Capítulo 50 — Un o una vicepresidente en camino
Desde que Eli le había confesado a Alexandra que deseaba tener otro hijo, la vida matrimonial de ambas había adquirido una nueva intensidad.
Alexandra Woods siempre había sido una mujer apasionada, segura de sí misma y acostumbrada a conseguir lo que quería.
Sin embargo, desde que su esposa le había propuesto ampliar la familia, parecía haber descubierto una nueva razón para olvidarse de cualquier obligación que no fuera estar a su lado.
Y Eli estaba encantada con aquella faceta de su esposa.
Por las mañanas, apenas despertaban, Alexandra buscaba sus labios antes incluso de saludarla.
A media mañana, si ambas coincidían en la oficina y sus agendas se lo permitían, Eli recibía algún mensaje atrevido que la hacía sonreír frente a la pantalla.
Durante la pausa del almuerzo, Alexandra encontraba cualquier excusa para acercarse a su esposa, y por las noches, cuando finalmente estaban solas, parecía que la presidenta de Woods International no tenía ninguna intención de dejarla dormir temprano.
—Alexandra, mañana tienes una reunión a las ocho —le recordó Eli una noche, mientras su esposa le llenaba el rostro de besos.
—Lo sé.
—Y debes revisar los documentos del proyecto europeo.
—También lo sé.
—Entonces, ¿por qué sigues besándome?
Alexandra se apartó apenas lo suficiente para mirarla a los ojos.
—Porque eres mi esposa, porque te amo y porque estamos intentando tener otro bebé. ¿Necesitas alguna otra explicación?
Eli soltó una carcajada.
—Eres incorregible.
—Y tú estás muy enamorada de mí.
—Lamentablemente.
Alexandra fingió ofenderse y se llevó una mano al pecho.
—¿Lamentablemente?
Eli la atrajo hacia ella y le dio un beso.
—Muchísimo.
Aquella respuesta fue suficiente para que Alexandra olvidara cualquier protesta.
Es que Eli me tienes todo el tiempo excitada, con solo verte ya se me para, y ahora lo único que quiero es seguir amándote, Alexandra se ubicó entre las piernas de Eli, y guió su miembro en su entrada y empezó a bombear, no contenta con eso experimento diferentes posiciones con su esposa, cuando terminaban volvía a armarse y lo hacían de diferente posición, mi amoooor voy a estallar estar dentro de ti me pone mucho, uuuf siii Eliiii, te amoooo Eliii,Alexxx no pares Dios, siii ahhhh ahhh Alex me vendo Alex siiiiik ahhhhhh.
Ambas cayeron exaustas sobre la cama con el cuerpo sudado.
Los días siguientes transcurrieron entre responsabilidades empresariales, momentos familiares y una intimidad renovada.
Alexandra parecía vivir más enamorada y apasionada que nunca, hasta el punto de que Eli empezó a bromear con que su esposa estaba convirtiendo la búsqueda de un nuevo bebé en un proyecto prioritario de Woods International.
—Estoy empezando a sospechar que vas a abrir un departamento exclusivamente para esto —le comentó Eli una mañana, mientras desayunaban juntas.
Alexandra dejó su taza sobre la mesa.
—No es una mala idea. Podría nombrarme directora.
—Ni se te ocurra.
—Presidenta, entonces.
Eli soltó una carcajada.
—Definitivamente, nuestra hija tiene a quién parecerse.
Como si hubiera escuchado su nombre, Alexa apareció en la cocina con el cabello revuelto y su muñeca favorita bajo el brazo.
—¿De qué se ríen?
Alexandra la sentó sobre sus piernas.
—De nada, mi amor. Cosas de adultos.
Alexa entrecerró sus ojos verdes.
—Eso dicen siempre cuando no quieren contarme algo.
Eli tuvo que ocultar una sonrisa detrás de su taza.
—Termina tu desayuno, pequeña detective.
—Está bien. Pero algún día voy a descubrir todos sus secretos.
Alexandra besó su mejilla.
—No lo dudo, princesa.
Y, por la manera en que Alexa la miró, quedó claro que acababa de aceptar aquello como un desafío personal.
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Las semanas pasaron y, aunque Alexandra y Eli continuaron disfrutando de aquella etapa de su matrimonio, ninguna de las dos podía saber con certeza cuándo llegaría el momento que tanto esperaban.
Alexandra intentaba disimular su impaciencia, pero Eli conocía cada uno de sus gestos. Sabía cuándo su esposa estaba preocupada, cuándo algo la emocionaba y cuándo fingía que no le importaba una situación que, en realidad, ocupaba todos sus pensamientos.
Una mañana, Eli comenzó a sentirse diferente.
Al principio creyó que se trataba del cansancio acumulado. Había tenido varias jornadas intensas en la empresa y no le dio demasiada importancia a las pequeñas molestias que aparecieron durante los días siguientes.
Sin embargo, cuando las sospechas comenzaron a hacerse más fuertes, decidió hacerse una prueba.
Alexandra estaba en el despacho de casa, revisando unos documentos, cuando Eli apareció en la puerta.
—Amor, ¿estás ocupada?
Alexandra levantó la mirada inmediatamente.
—Para ti, nunca. ¿Qué pasa?
Eli entró y cerró la puerta detrás de ella.
Su expresión hizo que Alexandra dejara los documentos a un lado.
—Eli, me estás asustando. ¿Te encuentras bien?
—Sí. Bueno, creo que sí.
—¿Crees?
Eli respiró profundamente y extendió una mano.
Alexandra vio la prueba de embarazo y se quedó inmóvil.
Durante unos segundos, ninguna de las dos habló.
