Capítulo 34 — Un divorcio firmado y un futuro juntas
A la mañana siguiente, Alexandra Woods llegó a la empresa con Eli Sinclair de la mano, tal como se había convertido en costumbre desde que ambas habían decidido compartir la misma casa.
Alexandra llevaba un elegante traje oscuro que resaltaba su porte imponente, mientras Eli lucía un vestido cómodo que acompañaba suavemente sus curvas. Sus ojos azules brillaban de felicidad, aunque aquella mañana tenía algo importante que resolver.
El divorcio.
Después de tantos meses de dudas, discusiones y decisiones difíciles, había llegado el momento de cerrar definitivamente aquel capítulo de su vida.
—¿Estás segura de que quieres hacerlo hoy? —preguntó Alexandra mientras la acompañaba hasta el automóvil.
Eli la miró con ternura.
—Llevo mucho tiempo esperando este momento, Alex. No quiero seguir posponiéndolo.
—Quiero que tengas claro que no tienes que demostrarme nada. No necesito que firmes esos documentos para saber que me amas.
Eli sonrió y le acarició la mejilla.
—Lo sé, cariño. Pero necesito hacerlo por mí. Quiero cerrar esa etapa y dejar de sentir que todavía existe algo que me ata a una vida que ya no quiero.
Alexandra le tomó la mano y besó sus nudillos.
—Entonces estaré a tu lado durante todo el proceso.
—Por eso te amo.
—Y yo te amo más de lo que imaginas.
Eli se inclinó para besarla suavemente antes de subir al automóvil.
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La oficina del abogado se encontraba en un edificio elegante del centro de la ciudad. Eli había revisado los documentos previamente y sabía exactamente qué significaba cada firma.
Alexandra permaneció junto a ella, sin intervenir ni intentar decidir por ella. Aquella era una decisión de Eli, y lo único que quería era acompañarla.
Cuando el abogado colocó los documentos frente a Eli, ella tomó el bolígrafo.
Durante unos segundos contempló el papel. No sentía tristeza por perder aquella relación. Lo que sentía era el peso de todo el tiempo que había pasado intentando mantener algo que ya no funcionaba.
Pensó en las noches en las que había regresado a casa con el corazón vacío, en las discusiones que no llevaban a ninguna parte y en las veces que había deseado tener el valor de comenzar de nuevo.
Después miró a Alexandra.
La mujer de ojos verdes le dedicó una sonrisa serena, transmitiéndole la tranquilidad que necesitaba.
Eli bajó la mirada y firmó.
Una firma.
Luego otra.
Y finalmente, la última.
El abogado recogió los documentos y comprobó que todo estuviera en orden.
—Con estas firmas, el trámite queda iniciado. La formalización definitiva dependerá de los procedimientos legales correspondientes.
Eli asintió.
—Gracias.
Cuando salieron de la oficina, Alexandra notó que su novia permanecía en silencio.
—¿Cómo te sientes? —preguntó mientras le tomaba la mano.
Eli respiró profundamente y levantó el rostro hacia el cielo.
—Libre.
Alexandra sonrió.
—¿Libre?
—Sí. Por primera vez en mucho tiempo siento que puedo mirar hacia delante sin cargar con algo que ya terminó.
Eli se volvió hacia ella y le rodeó la cintura con los brazos.
—Ahora quiero concentrarme en nuestra vida, en nuestra casa y en nuestra pequeña familia.
La expresión de Alexandra se transformó por completo al escuchar aquellas palabras.
—Nuestra familia —repitió con ternura.
—Tú, yo y nuestra bebé.
Alexandra apoyó una mano con delicadeza sobre el vientre de Eli.
—No sabes cuánto deseo que llegue el día en que podamos tenerla en nuestros brazos.
—Yo también, amor.
Se besaron junto al automóvil, sin importarles que algunas personas pasaran a su alrededor.
No estaban celebrando el fracaso de una relación anterior. Estaban celebrando la posibilidad de construir algo nuevo, esta vez sin mentiras ni promesas vacías.
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Después de firmar los documentos, Alexandra tenía otra sorpresa preparada.
—¿Por qué no me dices adónde vamos ahora? —preguntó Eli mientras se acomodaba en el asiento del acompañante.
—Porque quiero que sea una sorpresa.
—Alexandra Woods, sabes perfectamente que odio las sorpresas cuando se trata de mis propios planes.
—Y, sin embargo, sigues enamorada de mí.
—Ese es mi peor defecto.
Alexandra soltó una carcajada.
—Qué cruel eres conmigo, Sinclair.
—Solo digo la verdad.
El automóvil avanzó por las calles hasta llegar a una clínica privada donde Eli tenía programada una consulta de control del embarazo.
