La heredera del imperio Woods Capítulo 33 — La provocación de Eli y la desesperación de Alexandra
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Capítulo 33 — La provocación de Eli y la desesperación de Alexandra

Al día siguiente, Alexandra Woods y Eli Sinclair llegaron juntas a las oficinas de Woods International. Alexandra tenía una agenda repleta de compromisos, mientras que Eli parecía haber despertado con una misión muy diferente: continuar jugando con la paciencia de su novia.

Durante toda la mañana, Eli se comportó como si fuera la mujer más inocente del mundo. Le sonreía a Alexandra cada vez que se cruzaban por los pasillos, le mandaba besos discretos cuando nadie miraba y aprovechaba cada oportunidad para susurrarle algo cariñoso al oído.

Alexandra comenzaba a sospechar que aquello no era casualidad.

—¿Qué estás tramando, Sinclair? —le preguntó cuando estuvieron a solas en el despacho.

Eli acomodó el cuello de su blusa y sonrió.

—¿Yo? Nada, amor.

—Esa cara tuya dice lo contrario.

—Quizá solo estoy enamorada de mi novia.

Alexandra la atrajo suavemente por la cintura y le dio un beso.

—Más te vale, porque cuando termine la jornada tendremos una conversación.

Eli rio y se apartó antes de que Alexandra pudiera darle otro beso.

—Ya veremos, señora Woods.

Al mediodía, Eli salió de la empresa sin explicarle a nadie adónde iba. Primero visitó una peluquería para arreglarse el cabello y después pasó por una tienda, donde encontró exactamente lo que buscaba: un vestido elegante que dejaba sus piernas al descubierto.

Se lo probó, se miró frente al espejo y sonrió satisfecha.

Conocía perfectamente a Alexandra. Sabía cuánto le gustaba verla con vestidos así y lo mucho que le costaba disimular su admiración cuando Eli decidía presumir de su belleza.

—Hoy vas a tener que esforzarte mucho para mantener esa cara de presidenta seria, mi amor —murmuró divertida.

Se arregló con esmero y regresó a Woods International justo cuando estaba por comenzar la reunión más importante de la tarde.

La mujer que puso en aprietos a la presidenta

Alexandra estaba en la sala de juntas con Sofía, revisando los documentos de un proyecto que debía presentar personalmente ante los inversionistas.

—¿Tienes todo preparado? —preguntó Sofía.

—Por supuesto. Conozco cada detalle de esta propuesta.

—Bien. Entonces esperemos que hoy nada consiga distraerte.

Alexandra le dirigió una mirada de advertencia.

—¿Qué se supone que significa eso?

Sofía se encogió de hombros.

—Nada. Solo digo que últimamente tienes otras prioridades.

Antes de que Alexandra pudiera responder, la puerta se abrió.

Eli entró con su vestido nuevo, el cabello perfectamente arreglado y una sonrisa que hizo que Alexandra se quedara completamente inmóvil.

La mirada de la presidenta recorrió el vestido de su novia y se detuvo un instante en sus piernas. Después volvió a sus ojos azules, intentando recuperar la compostura.

Eli lo notó inmediatamente.

Y sonrió todavía más.

—Buenas tardes. Espero no llegar demasiado tarde.

—En absoluto —respondió Sofía, disimulando una sonrisa—. Estamos a punto de comenzar.

Eli tomó asiento y cruzó las piernas con naturalidad.

Alexandra bajó la mirada hacia sus documentos.

Tenía que concentrarse.

Era la presidenta de Woods International. Había negociado con empresarios implacables, cerrado acuerdos millonarios y defendido proyectos frente a personas que intentaban ponerla contra las cuerdas.

Podía hacerlo.

Hasta que Eli volvió a mirarla y le dedicó una sonrisa cargada de picardía.

Alexandra apretó la mandíbula.

Maldita sea, Eli.

La reunión comenzó. Los inversionistas tomaron asiento y Alexandra se preparó para levantarse y presentar su proyecto.

Lo intentó.

Pero, al ponerse de pie, volvió a mirar a Eli y la tensión que llevaba acumulando desde que su novia había entrado en la sala terminó por vencer su concentración.

Alexandra se quedó inmóvil junto a su silla.

No podía levantarse con naturalidad en aquel momento. La presencia de Eli, su vestido y aquella mirada provocadora la habían dejado demasiado excitada para enfrentarse a los presentes sin que su incomodidad resultara evidente, tenía su miembro muy duro y parado qué se notaba a plena vista.

Y lo peor era que Eli parecía disfrutar cada segundo.

—¿Todo bien, Alexandra? —preguntó uno de los inversionistas.

—Sí, perfectamente —respondió ella, volviendo a sentarse con toda la dignidad que pudo reunir—. Denme un momento, por favor.

Sofía la observó de reojo.

Conocía demasiado bien a su mejor amiga para no comprender lo que estaba sucediendo.

Miró a Eli, después a Alexandra y finalmente volvió a mirar a Eli.

La sonrisa de aquella mujer era una confesión en sí misma.

Sofía tuvo que contener una carcajada.

Un mensaje desesperado

Alexandra tomó su teléfono por debajo de la mesa y escribió rápidamente a su amiga.

Alexandra: Sofía, necesito que presentes mi parte.

Sofía leyó el mensaje y levantó las cejas.