La presidenta de Woods International, capaz de enfrentarse a una sala llena de inversionistas sin pestañear, miró aquel pequeño objeto como si acabara de recibir la noticia más importante de su vida.
—¿Eso significa…? —preguntó con la voz más baja de lo habitual.
Eli asintió. Tenía los ojos llenos de lágrimas y una sonrisa que no podía contener.
—Estoy embarazada, Alexandra.
Su esposa se levantó tan rápido que la silla retrocedió unos centímetros.
—¿De verdad?
—Sí, amor.
—¿Vamos a tener otro bebé?
Eli volvió a asentir.
Alexandra la abrazó con fuerza, levantándola apenas del suelo antes de recordar que debía tratarla con cuidado.
—¡Vamos a tener otro bebé!
Eli se rio entre lágrimas mientras Alexandra le llenaba el rostro de besos.
—Despacio, esposa mía. Todavía no hemos ido al médico.
Alexandra se detuvo de inmediato.
—Tienes razón. Vamos a pedir una cita para confirmar que todo esté bien. Quiero que te revisen, que nos expliquen cómo debemos cuidarte y que no te falte absolutamente nada.
Eli le acarició la mejilla.
—Sabía que ibas a reaccionar así.
—¿Cómo esperabas que reaccionara? ¡Me acabas de decir que vamos a tener otro hijo!
Alexandra volvió a abrazarla y apoyó la frente contra la suya.
—Te amo tanto, Eli. No sabes cuánto deseaba que llegara este momento.
—Yo también te amo.
—Y te prometo que voy a cuidarte durante todo el embarazo.
Eli sonrió con picardía.
—¿Incluso si me pongo insoportable?
—Especialmente si te pones insoportable.
—¿Y si tengo antojos a las tres de la madrugada?
—Mandaré a comprar lo que quieras.
—¿Y si quiero algo que no existe en esta ciudad?
Alexandra alzó la barbilla con arrogancia.
—Entonces tendré que ampliar mis contactos comerciales.
Eli estalló en carcajadas.
—¡No puedes negociar con todo el mundo!
—Todavía no has visto de lo que soy capaz cuando se trata de mi familia.
Eli la besó, emocionada. En aquel instante, el futuro que habían imaginado juntas empezaba a tomar forma.
Ya no era solamente un deseo compartido.
Había una nueva vida en camino.
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Después de concertar una cita médica para confirmar el embarazo y recibir las primeras indicaciones, Alexandra y Eli decidieron que había llegado el momento de compartir la noticia con la persona que más cambiaría su vida con la llegada del bebé.
Alexa.
Ambas querían contárselo juntas, sin prisas, para que su hija pudiera expresar todas las preguntas y emociones que seguramente surgirían.
Aquella tarde, cuando regresaron a casa, encontraron a Alexa en la sala, construyendo una torre con sus bloques de colores. La niña levantó la cabeza en cuanto escuchó entrar a sus madres.
—¡Mamá Alexandra! ¡Mamá Eli! ¡Vengan a ver mi edificio!
Alexandra se acercó y se agachó junto a ella.
—Es precioso, princesa.
—Tiene muchas oficinas. Esta es la de mamá Alexandra, esta es la de mamá Eli y esta es la mía.
Eli sonrió.
—¿Y qué haces tú en tu oficina?
Alexa respondió como si la pregunta fuera demasiado sencilla.
—Mando.
Alexandra miró a su esposa.
—No sé de dónde saca esas ideas.
—Debe ser una influencia misteriosa —respondió Eli, intentando contener la risa.
Las dos se sentaron junto a su hija. Alexandra intercambió una mirada con Eli antes de tomar suavemente las manos de Alexa.
—Cariño, tenemos algo importante que contarte.
La niña abandonó inmediatamente los bloques.
—¿Qué pasó?
—Nada malo, mi amor —se apresuró a aclarar Eli—. Es una noticia bonita.
Alexa miró primero a una madre y después a la otra.
—¿Me van a comprar un regalo?
Alexandra soltó una carcajada.
—¿Por qué siempre piensas en regalos?
—Porque a veces las noticias bonitas vienen con regalos.
Eli le acarició el cabello.
—Esta vez tenemos algo mucho más importante que un regalo.
Alexa se quedó muy quieta, esperando.
Alexandra le tomó una manita entre las suyas.
—Mi amor, vas a tener un hermanito o una hermanita.
Durante unos segundos, Alexa no dijo nada.
Miró a Alexandra, luego a Eli y finalmente volvió a mirar el vientre de su madre, como si esperara encontrar al bebé allí mismo.
—¿De verdad?
Eli asintió, emocionada.
—Sí, cariño. Hay un bebé en mi vientre. Todavía es muy pequeñito, pero si todo sigue bien, dentro de unos meses llegará a nuestra familia.
Alexa abrió la boca con asombro.
—¿Voy a tener una hermana?
Alexandra sonrió.
—Todavía no sabemos si será niño o niña.
La niña pareció considerar aquella información con mucha seriedad. Después, su rostro se iluminó con una sonrisa traviesa.
—¡Me gusta!
Eli soltó el aire que había estado conteniendo.
—¿Sí, mi amor? ¿Te gusta la idea de tener un hermanito o una hermanita?
—¡Sí! —respondió Alexa con entusiasmo—. Así voy a poder mandarle cosas.
Alexandra parpadeó.
—¿Mandarle cosas?
—Sí. Yo soy la hermana mayor. Entonces puedo enseñarle todo lo que tiene que hacer.
Eli se llevó una mano a la boca para disimular la risa.
—¿Y qué vas a enseñarle?
Alexa se enderezó con toda la dignidad que podía reunir una niña de cuatro años.