La heredera del imperio Woods Capítulo 38 — La promesa de amarnos para siempre #2
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Capítulo 38 — La promesa de amarnos para siempre #2

La madre de Alexandra se secó las lágrimas mientras su esposo la abrazaba por los hombros.

—Nuestra hija ha encontrado a alguien que la hace feliz —susurró ella.

—Y nosotros hemos ganado una hija más —respondió él.

Los padres de Eli se acercaron a abrazar a la pareja.

Su madre sostuvo el rostro de su hija entre las manos.

—Te mereces toda la felicidad del mundo, cariño.

Eli la abrazó con fuerza.

—Gracias, mamá.

Su padre estrechó la mano de Alexandra y después la abrazó.

—Cuida de mi hija.

Alexandra lo miró seriamente.

—La amo y voy a respetarla todos los días de mi vida. No puedo prometerle que nunca cometeré errores, pero sí que siempre lucharé por nuestra relación.

El hombre asintió, satisfecho.

—Eso es todo lo que necesitaba escuchar.

Lucas se acercó entonces y abrazó a su hermana.

—Bueno, Alex, ahora sí que no tienes escapatoria. Tendrás que compartir tu casa, tu tiempo y hasta el control remoto.

Alexandra lo miró con fingida indignación.

—¿Quién te ha dicho que Eli no va a dejarme elegir lo que vemos?

Eli levantó una ceja.

—Yo.

Todos estallaron en carcajadas.

Leticia abrazó a Eli y le mostró una sonrisa cómplice.

—Prepárate, porque mi hermana puede ser muy terca.

—¡Te estoy escuchando! —protestó Alexandra.

—Precisamente por eso lo digo —respondió Leticia.

La velada continuó entre abrazos, fotografías y felicitaciones. Aquella noche no solo celebraban un compromiso: celebraban la unión de dos mujeres que habían encontrado juntas un futuro que deseaban compartir.

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Las semanas siguientes transcurrieron entre preparativos, pruebas de vestidos y decisiones que provocaron más de una discusión divertida.

Los padres de ambas se involucraron con entusiasmo en la organización. La madre de Eli la acompañó a elegir algunos detalles del vestido, mientras la madre de Alexandra ayudó a seleccionar las flores.

Lucas y Leticia se encargaron de organizar una pequeña sorpresa para las novias después de la ceremonia.

Sofía, por supuesto, supervisó todo.

—No quiero escuchar quejas el día de la boda —anunció durante una reunión familiar—. Alexandra, no puedes cambiar el menú a última hora. Eli, no puedes convencerla de añadir veinte invitados más. Y Lucas, por favor, no hagas bromas durante los votos.

Lucas abrió la boca para protestar.

—¿Por qué me miras a mí?

—Porque te conozco.

Leticia soltó una carcajada.

Alexandra tomó la mano de Eli por debajo de la mesa.

—Creo que nuestra boda va a ser un éxito.

Eli sonrió.

—Mientras estés a mi lado, lo será.

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Finalmente, llegó el día de la boda.

La ceremonia se celebraría en un hermoso jardín decorado con flores blancas y luces suaves. Las familias de ambas ocuparon los primeros asientos, mientras Sofía se aseguraba de que cada detalle estuviera en su lugar.

Alexandra esperaba junto al altar, vestida con un traje blanco de corte elegante. Su cabello oscuro estaba perfectamente peinado y sus ojos verdes brillaban con una emoción que no podía disimular.

Lucas se colocó a su lado y le dio una palmada cariñosa en el hombro.

—¿Nerviosa?

—No.

—Tienes las manos heladas.

—Es el aire acondicionado.

Lucas miró a su alrededor.

—Estamos en un jardín.

Alexandra lo fulminó con la mirada.

Su hermano rio y la abrazó.

—Tranquila, hermana. Todo saldrá bien.

Leticia se acercó también y le acomodó la solapa del traje.

—Eli está preciosa. Cuando la veas, te vas a olvidar de todo lo que has ensayado.

—Gracias por el apoyo —respondió Alexandra con ironía.

—Para eso estamos las hermanas.

En ese instante, la música comenzó a sonar.

Todos se pusieron de pie.

Eli apareció al comienzo del camino, acompañada por sus padres. Llevaba un vestido blanco de líneas delicadas que realzaba su figura y acompañaba con elegancia los cambios de su embarazo.

Su cabello castaño caía suavemente sobre sus hombros y sus ojos azules brillaban de emoción.

Cuando Alexandra la vio, dejó de escuchar todo lo que ocurría a su alrededor.

Solo existía Eli.

Su madre se acercó a ella antes de que comenzara a caminar.

—¿Estás lista, cariño? —le preguntó con ternura.

Eli asintió, emocionada.

—Más que lista, mamá.

Su padre le ofreció el brazo.

—Entonces vamos a llevarte con la mujer que has elegido.

Eli lo abrazó y después comenzó a avanzar junto a sus padres.

A cada paso, Alexandra sentía que el corazón le latía más deprisa.

Cuando Eli llegó al altar, su padre le besó la frente y estrechó la mano de Alexandra.

—Te la confío porque sé cuánto se aman. Cuídense mutuamente.

—Se lo prometo —respondió Alexandra.

La madre de Eli abrazó a ambas y ocupó su lugar junto al resto de la familia.

Eli tomó las manos de Alexandra.

—Hola, futura esposa —susurró.

Alexandra sonrió, emocionada.

—Hola, amor.

—¿Estás llorando?

—No.

Eli rio suavemente.

—Tienes los ojos llenos de lágrimas.

—Debe de ser el viento.

