Capítulo 44 — Un beso que no debía existir #2
Los representantes de la compañía europea se encontraban reunidos con los miembros de las dos delegaciones. Angi ya estaba allí, conversando con uno de los inversionistas.
Al ver entrar a Alexandra y Eli, interrumpió la conversación para saludarlas.
—Qué elegantes están hoy.
Alexandra le dedicó una sonrisa profesional.
—Espero que la presentación de esta tarde esté a la altura de tus expectativas.
—Estoy segura de que lo estará.
Angi dirigió su atención a Eli.
—Y tú estás especialmente hermosa, Eli.
—Gracias, Angi.
—Supongo que Alexandra tiene muchos motivos para sentirse afortunada.
Eli sostuvo su mirada sin perder la compostura.
—Los tiene.
La respuesta fue tan sencilla y segura que Angi tardó un instante en reaccionar.
Alexandra, por su parte, sintió una satisfacción silenciosa.
Eli no necesitaba elevar la voz ni recurrir a provocaciones para dejar claro cuál era su lugar en la vida de Alexandra.
Era su esposa.
La madre de su hija.
La mujer con la que había decidido compartir su futuro.
Y Alexandra estaba orgullosa de ello.
Un representante de la compañía europea pidió a todos que tomaran asiento.
La conversación terminó.
La decisión estaba a punto de anunciarse.
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El director del comité de inversión se puso de pie con una carpeta en las manos.
—En primer lugar, queremos agradecer a ambas empresas por la calidad de sus propuestas. Hemos estudiado cuidadosamente las proyecciones financieras, las estrategias de expansión, la capacidad operativa de los equipos y las condiciones presentadas por cada compañía.
Alexandra permaneció inmóvil junto a Eli.
Angi mantenía una expresión segura, aunque sus dedos tamborileaban suavemente sobre la mesa.
El representante continuó:
—Ambas propuestas demostraron un nivel elevado de preparación. Sin embargo, después de analizar los riesgos, la viabilidad a largo plazo y la capacidad de ejecución, el comité ha decidido seleccionar a…
Hizo una breve pausa.
—Woods International.
Durante un segundo, Alexandra no se movió.
Después, una sonrisa lenta apareció en su rostro.
Eli sintió que el orgullo le llenaba el pecho.
Habían ganado.
Alexandra se puso de pie y estrechó la mano del representante.
—Agradecemos la confianza depositada en nuestra empresa. Nos comprometemos a cumplir los objetivos establecidos y a construir una colaboración que genere resultados sólidos para todas las partes.
Eli se unió a ella y comenzó a conversar con los responsables financieros para acordar los siguientes pasos.
La felicitación de los inversionistas fue seguida por una breve ronda de saludos.
Angi, en cambio, permaneció sentada unos segundos más.
La noticia le había caído como un golpe directo al orgullo.
Había preparado una propuesta excelente. Había defendido su estrategia con seguridad y estaba convencida de que tenía posibilidades reales de ganar.
Pero el comité había elegido a Woods International.
Y Alexandra Woods acababa de demostrar que seguía siendo una rival difícil de vencer.
Angi se levantó finalmente y se acercó a ella.
—Felicidades, Alexandra.
—Gracias.
—Has ganado esta vez.
—No esperaba otra cosa.
Angi soltó una risa seca.
—Sigues siendo insoportable.
—Y tú sigues sin saber perder.
—No confundas mi decepción con una derrota definitiva.
Alexandra inclinó ligeramente la cabeza.
—Jamás lo haría.
Angi la miró fijamente.
—Disfruta de tu victoria. Te la has ganado.
—Eso pienso hacer.
Eli se acercó justo cuando Angi extendía la mano hacia Alexandra.
Las dos empresarias se estrecharon la mano delante de los presentes.
Por fuera, el gesto fue impecable.
Por dentro, Angi estaba hirviendo.
