Capítulo 50 — Un o una vicepresidente en camino #2
—Primero, tiene que aprender a recoger sus juguetes. Después tiene que aprender a compartir. Y cuando sea grande, puede ayudarme con mi oficina.
Alexandra ya estaba sonriendo de oreja a oreja.
—¿Con tu oficina?
—Sí, mamá. Porque cuando tú y mamá Eli estén ocupadas, yo voy a ser la presidenta.
Eli no pudo contener la carcajada.
—¿Y qué puesto tendrá el bebé?
Alexa respondió sin vacilar:
—¡Va a ser la vicepresidenta!
Aquello hizo que Alexandra se doblara de la risa, mientras Eli se cubría el rostro con ambas manos.
—¡No puede ser! —exclamó Alexandra—. ¡Ya está repartiendo cargos en la empresa!
Alexa las miró, confundida por la reacción.
—¿Qué? Si yo voy a ser la presidenta, necesito una vicepresidenta.
Eli la atrajo hacia sus brazos y le dio un beso en la mejilla.
—Me parece que tu hermanito o hermanita va a tener una jefa muy exigente.
—Como mamá Alexandra —respondió Alexa con naturalidad.
Alexandra dejó de reírse durante un instante.
—¿Perdón?
La niña la abrazó rápidamente.
—Pero tú eres la mejor presidenta, mamá.
Eli soltó otra carcajada al ver la expresión de su esposa.
—Te acaba de halagar para que no la regañes.
—Es una estrategia empresarial —respondió Alexandra, fingiendo seriedad—. Y debo admitir que es bastante buena.
Alexa sonrió, satisfecha de haber resuelto la situación.
Después se volvió hacia Eli y, con mucho cuidado, apoyó una mano sobre su vientre.
—¿Mi hermanita puede escucharme?
Eli sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas.
—Todavía es muy pequeñita, cariño. Pero puedes hablarle si quieres.
Alexa se acercó un poco más.
—Hola, vicepresidenta. Soy tu hermana mayor. Cuando llegues, te voy a enseñar todo. Pero tienes que hacerme caso porque yo sé muchas cosas.
Alexandra y Eli se miraron, emocionadas.
La pequeña continuó hablando con el bebé, explicándole cómo era la casa, dónde estaban sus juguetes y por qué su abuelo era la persona indicada para conseguir cualquier cosa que quisiera.
—Aunque mamá Alexandra dice que no debo pedir tantos regalos —añadió—. Pero el abuelo sí me compra.
—¡Alexa! —exclamó Alexandra.
La niña levantó la cabeza con una sonrisa inocente.
—¿Qué, mamá? Solo le estoy explicando cómo funciona nuestra familia.
Eli ya no podía dejar de reír.
Alexandra intentó mantener una expresión severa, pero terminó riéndose también.
Cuando Alexa volvió a abrazarlas, las dos la rodearon con sus brazos. Durante unos instantes permanecieron así, compartiendo aquella alegría que había transformado un día cualquiera en un recuerdo que ninguna olvidaría.
—¿Me van a seguir queriendo cuando nazca el bebé? —preguntó Alexa de repente.
La pregunta hizo desaparecer las sonrisas de broma. Eli la apartó suavemente para mirarla a los ojos.
—Mi amor, claro que sí.
Alexandra le acarició las mejillas.
—Nuestro amor por ti nunca va a disminuir. Vamos a querer al bebé con todo nuestro corazón, igual que te queremos a ti. Tú siempre vas a ser nuestra primera niña, la que nos convirtió en madres y nos enseñó tantas cosas.
Eli besó su frente.
—Y ahora vas a enseñarnos a ser madres de dos niños. Vas a ser una hermana mayor maravillosa.
Alexa pareció tranquilizarse. Rodeó el cuello de ambas y las abrazó con fuerza.
—Entonces voy a cuidar a mi vicepresidenta.
—Eso esperamos —respondió Alexandra, besándola en la mejilla—. Pero recuerda que mamá Eli y yo seguiremos tomando las decisiones importantes.
Alexa se apartó y la miró con absoluta seriedad.
—Sí, mamá. Por ahora.
Eli volvió a reírse, y Alexandra negó con la cabeza, fingiendo resignación.
—Estamos perdidas.
—Completamente —confirmó Eli.
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Esa noche, después de acostar a Alexa, Alexandra y Eli permanecieron unos minutos en el dormitorio, hablando en voz baja.
Desde la cama podían escuchar el silencio tranquilo de la casa. Alexandra tenía una mano entrelazada con la de su esposa y la otra descansaba suavemente sobre su vientre.
—¿En qué piensas? —preguntó Eli.
Alexandra sonrió.
—En que hace unas semanas me dijiste que querías otro hijo y yo no imaginaba lo rápido que iba a cambiar nuestra vida.
—¿Te arrepientes?
Alexandra giró inmediatamente la cabeza para mirarla.
—Ni se te ocurra volver a preguntarme eso.
Eli sonrió.
—Solo quería escucharte decirlo.
Alexandra se acercó y le dio un beso lento.
—No me arrepiento de nada. Estoy feliz, amor. Feliz de que vayamos a tener otro bebé y de que Alexa esté tan emocionada. Aunque quizá debamos explicarle que no puede nombrarse presidenta de la familia.
—Creo que esa batalla ya la has perdido.
—No pienso rendirme.
Eli se rio y apoyó la cabeza en su hombro.
—¿Te imaginas cómo será nuestra vida dentro de unos meses?
Alexandra miró el vientre de su esposa con una ternura que no intentó disimular.
—Habrá más juguetes por toda la casa, más noches sin dormir y seguramente una Alexa convencida de que su hermanito o hermanita debe obedecer todas sus órdenes.
—Y nosotras estaremos ahí para enseñarles a compartir, a quererse y a crecer juntos.
Alexandra besó su cabello.
—No podría imaginar una familia mejor.
Eli levantó la cabeza y la besó en los labios.
—Yo tampoco.
Se acomodaron bajo las sábanas, abrazadas, mientras comenzaban a imaginar los meses que tenían por delante: las consultas médicas, la elección del nombre, los preparativos y el día en que podrían sostener al nuevo integrante de la familia.
Todavía no sabían si sería niño o niña.
Pero Alexa ya había decidido que tendría un cargo importante en Woods International.
Y, por la sonrisa de Alexandra, no había ninguna duda de que aquella pequeña vicepresidenta iba a llegar a una familia dispuesta a amarla con todo el corazón.