La heredera del imperio Woods Capítulo 36 — Un hogar para nuestra pequeña #2
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Capítulo 36 — Un hogar para nuestra pequeña #2

La expresión de Alexandra se volvió seria y cariñosa a la vez.

—No quiero demostrarte nada. Podría comprar una casa mucho más grande que esta, pero no tendría sentido si tú no quisieras vivir en ella.

Quiero un jardín porque imagino a nuestra hija jugando allí.

Quiero una habitación donde podamos leerle cuentos.

Quiero una cocina en la que podamos preparar el desayuno juntas mientras ella nos interrumpe para pedirnos algo.

Hizo una pausa y le apretó suavemente las manos.

—No estoy buscando una casa más grande, Eli. Estoy buscando un lugar donde podamos construir nuestros recuerdos.

Los ojos azules de Eli se humedecieron.

—Entonces creo que lo hemos encontrado.

Alexandra sonrió y la abrazó.

—¿Estás segura?

—Completamente. Pero tengo una condición.

Alexandra se separó un poco para mirarla.

—¿Cuál?

—La habitación de nuestra hija la decoraremos juntas. No quiero que llegues mañana con una diseñadora y elijas absolutamente todo sin consultarme.

Alexandra fingió sentirse ofendida.

—¿De verdad crees que sería capaz de hacer algo así?

Eli la miró en silencio.

—Sí.

—Qué poca confianza tienes en mí.

—Te conozco demasiado bien, Woods.

Alexandra soltó una carcajada y le dio un beso.

—Trato hecho. La habitación será cosa de las dos.

Después de revisar los detalles con la agente inmobiliaria, Alexandra inició las conversaciones para adquirir la propiedad. Eli participó en las decisiones y ambas acordaron revisar cuidadosamente las condiciones antes de cerrar la compra.

Cuando salieron al jardín por última vez, Eli se acercó a Alexandra y apoyó la cabeza en su hombro.

—Gracias por insistir tanto.

Alexandra la miró, sorprendida.

—¿Ahora me agradeces que sea terca?

—Solo cuando tu terquedad termina llevándonos a un lugar que me encanta.

Alexandra le besó la frente.

—Entonces procuraré ser terca en las cosas importantes.

—Y yo procuraré recordarte que no todo se soluciona comprando algo.

—Eso va a ser difícil, señora Woods.

Eli rio y le rodeó la cintura.

—Te amo.

—Yo te amo más, preciosa.

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Pero el día todavía no había terminado.

Una vez encaminados los trámites de la casa, Eli pensó que por fin regresarían a descansar. Sin embargo, Alexandra tenía otros planes.

—¿Qué te parece si vamos a mirar muebles? —preguntó mientras abría la puerta del automóvil.

Eli la miró como si acabara de escuchar una locura.

—¿Hoy?

—Sí, hoy.

—Alexandra, llevamos horas recorriendo casas.

—Y encontramos la que nos gusta. Ahora podemos empezar a imaginar cómo la vamos a decorar.

Eli se cruzó de brazos.

—Tú necesitas aprender el significado de la palabra descanso.

Alexandra le dio un beso rápido en los labios.

—Descansaremos después de elegir el sofá.

—¿Y si encontramos un sofá que me guste, pero a ti no?

—Compramos el que te guste.

Eli abrió los ojos.

—¿En serio?

—En serio. Siempre que no sea de color rosa brillante.

Eli sonrió lentamente.

—Ahora quiero uno rosa brillante.

—Eli…

—Solo para comprobar cuánto me amas.

Alexandra soltó una carcajada.

—Voy a arrepentirme de haberte llevado conmigo.

—Demasiado tarde. Soy parte del paquete, señora Woods.

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La primera tienda de muebles era enorme. Había sofás de todos los tamaños, mesas de madera, camas elegantes, lámparas modernas y muebles para dormitorios infantiles.

Eli caminó entre los pasillos con renovado entusiasmo.

—Mira este sofá —dijo, sentándose en uno de color crema—. Es cómodo y combina con casi todo.

Alexandra se sentó a su lado para probarlo.

—Me gusta. Pero deberíamos elegir una tela fácil de limpiar.

Eli giró la cabeza hacia ella.

—¿Ya estás pensando en los accidentes de nuestra hija?

—Estoy pensando en el futuro.

—Nuestra hija va a manchar ese sofá.

—Lo sé.

—Va a derramar jugo, dejar juguetes encima y probablemente dibujar donde no debe.

Alexandra se quedó pensativa.

—Entonces necesitamos una tela resistente.

Eli estalló en carcajadas.

—¡No puedo creer que te lo tomes tan en serio!

—¿Qué quieres que haga? ¿Comprar un sofá que dure tres días?

—Quiero que entiendas que una casa con una niña pequeña no siempre estará impecable.

Alexandra le tomó la mano.

—Lo entiendo. Y no me importa que haya juguetes por todas partes. Quiero que nuestra hija se sienta libre de jugar, de descubrir cosas y de llenar la casa de vida.

Eli dejó de reírse y la miró con ternura.

—Vas a consentirla muchísimo.

—Por supuesto. Será nuestra pequeña princesa.

—Entonces no podrás regañarme cuando yo también la consienta.

—Jamás he dicho eso.

—Lo pensaré como una victoria.

Alexandra negó con la cabeza, divertida.

Después de probar varios sofás, eligieron uno amplio y cómodo para el salón. También encontraron una mesa de comedor de madera clara, sillas elegantes y una cama que a Eli le encantó desde el primer momento.

