La heredera del imperio Woods Capítulo 43 — La mujer que conocía su pasado
81%

Capítulo 43 — La mujer que conocía su pasado

La noticia llegó a Woods International un martes por la mañana.

Una de las empresas europeas más importantes del sector había decidido abrir una nueva etapa de expansión internacional y buscaba socios estratégicos capaces de respaldar un proyecto de enorme envergadura.

La inversión era considerable, las posibilidades de crecimiento extraordinarias y el contrato podía consolidar a la empresa ganadora entre los principales referentes del mercado.

Woods International había sido invitada a presentar una propuesta.

Pero no era la única.

Una segunda compañía, dirigida por una empresaria conocida por su inteligencia, su ambición y su capacidad para cerrar negociaciones imposibles, también competiría por el contrato.

Cuando Natalie dejó la carpeta sobre el escritorio de Alexandra, la presidenta apenas necesitó leer el nombre para saber que aquella negociación sería diferente.

Angi Cotter.

Alexandra se quedó mirando el documento unos segundos.

Después sonrió lentamente.

—Vaya, vaya…

Natalie la observó con curiosidad.

—¿La conoce, señora Woods?

—Perfectamente.

—¿Es una buena noticia?

Alexandra cerró la carpeta.

—Depende de cuánto disfrute viendo fracasar a sus competidores.

Natalie comprendió que aquella respuesta no era precisamente tranquilizadora.

—La presentación será dentro de una semana. Los inversionistas escucharán ambas propuestas y tomarán una decisión después de evaluar los proyectos.

—Entonces tenemos una semana para preparar la mejor propuesta que hayan visto en su vida.

—¿Quiere que convoque al equipo financiero?

—Al equipo financiero, al jurídico, a los responsables de expansión y a todos los que tengan algo útil que aportar. Quiero cifras impecables, proyecciones realistas y una estrategia que no deje espacio para que nadie cuestione nuestra capacidad.

Natalie asintió.

—Enseguida, señora Woods.

Cuando su asistente salió, Alexandra volvió a mirar el nombre de Angi.

Hacía años que no la veía.

Habían coincidido en varios eventos empresariales y, durante una etapa de su vida en la que Alexandra no buscaba compromisos sentimentales, habían salido juntas unas cuantas veces.

Angi era atractiva, segura de sí misma y tan competitiva como ella.

Entre ambas existía una química que Alexandra nunca había negado.

El problema había comenzado cuando Angi dejó de considerar aquellos encuentros algo casual.

Una noche, después de una cena, Angi le había confesado que se estaba enamorando de ella.

Alexandra, que entonces no deseaba una relación seria, se había alejado.

No había prometido nada ni había fingido sentir algo que no sentía. Simplemente había terminado aquella historia antes de que se convirtiera en algo más doloroso.

O eso había creído.

Ahora Angi regresaba a su vida, y lo hacía como su principal competidora por uno de los contratos más importantes del año.

Alexandra soltó una pequeña risa.

—Espero que hayas mejorado tus propuestas, Cotter —murmuró—. Porque conmigo no tendrás ninguna ventaja.

---

Eli entró en la oficina unos minutos después, con una tableta en la mano y varios documentos preparados para la reunión de planificación.

—Ya revisé los requisitos del proyecto europeo —anunció—. La inversión es interesante, pero los inversionistas van a ser exigentes. No les bastará con una presentación elegante. Querrán garantías, resultados y una estrategia de expansión que pueda sostenerse a largo plazo.

Alexandra levantó la mirada.

—Por eso te quiero a mi lado.

Eli sonrió.

—¿Porque soy brillante o porque soy la única persona capaz de soportar tu carácter durante una negociación?

—Ambas cosas.

—Qué generosa.

Alexandra extendió la mano y Eli se acercó para entregarle los documentos. Antes de soltarla, la presidenta le sujetó suavemente los dedos.

—La competencia será interesante.

—¿Quién es nuestra rival?

Alexandra deslizó la carpeta hacia ella.

Eli leyó el nombre de la empresa y después el de su directora.

—Angi Cotter.

—Exactamente.

—He oído hablar de ella. Dicen que es una negociadora excelente.

—Lo es.

Eli levantó la vista.

—¿La conoces personalmente?

Alexandra respondió con naturalidad:

—Hace tiempo que no coincidimos, pero sí, la conozco.

Eli no insistió. Tenía asuntos que revisar y confiaba en su esposa. Además, no había ninguna razón para sospechar que aquel nombre pudiera tener una historia detrás.

—Entonces tendremos que prepararnos bien —dijo—. No pienso dejar que nos gane.

Alexandra sonrió con orgullo.

—Esa es mi esposa.

Eli se inclinó para besarla brevemente.

—Y recuerda que, aunque estemos compitiendo con otra empresa, no puedes amenazar a sus directivos.

—Nunca amenazo a nadie.

Eli la miró fijamente.

—Alexandra.

—Está bien. No amenazaré a nadie durante la presentación.

—Me conformo con eso.

Ambas se echaron a reír antes de comenzar a revisar los documentos.

Durante los días siguientes trabajaron intensamente.

