Capítulo 48 — Un beso en la oficina y un abuelo enamorado
Alexandra Woods estaba revisando unos informes en su despacho cuando escuchó unas risas provenientes del pasillo.
Al principio no les prestó demasiada atención. En Woods International siempre había alguien conversando, celebrando el cierre de un contrato o discutiendo sobre algún proyecto. Sin embargo, aquella risa le resultó familiar.
Demasiado familiar.
Dejó el bolígrafo sobre el escritorio y se levantó para acercarse a la puerta. Cuando la abrió, encontró a Sofía frente a Lucas, hablando en voz baja y con una sonrisa que Alexandra no le veía desde hacía mucho tiempo.
Su hermano tenía una mano apoyada en la cintura de su amiga, mientras Sofía le acariciaba discretamente la mejilla.
Alexandra entrecerró los ojos.
—¿Interrumpo algo?
Los dos se separaron tan rápido que parecieron dos empleados sorprendidos robando documentos confidenciales.
—¡Alexandra! —exclamó Sofía, acomodándose el cabello—. No te escuchamos salir.
—Eso ya lo veo. —Alexandra cruzó los brazos y miró primero a su amiga y después a su hermano—. ¿Me van a explicar qué está pasando o tengo que llamar al departamento de seguridad para que investigue esta situación?
Lucas soltó una carcajada nerviosa.
—No exageres.
—¿Yo? —Alexandra se llevó una mano al pecho, fingiendo indignación—. Acabo de encontrar a mi hermano y a mi mejor amiga escondidos en un pasillo, comportándose como adolescentes que acaban de descubrir el amor. Creo que estoy siendo bastante razonable.
Sofía se tapó la cara durante unos segundos.
—No estábamos escondidos.
—Por supuesto. Solamente estaban buscando un lugar apartado para besarse. Una actividad perfectamente normal durante el horario laboral.
—Alexandra… —advirtió Lucas.
—¿Qué? Soy la presidenta de esta empresa. Tengo derecho a saber si mi hermano está distraído durante las horas de trabajo.
—Estábamos hablando.
—¿Con la boca tan cerca?
Sofía no pudo contener la risa.
—Eres insoportable.
—Y tú estás besando a mi hermano. Creo que ambas tenemos cosas que explicarnos.
Alexandra se hizo a un lado y señaló su despacho.
—Los dos. Adentro. Ahora.
Lucas suspiró, mientras Sofía lo miraba con una mezcla de diversión y preocupación.
—Te dije que algún día nos descubriría —murmuró ella.
—No pensé que sería así —respondió él.
—¿Preferías que nos encontrara en una reunión de directorio?
—Prefería que no nos encontrara.
—Qué pena. —Alexandra los empujó suavemente hacia su despacho—. Porque ahora quiero todos los detalles.
Una vez dentro, Alexandra cerró la puerta y se sentó detrás de su escritorio. Lucas y Sofía permanecieron de pie frente a ella, como si estuvieran a punto de recibir una sanción disciplinaria.
La presidenta de Woods International los observó con una seriedad tan exagerada que Sofía terminó soltando otra carcajada.
—¿Cuánto tiempo? —preguntó Alexandra.
Lucas miró a Sofía antes de contestar.
—Unos meses.
Alexandra abrió mucho los ojos.
—¿Unos meses?
—Sí.
—¿Meses? ¿Plural? ¿Más de uno?
—Alexandra, sabes perfectamente lo que significa la palabra meses —respondió Lucas.
—No me hables como si fuera una empleada que no entiende un informe financiero. ¡Mi hermano y mi mejor amiga llevan meses saliendo y nadie consideró oportuno informarme!
Sofía se sentó frente al escritorio.
—No queríamos ocultártelo para siempre. Solo necesitábamos estar seguros de lo que sentíamos antes de contártelo a los demás.
La expresión de Alexandra cambió ligeramente.
—¿Y están seguros?
Esta vez, Lucas no bromeó.
Miró a Sofía con una ternura que Alexandra conocía muy bien. Era la misma expresión que había visto en los ojos de Eli cuando creía que nadie la estaba observando.
—Sí —contestó Lucas—. Estoy seguro de que quiero estar con ella.
Sofía bajó la mirada, sonriendo.
—Y yo quiero estar con él.
Alexandra permaneció en silencio unos segundos. Después apoyó los codos sobre el escritorio y entrelazó los dedos.
—Bien. Entonces tengo algunas preguntas.
—Sabía que esto iba a pasar —murmuró Lucas.
—Primera pregunta: ¿mi hermano está tratando bien a mi mejor amiga?
—Alexandra… —protestó Lucas.
—No te pregunté a ti.
Sofía sonrió.
—Sí. Me trata muy bien.
—Segunda pregunta: ¿mi mejor amiga está tratando bien a mi hermano?
—También —respondió Lucas, antes de que Sofía pudiera hablar.
Alexandra lo señaló con un dedo.
—Nadie te dio permiso para responder.
—Esto es absurdo.
—Tercera pregunta: ¿alguno de los dos está pensando en hacerle daño al otro?
La broma desapareció del rostro de Sofía.
—No, Alexandra. Nos queremos. Precisamente por eso queríamos mantenerlo en privado mientras descubríamos cómo manejar esta relación sin complicar nuestra amistad contigo.
Alexandra los observó con atención. Podía seguir fingiendo que estaba furiosa, pero la verdad era que verlos juntos le producía una satisfacción inesperada.
Quería a Sofía como a una hermana y, aunque jamás se lo admitiría con facilidad, también quería a Lucas lo suficiente como para desearle una felicidad que no dependiera de su apellido ni de la fortuna familiar.
—Está bien —dijo finalmente.
Lucas parpadeó.
—¿Está bien?
—Sí. Pueden salir juntos.
