Capítulo 43 — La mujer que conocía su pasado #3
—Lo hizo para provocarme. Sabía que estábamos compitiendo por el mismo contrato y quería sacarme de mis casillas.
Eli cruzó los brazos.
—¿Y lo consiguió?
Alexandra negó con la cabeza.
—No. No le di lo que quería.
—Pero ahora sé algo que no sabía esta mañana.
Alexandra se acercó un poco más.
—Amor, mírame.
Eli no lo hizo inmediatamente.
—Mírame, por favor.
Finalmente, Eli levantó los ojos.
Alexandra tomó sus manos.
—No voy a disculparme por haber tenido una vida antes de ti. No sería justo para ninguna de las dos. Pero sí lamento que hayas tenido que enterarte de una manera tan desagradable y que Angi te haya puesto en esa posición.
Eli tragó saliva.
—No quiero imaginarte con ella.
La sinceridad de aquella frase golpeó a Alexandra con más fuerza que cualquier reproche.
—No tienes que hacerlo. Eso pertenece al pasado.
—No puedo evitarlo.
—Eli…
—No puedo, Alexandra.
Eli retiró lentamente las manos de las suyas.
—Sé que es absurdo. Sé que tú y yo estamos casadas, que tenemos una hija y que me amas. Sé todo eso. Pero cuando recuerdo cómo te miraba, cómo te hablaba y la manera en que sonreía mientras insinuaba que te conocía de una forma que yo no conocía…
Su voz se quebró ligeramente.
—Me resulta insoportable.
Alexandra sintió el impulso de abrazarla, pero Eli retrocedió antes de que pudiera hacerlo.
—Necesito estar sola un momento.
—No quiero que te vayas a dormir enfadada conmigo.
—Y yo no quiero discutir contigo por algo que ocurrió antes de nuestro matrimonio. Pero ahora mismo no puedo hablar más.
Eli tomó su bolso y se dirigió hacia el dormitorio.
Alexandra la siguió con la mirada, desconcertada.
Estaba acostumbrada a enfrentarse a rivales, a directivos difíciles y a negociaciones que podían costarle millones. Sabía cómo responder a una acusación y cómo defender una decisión.
Pero no sabía cómo explicarle a su esposa que el pasado no representaba ninguna amenaza cuando la mujer que amaba parecía estar sufriendo por él.
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Más tarde, Alexandra encontró a Eli sentada en el borde de la cama, revisando distraídamente su teléfono.
Se había cambiado de ropa y parecía más tranquila, aunque no levantó la mirada cuando su esposa entró.
—¿Cómo está nuestra pequeña? —preguntó Alexandra.
—Dormida. La cuidadora me avisó de que había pasado una buena tarde.
Alexandra asintió.
—Me alegro.
El silencio volvió a instalarse entre ambas.
Alexandra se sentó a su lado, dejando una distancia prudente entre ellas.
—No quiero que te quedes con la idea de que Angi significa algo para mí.
Eli bloqueó la pantalla del teléfono.
—No pienso que estés enamorada de ella.
—Entonces, ¿qué piensas?
Eli tardó en responder.
—Pienso que hay una parte de tu vida que no conozco. Y hoy tuve que escuchar a otra mujer hablar de ella delante de mí, como si quisiera demostrarme que estuvo contigo antes de que yo llegara.
Alexandra respiró hondo.
—Entiendo que te haya dolido.
—No sé si lo entiendes del todo.
Aquella respuesta hizo que Alexandra guardara silencio.
Eli se levantó y caminó hacia la ventana.
—No me molesta que hayas amado antes. No me molesta que hayas besado a otras mujeres ni que hayas tenido relaciones. Lo que me molesta es que ella parezca disfrutar haciéndome sentir que hay algo entre ustedes que podría regresar.
Alexandra se puso de pie.
—No va a regresar.
—Eso lo decides tú. Pero no puedo controlar lo que ella siente ni la forma en que intenta provocarte.
—Y no tienes que hacerlo. Yo me encargo de ponerle límites.
Eli se volvió hacia ella.
—¿Lo harás?
—Por supuesto.
—¿Incluso si eso pone en riesgo el contrato?
Alexandra la miró con incredulidad.
—¿Crees que voy a permitir que una antigua aventura interfiera en mi matrimonio?
—No sé qué harás. Hoy vi a una mujer que parecía conocerte muy bien y que no tuvo ningún reparo en recordártelo delante de mí.
Alexandra se acercó despacio.
—Eli, mírame.
Esta vez, Eli obedeció.
—Te elegí a ti. Me casé contigo. Construí una familia contigo y cada día me enamoro más de ti. No hay ninguna comparación posible entre lo que viví antes y lo que tengo ahora.
La expresión de Eli se suavizó apenas, pero el malestar seguía allí.
—Necesito tiempo para dejar de pensar en ello.
Alexandra asintió.
—Te lo daré.
Eli se dirigió al otro lado de la cama y se acomodó bajo las sábanas.
—Buenas noches, Alexandra.
La distancia de aquellas palabras dolió más de lo que Alexandra esperaba.
—Buenas noches, amor.
Alexandra apagó la luz y se acostó a su lado, sin intentar forzar un abrazo que Eli no parecía dispuesta a aceptar.
Durante mucho tiempo, ninguna de las dos habló.
Alexandra permaneció despierta, mirando el techo, mientras intentaba comprender cómo una historia que para ella había terminado hacía años podía haber abierto una grieta en la tranquilidad de su matrimonio.
Eli, por su parte, tenía los ojos cerrados, pero seguía pensando en la sonrisa de Angi, en sus insinuaciones y en la facilidad con la que había pronunciado aquellas palabras.
Todavía recuerdo nuestras noches juntas.
Eli sabía que Alexandra la amaba.
Lo sabía por la forma en que la miraba, por sus cuidados, por la familia que habían construido y por cada gesto que le demostraba que era su elección.
Pero aquella noche descubrió algo que no esperaba sentir con tanta intensidad.
No dudaba del amor de Alexandra.
Lo que no soportaba era imaginar que otra mujer pudiera mirar a su esposa y recordar una intimidad que ella ya no podía cambiar.
Y, sin saberlo, Angi Cotter acababa de despertar una inseguridad que Eli nunca había sentido con tanta fuerza.
Al día siguiente, ambas tendrían que regresar a Woods International.
Y allí estaría Angi.
La mujer que conocía el pasado de Alexandra.
La mujer que parecía dispuesta a utilizarlo para ganar algo más que un contrato.