Eli estudió las proyecciones financieras, organizó los argumentos para defender la viabilidad del proyecto y preparó respuestas para las preguntas más difíciles de los inversionistas.

Alexandra, por su parte, se concentró en la estrategia de expansión, las ventajas competitivas de Woods International y las condiciones que permitirían convertir aquella inversión en un negocio rentable.

Trabajaban bien juntas.

Eli tenía una capacidad extraordinaria para explicar cifras complejas con claridad y transmitir confianza sin necesidad de imponerse.

Alexandra, en cambio, dominaba el arte de la negociación: sabía cuándo presionar, cuándo guardar silencio y cuándo presentar una propuesta que obligara a sus interlocutores a reconsiderar sus posiciones.

Eran diferentes, pero precisamente por eso se complementaban.

Y ninguna de las dos pensaba perder.

---

El día de la presentación llegó.

La reunión se celebraría en un elegante edificio corporativo, donde los representantes de la compañía europea habían preparado una sala para recibir a los inversionistas y a las dos empresas finalistas.

Alexandra llegó acompañada de Eli y de parte de su equipo directivo.

Vestía un traje oscuro, llevaba el cabello perfectamente arreglado y caminaba con la seguridad de quien estaba acostumbrada a ocupar el lugar principal en cualquier sala.

Eli, a su lado, llevaba una carpeta con la presentación financiera y una tableta donde había organizado los datos fundamentales del proyecto.

—¿Nerviosa? —preguntó Alexandra mientras esperaban frente a la sala.

Eli la miró con una sonrisa.

—¿Por qué estaría nerviosa?

—Porque vas a tener que sentarte frente a personas que probablemente harán preguntas absurdas durante dos horas.

—He sobrevivido a tus reuniones, amor. Creo que podré soportarlo.

Alexandra soltó una carcajada.

—Eso ha sido un golpe bajo.

—Pero verdadero.

Antes de que Alexandra pudiera responder, una voz femenina llegó desde el pasillo.

—Alexandra Woods. Siempre tan puntual.

Alexandra reconoció aquella voz antes de girarse.

Angi Cotter se acercaba con un traje color crema, el cabello perfectamente peinado y una sonrisa segura. Su presencia transmitía la misma confianza que Alexandra acostumbraba proyectar, aunque había algo en su mirada que iba más allá de la rivalidad empresarial.

—Angi —saludó Alexandra—. Veo que sigues disfrutando de las grandes entradas.

—Y tú sigues disfrutando de fingir que nada consigue sorprenderte.

Angi se detuvo frente a ella.

Sus miradas se encontraron durante unos segundos.

—Ha pasado mucho tiempo —añadió Angi.

—Lo suficiente.

Angi sonrió y entonces dirigió la mirada hacia Eli.

—Y tú debes de ser Eli Sinclair.

Eli le ofreció la mano.

—Así es. Encantada de conocerte.

Angi estrechó su mano con cordialidad.

—He oído hablar de ti. Dicen que eres una de las mejores ejecutivas de Woods International.

—Espero que la presentación de hoy confirme esos comentarios.

—Estoy segura de que será interesante escucharte.

Angi volvió a mirar a Alexandra.

—Aunque debo admitir que me alegra volver a trabajar contigo. Siempre has sabido hacer que una competencia merezca la pena.

—Espero que estés preparada para perder.

Angi rio suavemente.

—Ah, Alexandra. Nunca cambias.

—Y tú sigues hablando demasiado antes de conocer los resultados.

La sonrisa de Angi se ensanchó.

Eli observó el intercambio con una pequeña sonrisa. Ambas mujeres parecían conocerse bien, pero no había nada extraño en que dos empresarias del mismo nivel hubieran coincidido anteriormente.

Al menos, eso pensaba.

Hasta que Angi añadió:

—Aunque debo reconocer que hay algunas cosas tuyas que sí han cambiado.

Su mirada se detuvo un instante en la alianza que Alexandra llevaba en la mano.

—Nunca imaginé que acabarías casándote.

Alexandra endureció ligeramente la expresión.

—La vida está llena de sorpresas.

—Desde luego.

Angi volvió a mirar a Eli.

—Tienes mucha suerte. Alexandra siempre ha sido una mujer difícil de conquistar.

Eli sonrió con naturalidad.

—Lo sé.

—Y bastante difícil de retener.

Esta vez, Alexandra intervino antes de que Eli pudiera responder.

—Angi, estamos aquí para hablar de negocios. Te sugiero que reserves tus comentarios personales para otro momento.

Angi levantó las manos con fingida inocencia.

—Por supuesto. No quisiera incomodar a tu esposa.

Su sonrisa, sin embargo, revelaba que había conseguido exactamente lo que pretendía: despertar la curiosidad de Eli.

La puerta de la sala se abrió y un representante de la compañía europea invitó a ambas delegaciones a entrar.

La conversación quedó suspendida.

Pero no había terminado.

---

La presentación comenzó con la empresa de Angi.

Su equipo expuso una estrategia ambiciosa, respaldada por proyecciones de crecimiento, acuerdos comerciales preliminares y una estructura de inversión diseñada para reducir los riesgos durante las primeras fases del proyecto.

Angi tomó la palabra al final de la exposición.