—¡Qué alivio! —exclamó Sofía, llevándose una mano al corazón.
—No he terminado.
Los dos volvieron a ponerse serios.
Alexandra se levantó y rodeó el escritorio.
—No pienso meterme en su relación. No voy a exigirles que me cuenten cada detalle ni voy a convertir sus citas en reuniones empresariales. Pero si alguno lastima al otro, tendré una conversación muy seria con esa persona.
—Eso suena a amenaza —comentó Lucas.
—Es una promesa fraternal.
Sofía se levantó y abrazó a Alexandra.
—Gracias.
Alexandra la rodeó con los brazos.
—No tienes que agradecerme nada. Solo quiero que seas feliz.
Cuando se separaron, Alexandra miró a su hermano.
—Y tú, Lucas, más te vale cuidar a esta mujer.
—Lo haré.
—Porque si la haces llorar…
—Ya entendí.
—No, todavía no. Soy capaz de convertir tu vida en una pesadilla administrativa.
Lucas soltó una carcajada.
—Ahora entiendo por qué Eli se ríe cuando dice que eres imposible.
—Eli tiene muy buen gusto para elegir a las personas que ama. No la metas en esto.
—Hablando de Eli —intervino Sofía—, ¿no tienes una reunión con ella dentro de unos minutos?
Alexandra miró el reloj y soltó una maldición por lo bajo.
—¡Maldita sea! Me distrajeron con su romance secreto.
—Tú fuiste quien nos interrogó —le recordó Lucas.
—Fuera de mi despacho.
Los dos salieron riéndose, pero antes de que Sofía cerrara la puerta, Alexandra volvió a llamarla.
—¡Sofía!
Su amiga asomó la cabeza.
—¿Sí?
—La próxima vez que beses a mi hermano, procura elegir un lugar donde no puedan descubrirlos todos los empleados.
Sofía se puso roja.
Lucas, desde el pasillo, respondió con una sonrisa:
—¡Tomaremos nota, presidenta!
Alexandra cerró la puerta mientras negaba con la cabeza.
Aquella familia terminaría volviéndola loca.
Y, aunque jamás lo admitiría en voz alta, no cambiaría nada de aquello.
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Apenas unos minutos después, la puerta de su despacho volvió a abrirse.
Esta vez fue Eli quien entró.
Llevaba una carpeta bajo el brazo y una expresión que mezclaba profesionalismo con diversión.
—Me informaron de que hubo un pequeño incidente en el pasillo.
Alexandra alzó la mirada.
—¿Quién te lo dijo?
—La mitad de la empresa.
—Voy a despedir a todos.
Eli dejó la carpeta sobre el escritorio y se acercó a ella.
—¿Por sorprender a tu hermano besando a Sofía?
—Por hablar demasiado durante el horario laboral.
Eli sonrió y apoyó las manos en los hombros de su esposa.
—¿Y qué decidiste?
—Les concedí mi bendición.
—Qué generosa.
—No te burles de mí.
—Jamás me atrevería.
Alexandra la tomó por la cintura y la atrajo hacia ella.
—Estás burlándote de mí ahora mismo.
—Un poquito.
Eli le dio un beso en los labios.
Alexandra, que podía dirigir negociaciones millonarias sin perder la calma, se olvidó por unos segundos de todos los informes que tenía sobre el escritorio.
—Te amo —murmuró cuando se separaron.
—Yo también te amo.
Eli le acarició la mejilla y después miró hacia la puerta.
—Por cierto, ¿sabes quién acaba de llegar a la empresa?
Alexandra frunció el ceño.
—¿Un inversionista?
—No exactamente.
—¿Un proveedor?
—Tampoco.
—Eli, tengo una agenda llena. Si vas a jugar a las adivinanzas, al menos dame una pista.
Su esposa sonrió.
—Tu padre.
Alexandra se quedó inmóvil.
—¿Mi padre está aquí?
—Sí. Llegó hace unos minutos y pidió que le prepararan los informes financieros de las últimas semanas.
Alexandra suspiró.
—Perfecto. Seguro viene a revisar cada decisión que he tomado y a recordarme que todavía considera que soy demasiado joven para dirigir Woods International.
Eli soltó una risa suave.
—Tal vez deberías ir a saludarlo antes de acusarlo de algo.
—Lo conozco.
—Y él te conoce a ti. Por eso probablemente ya sabe que estás imaginando una discusión que todavía no ha ocurrido.
Alexandra se levantó y tomó su chaqueta.
—Voy a descubrir qué quiere.
Eli la sujetó de la mano antes de que llegara a la puerta.
—Alexandra.
Ella se volvió.
—¿Qué?
—No todo lo que hace tu padre tiene que ser una prueba de autoridad.
La heredera guardó silencio unos instantes.
—Lo sé.
Eli le dio un beso breve.
—Entonces ve a verlo.
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Ricardo Woods se encontraba en una de las salas privadas de la empresa cuando Alexandra llegó.
Tenía varios informes sobre la mesa y los estaba revisando con una concentración que habría convencido a cualquiera de que había acudido exclusivamente para evaluar la situación financiera de Woods International.
Sin embargo, Alexandra conocía demasiado bien a su padre.
—Buenos días, papá.
Ricardo levantó la mirada.
—Buenos días, hija.
Alexandra se acercó y lo besó en la mejilla antes de sentarse frente a él.
—Eli me dijo que pediste los informes financieros.
—Así es.
—¿Hay algún problema?
—Todavía no lo sé. Estoy revisándolos.
Alexandra cruzó los brazos.
—Puedes preguntarme directamente si quieres saber algo sobre la empresa. No necesitas venir personalmente a examinar cada documento.
Ricardo dejó las hojas sobre la mesa y la miró con una sonrisa discreta.