La heredera del imperio Woods Capítulo 43 — La mujer que conocía su pasado #2
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Capítulo 43 — La mujer que conocía su pasado #2

Habló con seguridad, respondió a las preguntas de los inversionistas y defendió cada cifra sin titubear. No necesitaba levantar la voz para hacerse escuchar. Sabía exactamente qué aspectos de su propuesta debía destacar y cómo convertir las posibles debilidades en oportunidades de negociación.

Alexandra la observó con atención.

No podía negar que Angi era buena.

Muy buena.

Y eso hacía que derrotarla resultara todavía más satisfactorio.

Cuando llegó el turno de Woods International, Eli inició la presentación financiera.

Explicó los costes, los márgenes previstos, los riesgos y los mecanismos de control que permitirían mantener la rentabilidad del proyecto incluso si las condiciones del mercado cambiaban.

No se limitó a presentar cifras favorables: también señaló los posibles obstáculos y explicó cómo pensaban enfrentarlos.

Uno de los inversionistas se inclinó hacia delante.

—Su propuesta parece menos agresiva que la de la empresa anterior. ¿Por qué deberíamos elegir una estrategia con un crecimiento inicial más moderado?

Eli no se dejó intimidar.

—Porque un crecimiento rápido no siempre significa un crecimiento sostenible.

Nuestra propuesta está diseñada para proteger la inversión durante la primera etapa y ampliar las operaciones a medida que los resultados confirmen las proyecciones.

No les estamos ofreciendo una promesa basada en el mejor escenario posible.

Les estamos presentando un plan que contempla también los riesgos.

El inversionista asintió, interesado.

Otro representante intervino:

—¿Y qué ocurriría si la expansión no alcanza los resultados esperados durante los primeros seis meses?

Eli respondió sin consultar sus notas.

—Tenemos indicadores de rendimiento definidos para cada fase. Si alguno queda por debajo de los objetivos, activaremos medidas correctivas antes de comprometer recursos adicionales. No esperaríamos hasta el cierre del ejercicio para reconocer un problema.

Alexandra la observó con orgullo.

Eli no solo conocía el proyecto. Lo comprendía profundamente y sabía defenderlo.

Cuando terminó aquella parte de la exposición, Alexandra tomó el relevo.

Su tono fue más firme, su lenguaje directo y su presencia imposible de ignorar.

—Woods International no está aquí para presentarles una propuesta atractiva sobre el papel. Estamos aquí porque tenemos la capacidad operativa, la experiencia y la estructura necesarias para convertirla en resultados concretos.

Uno de los representantes examinó sus documentos.

—La empresa competidora propone una expansión más rápida. ¿Cómo piensa convencer a nuestros inversionistas de que su modelo es preferible?

Alexandra sonrió ligeramente.

—No pretendo convencerlos de que el crecimiento rápido sea un error.

Pretendo demostrarles que la velocidad, por sí sola, no constituye una estrategia.

Lo que importa es saber cuánto cuesta crecer, qué riesgos se asumen y qué capacidad tiene una organización para sostener ese crecimiento cuando el mercado deja de comportarse como esperaba.

Hizo una pausa antes de continuar.

—Nuestra ventaja no consiste en prometer que nunca tendremos dificultades. Consiste en disponer de los recursos y la experiencia necesarios para responder cuando aparezcan.

La sala permaneció en silencio durante unos segundos.

Alexandra continuó explicando el plan de expansión, las ventajas logísticas y la estructura de supervisión que Woods International pondría a disposición del proyecto.

No improvisó.

No exageró sus cifras.

Y no concedió una sola ventaja a sus competidores.

Cuando la presentación terminó, uno de los inversionistas sonrió.

—Debo admitir que ambas propuestas son sólidas. Necesitaremos tiempo para estudiar los detalles antes de tomar una decisión.

Alexandra se puso de pie y estrechó las manos de los representantes.

—Por supuesto. Estamos a su disposición para cualquier aclaración adicional.

Angi hizo lo mismo.

La reunión había concluido sin que se anunciara una empresa ganadora.

El contrato seguía en juego.

Y Alexandra no tenía intención de permitir que se le escapara.

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Mientras los equipos recogían sus documentos, Angi se acercó nuevamente a Alexandra.

—Tengo que reconocerlo. Tu esposa es extraordinaria.

Alexandra guardó su tableta en el maletín.

—Lo sé.

—Inteligente, preparada y bastante más diplomática que tú.

—Eso no es difícil.

Angi rio.

—Sigues teniendo la misma confianza desmedida en ti misma.

—Y tú sigues hablando de mí como si me conocieras mejor que nadie.

Angi ladeó la cabeza.

—Quizá porque hubo una época en la que te conocí bastante bien.

La expresión de Alexandra se volvió más seria.

—Esa época terminó hace mucho.

—Para ti, quizá.

Angi dejó que aquellas palabras quedaran suspendidas entre ambas antes de mirar hacia Eli, que estaba terminando una conversación con uno de los representantes.

—Dime una cosa, Alexandra. ¿Tu esposa sabe lo que ocurrió entre nosotras?

Alexandra sintió que algo se tensaba en su interior.

—No veo por qué tendría que saberlo.

—Interesante respuesta.

—No juegues conmigo, Angi.

—No estoy jugando. Solo me pregunto si eres tan sincera con ella como pareces.

Alexandra dio un paso hacia la empresaria.

—Mi matrimonio no es asunto tuyo.

