La heredera del imperio Woods Capítulo 38 — La promesa de amarnos para siempre
72%

Capítulo 38 — La promesa de amarnos para siempre

Alexandra Woods llevaba varios días planeando algo en secreto.

Desde aquella conversación en la que Eli le había confesado que también soñaba con casarse, la empresaria no conseguía apartar de su mente la imagen de ambas vestidas de novia, prometiéndose amor delante de las personas que más querían.

No quería una propuesta improvisada ni una pregunta hecha a la ligera. Quería que Eli recordara aquel momento durante toda su vida.

Y, sobre todo, quería verla sonreír.

Por eso, aquella mañana, mientras Eli todavía dormía, Alexandra se levantó con cuidado, tomó su teléfono y salió de la habitación para llamar a la única persona que podía ayudarla a organizar semejante sorpresa.

—Sofía, necesito tu ayuda.

—Buenos días para ti también, Alexandra. ¿Qué desastre empresarial tengo que solucionar esta vez?

—Ninguno.

Hubo un breve silencio al otro lado de la línea.

—¿Estás enferma?

Alexandra cerró los ojos y suspiró.

—¿Puedes hablar en serio durante cinco minutos?

—Lo intentaré. No prometo nada.

—Quiero pedirle matrimonio a Eli.

El silencio que siguió fue tan largo que Alexandra comprobó si la llamada continuaba activa.

—¡¿Qué?!

Alexandra apartó el teléfono de su oído.

—¡Baja la voz!

—¡Por fin! ¡Pensé que tendría que esperar otros diez años para verte arrodillada delante de alguien!

—Sofía…

—Está bien, está bien. Voy a ayudarte. ¿Ya tienes el anillo?

—Todavía no. Quiero elegirlo personalmente.

—Perfecto. ¿Dónde piensas hacerlo?

Alexandra miró hacia la puerta del dormitorio.

—En el jardín de nuestra nueva casa. Quiero que sea un momento íntimo, pero también quiero que nuestras familias estén presentes.

—¿Vas a invitar a todos?

—Sí. Quiero que estén Lucas y Leticia, mis padres y los padres de Eli. Quiero que ella sepa que no solo estoy eligiéndola como mi esposa, sino que deseo unir nuestras vidas también a través de nuestras familias.

Sofía guardó silencio durante unos segundos.

—Alex, eso es precioso.

—Quiero que todo sea perfecto.

—Entonces deja de preocuparte y empieza a organizarlo. Yo me encargo de hablar con las familias y mantener el secreto.

—Gracias, Sofía.

—Y, Alexandra…

—¿Qué?

—Estoy muy feliz por ti. De verdad.

La empresaria sonrió.

—Gracias, amiga.

---

A media mañana, Alexandra llegó a una joyería privada del centro de la ciudad.

Había revisado decenas de modelos, pero ninguno le parecía suficiente para la mujer que amaba.

Finalmente, encontró un anillo de oro blanco, con un diamante central rodeado por pequeñas piedras que brillaban discretamente bajo la luz.

Era elegante, delicado y hermoso.

—Quiero este —decidió.

La empleada sonrió.

—¿Desea grabar alguna inscripción?

Alexandra asintió.

—Sí. «Hoy, mañana y siempre».

Cuando salió de la joyería, llevaba una pequeña caja en el bolsillo y una emoción difícil de disimular.

Estaba a punto de hacer la pregunta más importante de su vida.

---

Durante los días siguientes, Sofía se encargó de organizar la sorpresa.

Contactó con Lucas y Leticia, quienes aceptaron encantados participar en los preparativos. Los padres de Alexandra también recibieron la noticia con una alegría inmensa.

Su madre se emocionó al saber que su hija finalmente había encontrado a una mujer con la que deseaba compartir su vida.

—Nunca imaginé que llegaría el día en que Alexandra estaría tan nerviosa por una boda —comentó, sonriendo.

El padre de Alexandra rio.

—Nuestra hija siempre ha sabido tomar decisiones importantes. Pero esta vez no se trata de una empresa ni de una inversión. Se trata de su corazón.

Lucas, por su parte, no perdió la oportunidad de bromear.

—Yo solo quiero estar presente cuando se arrodille. Necesito una fotografía de ese momento para recordárselo durante el resto de su vida.

Leticia le dio un golpe cariñoso en el brazo.

—No arruines la sorpresa.

—No la voy a arruinar. Solo quiero asegurarme de que nuestra hermana no se arrepienta cuando descubra lo romántica que puede llegar a ser.

Alexandra, que acababa de entrar en la sala y había escuchado las últimas palabras, arqueó una ceja.

—Lucas, si sigues hablando, te dejaré fuera de la celebración.

Su hermano levantó las manos.

—Está bien, está bien. No he dicho nada.

Leticia se acercó y abrazó a Alexandra.

—Estamos felices por ti, hermana.

La empresaria correspondió al abrazo.

—Gracias. Quiero que este día sea especial para Eli.

—Lo será —aseguró Leticia—. Porque te tiene a ti.

Mientras tanto, los padres de Eli también habían sido invitados en secreto.

Cuando Sofía les explicó lo que Alexandra estaba preparando, ambos se emocionaron.

La madre de Eli se llevó una mano al pecho.

—Mi hija siempre soñó con encontrar un amor verdadero. Saber que va a casarse con una mujer que la ama de esta manera me hace inmensamente feliz.

Su padre sonrió con orgullo.

—Entonces estaremos allí. Quiero verla caminar hacia la mujer que ha elegido para compartir su vida.

Todos acordaron guardar el secreto.

Nadie quería arruinarle a Eli una sorpresa que recordaría para siempre.

---

La tarde señalada, Alexandra llegó a casa antes de lo habitual.