Y la idea de que Alexandra se marchara con su esposa, celebrara el triunfo con ella y continuara con su vida como si el pasado no hubiera significado nada para ninguna de las dos le resultaba mucho más irritante de lo que estaba dispuesta a admitir.
No pensaba aceptar aquella derrota con tanta facilidad.
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La reunión terminó y los equipos comenzaron a abandonar la sala.
Eli se encontraba hablando con uno de los representantes cuando Alexandra se acercó para comunicarle que ya habían acordado los primeros pasos del contrato.
—Lo conseguimos —dijo Alexandra, con una sonrisa que rara vez mostraba en público.
Eli la miró.
Por primera vez en todo el día, el orgullo pudo más que su enfado.
—Lo conseguimos, amor.
Alexandra sintió que aquella palabra le devolvía algo de esperanza.
—Fuiste extraordinaria durante la presentación.
—Tú también.
—Lo sé, pero me gusta escucharlo de ti.
Eli casi sonrió.
Casi.
Alexandra estaba a punto de decir algo más cuando Angi apareció junto a ellas.
—Interrumpo una celebración familiar, por lo que veo.
—¿Necesitas algo, Angi? —preguntó Alexandra.
—Solo despedirme de mi antigua rival.
Angi extendió la mano.
Alexandra, pensando que se trataba de un gesto cordial, la estrechó.
—Espero que volvamos a coincidir en otra negociación.
—Estoy segura de que lo haremos.
Angi no soltó su mano inmediatamente.
Sus dedos se cerraron alrededor de los de Alexandra durante un segundo más de lo necesario.
—Siempre ha sido interesante competir contigo —añadió—. Aunque algunas de las cosas más interesantes que compartimos no tuvieron nada que ver con los negocios.
La expresión de Alexandra se endureció.
—Angi, no empieces.
—¿Empezar qué? Solo estoy despidiéndome.
Eli se quedó inmóvil a su lado.
Angi la miró brevemente, consciente de que había conseguido captar su atención.
Después volvió hacia Alexandra.
—¿No me darás un último abrazo? Después de todo, hemos compartido buenos momentos.
—No creo que sea apropiado.
—¿Ahora te preocupa lo que parezca apropiado?
Alexandra retiró la mano.
—Estoy casada, Angi. Respeta eso.
Por un instante, la sonrisa de Angi vaciló.
Pero el orgullo herido pudo más que la prudencia.
—Claro. Tu esposa está aquí. No querría que tuviera una mala impresión de mí.
—Ya la estás dando —respondió Alexandra con frialdad.
Angi soltó una carcajada breve.
—Sigues siendo encantadora.
Antes de que Alexandra pudiera apartarse, Angi levantó ambas manos y le tomó el rostro.
Todo ocurrió demasiado rápido.
Alexandra apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando Angi se inclinó y presionó sus labios contra los suyos.
Fue un beso inesperado, invasivo y completamente fuera de lugar.
Alexandra se quedó rígida durante una fracción de segundo por la sorpresa.
Después reaccionó.
La apartó con firmeza, colocando las manos sobre sus muñecas para separarla de ella.
—¡¿Qué demonios te pasa?! —exclamó.
El sonido de su voz hizo que varias personas se volvieran hacia ellas.
Angi retrocedió un paso.
Alexandra se limpió los labios con el dorso de la mano, furiosa.
—Te dije que respetaras mi matrimonio.
La sonrisa de Angi había desaparecido, pero todavía intentaba mantener una expresión desafiante.
—Solo fue un beso, Alexandra.
—No vuelvas a tocarme de esa manera.
—No sabía que un beso pudiera provocar semejante reacción en ti.
—No ha sido el beso lo que me ha molestado. Ha sido que te creas con derecho a hacerlo después de que te dije que no.
La voz de Alexandra era fría y cortante.
—Mi pasado contigo no te da ningún derecho sobre mi presente. No vuelvas a confundir las cosas.