Angi mantuvo la sonrisa, aunque sus ojos se endurecieron ligeramente.

—Tranquila. No pretendo destruir tu matrimonio. Pero sería una pena que Eli descubriera por otra persona que su esposa tiene un pasado más interesante de lo que imagina.

—No tienes nada que contar que yo necesite ocultar.

—Entonces no deberías preocuparte.

Angi tomó su bolso.

Antes de marcharse, se inclinó ligeramente hacia Alexandra y añadió en voz baja:

—Aunque debo admitir que todavía recuerdo nuestras noches juntas.

Alexandra apretó la mandíbula.

—Basta.

—Como quieras.

Angi se alejó con una sonrisa satisfecha.

Eli regresó unos segundos después.

—¿Todo bien?

Alexandra recogió su maletín.

—Perfectamente.

—¿Qué quería Angi?

—Hablar de la competencia.

Eli la observó.

—Parecía algo más personal.

—Angi siempre ha tenido la costumbre de hablar demasiado.

Alexandra le ofreció una sonrisa y le rodeó suavemente la cintura.

—Vamos, amor. Tenemos que regresar a casa.

Eli aceptó el gesto, pero mientras caminaban hacia la salida, no pudo dejar de pensar en aquellas palabras.

Hubo una época en la que te conocí bastante bien.

No sabía qué significaban.

Pero quería averiguarlo.

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El trayecto de regreso transcurrió con relativa tranquilidad.

Alexandra habló sobre la presentación, comentó las preguntas de los inversionistas y señaló los puntos en los que consideraba que Woods International había superado a su competidora.

Eli la escuchó, aunque su atención estaba dividida.

Finalmente, cuando llegaron a casa, dejó su bolso sobre el sofá y se volvió hacia su esposa.

—Alexandra, necesito preguntarte algo.

Alexandra se quitó la chaqueta.

—Adelante.

—¿Tú y Angi tuvieron algo?

La pregunta la tomó desprevenida.

Por un instante, Alexandra contempló a Eli sin responder.

No porque se avergonzara de su pasado, sino porque no esperaba que Angi consiguiera llevar aquella conversación hasta su hogar.

—Sí —admitió finalmente—. Salimos juntas algunas veces.

Eli permaneció inmóvil.

—¿Salieron?

—Sí.

—¿Qué significa exactamente eso?

Alexandra dejó la chaqueta sobre una silla.

—Significa que nos conocimos, empezamos a vernos y tuvimos algo durante un tiempo. No éramos pareja formal.

Eli sintió que el estómago se le encogía.

Había sabido desde el principio que Alexandra había tenido otras relaciones antes de conocerla. No era una ingenua ni pretendía que su esposa hubiera vivido esperando su llegada.

Pero una cosa era saber que existían otras mujeres en su pasado.

Otra muy distinta era encontrarse cara a cara con una de ellas, escuchar sus provocaciones y descubrir que aquella mujer todavía se permitía hablar de noches compartidas con Alexandra.

—¿Cuántas veces? —preguntó Eli.

Alexandra frunció el ceño.

—¿Qué?

—¿Cuántas veces saliste con ella?

La pregunta tenía un tono diferente.

Ya no era simple curiosidad.

Alexandra vaciló unos segundos.

—Varias veces, Eli.

Eli apartó la mirada.

—Varias veces —repitió en voz baja.

—Sí, pero eso ocurrió mucho antes de conocerte.

—Lo sé.

—Entonces no entiendo por qué estás molesta.

Eli levantó la cabeza y la miró con una mezcla de tristeza e irritación.

—¿De verdad no lo entiendes?

Alexandra guardó silencio.

—No estoy enfadada porque hayas tenido una vida antes de mí —continuó Eli—. Sabía que no eras una mujer que hubiera pasado sus años esperando encontrar a alguien con quien casarse. Nunca te pedí explicaciones sobre cada persona que estuvo contigo.

—Entonces…

—Estoy enfadada porque esa mujer estaba delante de mí, provocándote, hablando de ustedes como si todavía tuviera derecho a hacerlo, y yo no sabía absolutamente nada.

Alexandra dio un paso hacia ella.

—Angi no tiene ningún derecho sobre mí.

—Eso lo sé. Pero ella parecía muy segura de que podía utilizar su pasado para incomodarte.

—Porque disfruta provocando a sus competidores. Lo hace con todo el mundo.

—¿Y también les habla de las noches que pasaron juntas?

Alexandra apretó los labios.

—Eli…

—No, déjame terminar.

La voz de Eli tembló ligeramente, y aquello hizo que Alexandra dejara de intentar defenderse.

—Cuando te escuché decir que la conocías perfectamente, pensé que se trataba de una antigua rival. Una mujer con la que habías negociado, discutido o competido. No imaginé que habían tenido una historia.

—No te lo oculté deliberadamente.

—Pero tampoco me lo contaste.

Alexandra bajó la mirada por un instante.

—Porque no significó nada duradero para mí.

Eli soltó una risa breve, carente de humor.

—Para ti.

Alexandra volvió a mirarla.

—Angi me dijo que se estaba enamorando de mí. Yo no quería una relación, así que me alejé. No le prometí nada, no la engañé y no mantuve una relación paralela con ella. Nuestra historia terminó mucho antes de que tú y yo nos conociéramos.

—¿Y ella sigue enamorada de ti?

—No lo sé.

—Pues parecía bastante interesada en recordarte lo que tuvieron.