—Esta es perfecta —declaró ella, sentándose en el borde del colchón.

Alexandra la observó con una sonrisa.

—¿Quieres probar todas las camas de la tienda?

—Solo las que me parezcan cómodas.

—Vamos a terminar viviendo aquí.

Eli se rio y le extendió la mano para que se acercara.

—Ven, comprueba si tengo razón.

Alexandra se sentó a su lado y, después de probar el colchón, asintió.

—Está bien. Esta cama será nuestra.

Eli le dio un beso en la mejilla.

—Sabía que te convencería.

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La última parada fue la sección de muebles infantiles.

Al entrar, Eli se quedó maravillada. Había cunas de madera, cómodas, sillones para amamantar, pequeñas estanterías y lámparas con formas delicadas.

Alexandra caminó a su lado, observando cada detalle.

—Podríamos elegir una cuna blanca —propuso Eli—. Algo sencillo, que combine con distintos colores cuando nuestra hija crezca.

—Me gusta la idea. Y podríamos poner una cómoda junto a la pared para guardar su ropa.

—También quiero un sillón cómodo cerca de la ventana. Así podré sentarme con ella cuando tenga que alimentarla o cuando quiera dormirla en mis brazos.

Alexandra la miró con ternura.

—Lo tendremos, señora Woods.

Eli sonrió y volvió a observar los muebles.

—Imagínate verla aquí, Alex.

La empresaria se acercó por detrás y apoyó las manos sobre sus hombros.

—Me lo imagino todos los días.

—Todavía falta tiempo.

—Lo sé. Pero quiero que cuando llegue, encuentre un hogar preparado para recibirla. No porque necesite cosas costosas, sino porque quiero que cada rincón tenga algo de nosotras.

Eli apoyó la cabeza contra ella.

—Entonces vamos a hacerlo juntas.

Eligieron una cuna, una cómoda y una estantería. También apartaron algunos detalles decorativos para decidir los colores más adelante.

Cuando Eli vio un pequeño móvil musical para colocar sobre la cuna, lo señaló emocionada.

—¡Ese también!

Alexandra miró el objeto y sonrió.

—¿Crees que le gustará?

—No lo sé, pero quiero descubrirlo.

—Entonces también lo llevamos.

Eli se volvió hacia ella, con los ojos brillantes.

—¿Sabes qué es lo más bonito de todo esto?

—¿Qué, amor?

—Que no estoy eligiendo estas cosas sola. Estoy haciéndolo contigo.

Alexandra le tomó el rostro entre las manos y le dio un beso tierno.

—Nunca tendrás que hacerlo sola si puedo estar a tu lado.

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Cuando finalmente terminaron las compras, ambas estaban cansadas, pero felices.

Alexandra organizó la entrega de los muebles para cuando pudieran disponer de la nueva casa, mientras Eli guardaba los comprobantes y revisaba mentalmente todo lo que todavía tendrían que elegir.

De regreso al automóvil, Eli se detuvo y miró a Alexandra con una sonrisa traviesa.

—Tengo una pregunta.

—Eso nunca anuncia nada bueno.

—¿También vas a comprar una casa de muñecas para nuestra hija?

Alexandra la miró como si la respuesta fuera evidente.

—Por supuesto.

Eli soltó una carcajada.

—¡Alexandra Woods, nuestra hija ni siquiera ha nacido!

—Y cuando nazca, no quiero que tenga que esperar para jugar.

—Vas a malcriarla.

—Y tú vas a ayudarme.

Eli fingió pensarlo durante unos segundos.

—Probablemente.

Alexandra le abrió la puerta del automóvil y esperó a que se acomodara antes de rodearlo para ocupar el asiento del conductor.

Cuando estuvieron listas para marcharse, Eli apoyó una mano sobre la de Alexandra.

—Hoy no fuimos a la empresa ni trabajamos en ninguno de tus proyectos.

—No.

—Pasamos el día buscando una casa, comprando muebles y hablando de nuestra hija.

—Así es.

Eli sonrió.

—Creo que ha sido uno de los mejores días de mi vida.

Alexandra le besó la mano.

—Para mí también, señora Woods.

Eli la miró con una sonrisa enamorada.

—Me gusta cuando me llamas así.

Alexandra entrelazó sus dedos con los de ella.

—Entonces tendrás que acostumbrarte, porque pienso llamarte así muchas veces más.

—¿Hasta que nos casemos?

Alexandra la miró de reojo, con una sonrisa misteriosa.

—Incluso después, señora Woods.

Eli se inclinó para besarla en la mejilla.

—Voy a recordarte que me debes una propuesta de matrimonio.

—Y yo voy a asegurarme de que sea inolvidable.

El automóvil se puso en marcha mientras ambas continuaban hablando de la distribución de los muebles, de los colores de las paredes y de las tardes que pasarían en el jardín.

Todavía quedaban muchas decisiones por tomar, habitaciones por decorar y preparativos por completar.

Pero ninguna de las dos tenía prisa por terminarlo todo.

Por primera vez, el futuro no era una idea lejana ni una promesa que dependía de las circunstancias.

Era una casa con un jardín, una habitación preparada con amor y una pequeña niña que pronto llegaría para cambiarles la vida.

Y mientras Alexandra conducía con la mano de Eli entrelazada con la suya, supo que aquella búsqueda había sido mucho más que encontrar una propiedad.

Habían encontrado el lugar donde querían comenzar su siguiente capítulo.

Su hogar.

El hogar de las tres.