.
—¿Quién es?
—Es una artista con todas las letras. Tiene mucha sensibilidad con los testigos y sabe guiarse por sus recuerdos, como un barco por peligrosos acantilados.
Incluso cuando piensas que no te fijaste, ella tiene un don, una intuición, que es fantástica.
Es increíble cuando, al encontrar a alguien, gracias a sus retratos robot y luego, al compararlo con el original, es decir, el ser humano vivito y coleando, nos hemos quedado verdaderamente sorprendidos con el parecido.
—Una persona de esa valía nos vendría bien en el CNI. Tenemos mucha tecnología, pero el elemento humano es imprescindible —se admiró Marisa.
—No la tenemos en plantilla, no quiere. Necesita el resto de su tiempo para su arte. No veas qué pinturas y esculturas más originales hace.
Observaron con detenimiento el retrato de la rubia. Era una chica atractiva, joven. Esos detalles no se habían apreciado de ninguna manera ni en las cámaras del autobús ni en las demás de los edificios de la plaza de Cibeles.
—¿Serviría de algo pasarlo a los medios de comunicación? —preguntó la funcionaria.
—Claro que sí y seguramente tendríamos resultados inmediatos, aunque habría que expurgar entre miles de llamadas o mensajes, pero nos han encomendado discreción en su búsqueda.
Ten en cuenta que quienes tienen interés en encontrarla son la Asociación de Víctimas del 17-N y la Comunidad de Madrid, para que se reconozca su labor heroica.
Por un lado, piensa que si ella se fue sin recibir atención médica oficial sería por algo.
Imagina que sea una persona que, como apuntaste, se encuentra en situación ilegal en nuestro país, por ejemplo, que huye de alguna persona que le quiere hacer daño.
Flaco favor le haríamos si difundiéramos su imagen por todo el país.
Y por otro, ten en cuenta que también querían saber si la chica es trigo limpio.
» Más de una vez un llamado «héroe» ha resultado ser un fiasco. Acuérdate de ese profesor que se quedó en coma por defender a una mujer de una agresión y luego, cuando despertó, hacía comentarios machistas y homófobos.
Largo y escabroso es el camino que del infierno conduce a la vida.
Morgan Freeman
Seven