Encontró a Eli leyendo en el sofá, con una mano descansando sobre su vientre.

—Hola, cariño.

Eli levantó la mirada y sonrió.

—Has llegado temprano.

—Quiero llevarte a un lugar.

—¿A la empresa?

—No.

—¿A revisar documentos de la casa?

Alexandra soltó una carcajada.

—¿Siempre tienes que pensar en cosas aburridas?

Eli cerró el libro.

—Estoy intentando adivinar qué tramas.

La empresaria le tendió la mano.

—Ve a prepararte. Esta noche tengo una cita con la mujer más hermosa del mundo.

Eli parpadeó, sorprendida.

—¿Una cita?

—Exactamente.

—¿Y puedo saber adónde vamos?

—No.

Eli entrecerró los ojos.

—Alexandra Woods, estás muy misteriosa últimamente.

—Confía en mí, amor.

Eli sonrió y le dio un beso.

—Siempre confío en ti.

Alexandra sintió una punzada de emoción al escuchar aquellas palabras.

Pronto, Eli comprendería cuánto significaban para ella.

---

Cuando llegaron a la nueva propiedad, Eli observó el jardín iluminado y se quedó sin palabras.

Las pequeñas luces colgaban entre los árboles, las flores blancas decoraban el camino y una suave melodía sonaba de fondo.

En el centro del jardín había una mesa preparada para una cena especial.

Pero lo que más la sorprendió fue descubrir a varias personas reunidas al otro lado de los árboles.

—¿Mamá? ¿Papá?

Los padres de Eli se acercaron inmediatamente para abrazarla.

—¡Cariño! —exclamó su madre, besándole ambas mejillas.

Eli los abrazó, confundida y emocionada.

—¿Qué hacen aquí? ¿Qué está pasando?

Su padre sonrió.

—Eso tendrás que preguntárselo a tu futura esposa.

Eli se volvió hacia Alexandra.

—¿Mi futura esposa?

Alexandra sonrió, aunque los nervios comenzaban a apoderarse de ella.

Entonces aparecieron Lucas y Leticia.

—¡Sorpresa! —exclamó Leticia, abrazando a Eli.

Lucas se acercó después y le dio un beso en la mejilla.

—Bienvenida a nuestra familia, cuñada. Aunque técnicamente todavía no lo eres.

—¡Lucas! —lo reprendió Leticia.

—¿Qué? Estoy diciendo la verdad.

Eli rio entre lágrimas.

Finalmente, los padres de Alexandra se acercaron.

Su madre abrazó a Eli con cariño.

—Nos hace muy felices que formes parte de nuestras vidas, querida.

El padre de Alexandra le tomó las manos.

—Nuestra hija no habla de muchas cosas con tanta ilusión como habla de ti. Nos alegra verla tan enamorada.

Eli sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

Miró a todos los presentes y después a Alexandra.

—¿Has organizado todo esto?

Alexandra asintió.

—Sí, amor.

—¿Por qué?

La empresaria le tomó ambas manos.

—Porque quiero que las personas más importantes de nuestras vidas estén aquí para compartir contigo algo que llevo días deseando preguntarte.

Eli comenzó a emocionarse todavía más.

Alexandra respiró profundamente.

—Eli, cuando te conocí, jamás imaginé que llegarías a convertirte en la persona más importante de mi vida. Yo estaba acostumbrada a conseguir lo que quería, a tomar decisiones sin pensar demasiado en las consecuencias y a creer que podía controlar absolutamente todo.

Hizo una pausa.

—Pero contigo aprendí que el amor no se conquista como una empresa, no se negocia y no se puede imponer. Aprendí que amar significa escuchar, respetar, confiar y elegir a la misma persona incluso cuando las cosas no son sencillas.

Eli apretó sus manos.

—Tú me enseñaste a imaginar un hogar. Me enseñaste a desear algo más que el éxito, los negocios y el dinero.

Ahora, cuando pienso en el futuro, te imagino a ti, a nuestra hija, nuestras mañanas juntas, nuestras discusiones tontas, nuestras reconciliaciones y todos esos pequeños momentos que para mí lo serán todo.

Alexandra acarició los dedos de Eli.

—No quiero que seas solamente la mujer con la que voy a tener una hija. Quiero que seas mi compañera, mi hogar y mi familia. Quiero despertarme a tu lado dentro de veinte, treinta o cincuenta años y seguir encontrando en tus ojos el mismo motivo para sonreír.

Entonces sacó del bolsillo una pequeña caja de terciopelo.

Eli se llevó una mano a la boca.

—Alex…

Alexandra abrió la caja y dejó que el anillo brillara bajo las luces del jardín.

Después, lentamente, se arrodilló frente a ella.

—Eli Sinclair, amor de mi vida, ¿quieres casarte conmigo?

Eli rompió a llorar.

—¡Sí! —respondió inmediatamente—. ¡Sí, Alexandra! ¡Por supuesto que quiero casarme contigo!

Los invitados estallaron en aplausos.

Leticia se abrazó a su madre, emocionada, mientras Lucas silbaba con entusiasmo.

—¡Eso es, hermana! ¡Por fin!

—¡Lucas, déjala ponerle el anillo! —exclamó Leticia entre risas.

Alexandra sacó el anillo de la caja y lo deslizó delicadamente en el dedo de Eli.

Después se levantó, la abrazó y la besó mientras Eli le rodeaba el cuello con los brazos.

—Voy a casarme contigo —susurró Eli contra sus labios.

Alexandra apoyó la frente contra la suya.

—Y yo voy a pasar el resto de mi vida haciéndote feliz.

Eli negó suavemente con la cabeza.

—No necesito una vida perfecta. Solo quiero que sigamos eligiéndonos.

—Eso sí puedo prometértelo.

Eli volvió a besarla.