Al reconocer el edificio, Eli volvió la cabeza hacia Alexandra.
—¿Me trajiste a mi consulta?
—Por supuesto. Pensé que, después de una mañana tan importante, sería bonito que dedicáramos el resto del día a nosotras y a nuestra bebé.
La sonrisa de Eli se volvió radiante.
—¿Y tienes pensado acompañarme?
Alexandra la miró como si acabara de formular la pregunta más absurda del mundo.
—No pienso perderme ninguna consulta si puedo estar contigo.
Eli se inclinó para besarla.
—Te amo.
—Yo también te amo, preciosa. Ahora vamos a asegurarnos de que nuestras dos chicas estén bien.
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La consulta transcurrió en un ambiente tranquilo. Alexandra permaneció al lado de Eli, sosteniéndole la mano mientras la médica revisaba su evolución y le hacía algunas preguntas sobre cómo se había sentido durante los últimos días.
Eli respondió con sinceridad, y Alexandra escuchó atentamente cada indicación, preocupándose por recordar los cuidados y las recomendaciones.
Cuando llegó el momento de comprobar que el embarazo evolucionaba adecuadamente, ambas se miraron con una mezcla de emoción y nerviosismo.
Alexandra apretó suavemente la mano de Eli.
—Estoy aquí, cariño.
—Lo sé.
La médica realizó la evaluación correspondiente y, después de revisar los resultados, les explicó que todo marchaba bien según los controles realizados hasta ese momento. También les recordó la importancia de continuar con las revisiones prenatales.
Alexandra soltó el aire que había estado conteniendo y besó la frente de Eli.
—Gracias a Dios.
Eli rio suavemente.
—Pareces más nerviosa que yo.
—Estoy enamorada de ti y nuestra hija está creciendo dentro de ti. ¿Qué esperabas? ¿Que me quedara sentada como si nada estuviera pasando?
—Esperaba que la presidenta de Woods International mantuviera su famosa serenidad.
—Esa mujer desaparece cuando se trata de ustedes dos.
La médica sonrió ante el intercambio de miradas entre ambas.
—Parece que esta pequeña ya tiene a sus madres completamente enamoradas de ella.
Eli miró a Alexandra con los ojos brillantes.
—No tienes idea de cuánto.
Alexandra se inclinó y le dio un beso suave.
—Nuestra hija todavía no ha nacido y ya es capaz de volverme loca.
—Eso lo heredará de mí —bromeó Eli.
—¿Ah, sí? Entonces tendré que prepararme.
—Más te vale, Woods.
Ambas terminaron riéndose.
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Al salir de la clínica, Alexandra ayudó a Eli a acomodarse en el automóvil y después se sentó a su lado.
Por un momento, ninguna habló.
Eli observó los documentos que llevaba en su bolso. Aquella mañana había firmado el inicio del final de su matrimonio anterior. Horas después, había acudido a una consulta con la mujer que amaba y con quien esperaba construir su futuro.
Todo parecía encajar de una manera que nunca habría imaginado.
—Alex —murmuró.
—Dime, amor.
—Gracias por acompañarme hoy. Por no presionarme, por dejar que tomara mis propias decisiones y por hacerme sentir que no tengo que enfrentar nada sola.
Alexandra le tomó el rostro entre las manos.
—Nunca voy a obligarte a hacer algo que no quieras. Te amo demasiado para eso. Quiero que estés conmigo porque lo deseas, porque eres feliz a mi lado y porque cada día eliges esta vida que estamos construyendo juntas.
Los ojos azules de Eli se humedecieron.
—Te elijo a ti, Alexandra Woods. Hoy, mañana y todos los días que nos queden por vivir.
Alexandra apoyó la frente contra la suya.
—Y yo te elijo a ti, Eli Sinclair.
Eli la besó con ternura y después apoyó la cabeza sobre su hombro.
—¿Podemos ir a casa?
—Claro, cariño.
—Quiero pasar el resto del día contigo. Sin reuniones, sin teléfonos y sin que Sofía aparezca para burlarse de ti.
Alexandra soltó una carcajada.
—No prometo nada sobre Sofía, pero puedo apagar el teléfono.
—Entonces tenemos un trato.
Alexandra puso el automóvil en marcha y emprendió el camino hacia casa, con la mano de Eli entrelazada con la suya.
Aquel día no había terminado con una despedida dolorosa, sino con dos mujeres que se amaban, una nueva etapa por delante y una pequeña vida que las unía de una manera que ninguna de las dos habría podido imaginar.
El pasado de Eli comenzaba a quedar atrás.
Y su futuro tenía los ojos verdes de Alexandra, los ojos azules de Eli y un lugar reservado en el corazón de ambas.