Desde la primera fila, Lucas murmuró:

—Otra vez con el viento…

Leticia le dio un codazo para que guardara silencio, provocando que varios invitados sonrieran.

La ceremonia comenzó.

Cuando llegó el momento de intercambiar sus votos, Alexandra tomó las manos de Eli y la miró directamente a los ojos.

—Eli, cuando llegaste a mi vida, yo creía que sabía exactamente quién era y lo que quería. Estaba convencida de que podía construir cualquier cosa con suficiente determinación, pero no comprendía que había cosas que no podían conseguirse con poder ni con dinero.

Hizo una pausa.

—Tú me enseñaste a amar de una manera que nunca había conocido. Me enseñaste a escuchar, a tener paciencia y a comprender que una relación no consiste en que una persona tenga siempre la razón, sino en que ambas encuentren la manera de caminar juntas.

Eli apretó sus manos.

—Prometo respetarte, apoyarte y acompañarte en cada etapa de nuestra vida.

Prometo celebrar tus alegrías, sostenerte en los momentos difíciles y recordar siempre que eres mi compañera, no alguien a quien deba dirigir.

Prometo cuidar de nuestra hija contigo, compartir las responsabilidades y construir un hogar donde nunca tengas que dudar del amor que siento por ti.

Los ojos de Eli se llenaron de lágrimas.

—Y prometo seguir conquistándote, incluso cuando llevemos tantos años casadas que ya no recuerdes cuántas veces te he dicho que eres el amor de mi vida.

Eli rio entre lágrimas.

—Te amo, Alexandra.

La empresaria le besó las manos.

—Te amo hoy, te amaré mañana y quiero seguir amándote durante todos los días que nos queden. Te elijo a ti, Eli Sinclair, ahora y siempre.

Cuando llegó su turno, Eli respiró profundamente.

—Alexandra, durante mucho tiempo pensé que el amor consistía en encontrar a alguien con quien compartir los días felices.

Contigo comprendí que significa mucho más.

Significa tener a alguien que se queda cuando aparecen los problemas, que escucha cuando no encontramos las palabras y que aprende a caminar a nuestro lado sin intentar decidir por nosotras.

Miró a su prometida con ternura.

—No te prometo que nunca discutiremos, porque ambas sabemos que eso sería una mentira.

Los invitados soltaron algunas risas.

—Pero sí te prometo que nunca dejaré de hablar contigo, que siempre intentaré comprenderte y que no permitiré que el orgullo sea más importante que nuestro amor.

Prometo acompañarte en tus sueños, recordarte que también mereces descansar y construir contigo una familia en la que nuestra hija crezca sabiendo que el amor se demuestra con respeto, confianza y cariño.

Eli acarició las manos de Alexandra.

—Quiero envejecer contigo. Quiero compartir nuestras mañanas, nuestros viajes, nuestras celebraciones y hasta esos días en los que ninguna de las dos tenga ganas de hacer absolutamente nada. Quiero seguir encontrándote al final del día y sentir que estoy en casa cuando me abraces.

Su voz tembló ligeramente.

—Te elijo como mi compañera, como mi amor y como la madre de nuestra hija. Y, si la vida nos regala más años de los que podemos imaginar, quiero pasar cada uno de ellos a tu lado.

Alexandra ya no intentaba disimular sus lágrimas.

—Te amo tanto —susurró.

Eli sonrió.

—Yo también te amo, mi vida.

Intercambiaron los anillos y se tomaron de las manos mientras la persona que oficiaba la ceremonia pronunciaba las palabras finales.

—Por el amor que se han declarado y las promesas que han compartido, las declaro esposas. Pueden sellar esta unión con un beso.

Alexandra tomó suavemente el rostro de Eli entre sus manos y la besó.

Eli le rodeó el cuello con los brazos y respondió al beso mientras los invitados estallaban en aplausos.

Lucas se puso de pie y aplaudió con entusiasmo.

—¡Esa es mi hermana!

Leticia lloraba abrazada a su madre.

Los padres de Eli se tomaron de las manos, emocionados al ver a su hija convertida en esposa.

La madre de Alexandra se secó las lágrimas mientras su esposo la abrazaba por los hombros.

Sofía, desde la primera fila, lloraba sin intentar ocultarlo.

Cuando las recién casadas se separaron, Alexandra apoyó la frente contra la de Eli.

—Hola, esposa.

Eli sonrió.

—Hola, esposa.

—Me gusta mucho cómo suena.

—Pues vas a escucharlo durante el resto de tu vida.

Alexandra rio y volvió a besarla.

Después, sin soltar su mano, se volvió hacia los invitados.

—Quiero presentarles a mi esposa, Eli Woods.

Eli abrió los ojos con sorpresa.

—¿Eli Woods?

Alexandra sonrió.

—Si tú quieres llevar mi apellido.

Eli contempló su anillo y después volvió a mirarla.

—Me encanta.

La empresaria la atrajo hacia sí.

—Entonces, bienvenida a nuestra familia, señora Woods.

Eli le dio un pequeño golpe cariñoso en el brazo.

—¡Ahora sí tienes permiso para llamarme así!

—Pienso aprovecharlo.

Ambas rieron y se besaron una vez más.

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Después de la ceremonia, las familias se reunieron alrededor de las recién casadas para felicitarlas.

La madre de Alexandra abrazó a Eli con cariño.

—Bienvenida oficialmente a la familia, querida. Siempre tendrás un lugar en nuestra casa.

Eli la abrazó emocionada.

—Gracias. No sabe cuánto significa eso para mí.

El padre de Alexandra estrechó la mano de su hija y después la abrazó con fuerza.

—Estoy orgulloso de ti, Alexandra.