Sofía: ¿Ahora mismo?

Alexandra: Sí. No preguntes nada, por favor.

Sofía volvió la cabeza lentamente hacia ella.

Alexandra mantenía la mirada fija en la pantalla de su teléfono, con las mejillas ligeramente encendidas y una expresión de desesperación que Sofía rara vez había visto en su amiga.

Sofía: No hace falta que me expliques nada.

Alexandra: Gracias.

Sofía: Créeme, ya sé el motivo.

Alexandra cerró los ojos un instante.

Alexandra: Sofía, te lo suplico. Presenta el proyecto y haz que esta reunión termine cuanto antes.

Sofía: ¿Y tú qué piensas hacer?

Alexandra: Intentar recuperar la dignidad que tu querida amiga está destruyendo.

Sofía tuvo que cubrirse la boca para no reírse.

Sofía: Alexandra Woods, la mujer que puede intimidar a toda una junta directiva, derrotada por un vestido.

Alexandra: No tiene ninguna gracia.

Sofía: Para ti, quizá no.

Alexandra: Voy a despedirte.

Sofía: Primero tendrás que levantarte de esa silla sin que nadie sospeche nada.

Alexandra dejó de escribir.

Miró a su amiga con una expresión de absoluta indignación.

Sofía le dedicó una sonrisa radiante y guardó el teléfono.

Aquello era demasiado divertido.

Sin perder más tiempo, se puso de pie y tomó el control de la presentación.

—Si les parece bien, continuaré con la exposición del proyecto. Alexandra ha preparado toda la documentación y yo conozco los detalles necesarios para explicar esta parte.

Los inversionistas aceptaron la propuesta y Sofía comenzó a presentar las cifras, los objetivos y las proyecciones financieras.

Alexandra permaneció sentada, intentando recuperar la calma y concentrarse en cualquier cosa que no fuera su novia.

Pero Eli no se lo puso fácil.

Cada vez que Alexandra levantaba la mirada, encontraba aquellos ojos azules observándola con una inocencia tan fingida que daban ganas de reír y protestar al mismo tiempo.

En un momento, Eli inclinó ligeramente la cabeza y le preguntó en voz baja:

—¿Te encuentras bien, cariño?

Alexandra la miró fijamente.

—Eres una mujer terrible.

Eli abrió los ojos con fingida sorpresa.

—Solo me preocupo por ti.

—Pues deja de preocuparte y mira la presentación.

—Como ordene, presidenta.

Eli volvió la mirada hacia Sofía, pero no pudo evitar que una sonrisa traviesa apareciera en sus labios.

Alexandra estaba perdida.

Y ambas lo sabían.

Sofía salva la reunión

Gracias a la intervención de Sofía, la presentación avanzó sin mayores contratiempos. Respondió las preguntas de los inversionistas, explicó los aspectos técnicos del proyecto y defendió las proyecciones con la seguridad de quien conocía perfectamente el trabajo de su amiga.

Alexandra colaboró desde su asiento cuando fue necesario, agradecida de que nadie insistiera en que se pusiera de pie.

Finalmente, después de las últimas preguntas, la reunión llegó a su fin.

Los inversionistas recogieron sus documentos y abandonaron la sala.

Cuando la puerta se cerró, Sofía dejó la carpeta sobre la mesa y se volvió lentamente hacia Alexandra.

—Bueno, presidenta. ¿Ahora sí podemos hablar del verdadero asunto de esta reunión?

Alexandra le lanzó una mirada asesina.

—Ni una palabra.

Sofía soltó una carcajada.

—¡No puedo creerlo! ¡De verdad no puedo creerlo!

—Sofía.

—¡He tenido que presentar tu proyecto entero porque tu novia apareció con un vestido y tú olvidaste cómo levantarte de una silla!

—¡Baja la voz!

Eli se echó a reír, incapaz de seguir fingiendo inocencia.

—No pensé que fuera a afectarte tanto, amor.

Alexandra giró la cabeza hacia ella.

—¿Que no lo pensaste? Eli, me conoces perfectamente.

—Precisamente por eso elegí el vestido.

Sofía soltó otra carcajada y se apoyó contra la mesa.

—Voy a necesitar unas vacaciones después de esto.

Alexandra respiró profundamente, intentando conservar la poca dignidad que le quedaba.

—Gracias por presentar mi parte, Sofía.

Su amiga arqueó una ceja.

—¿Eso es todo?

—También te debo un favor.

—Me debes varios. Y pienso cobrármelos.

—Lo que quieras, pero deja de reírte.

Sofía recogió sus documentos y se dirigió hacia la puerta.

Antes de salir, se volvió una última vez.

—Por cierto, Eli, el vestido te queda precioso.

—Muchas gracias, Sofía.

—Y Alexandra, procura recuperar la concentración antes de la próxima reunión.

La puerta se cerró entre las carcajadas de Sofía.

Alexandra se quedó mirando durante unos segundos el lugar por donde había desaparecido su amiga.

Después volvió lentamente la cabeza hacia Eli.

Su novia seguía sonriendo.

—Ven aquí —dijo Alexandra.

Eli se acercó con una expresión encantadora.

—¿Sí, mi amor?

—¿Te divertiste?

—Muchísimo.

Alexandra soltó una risa incrédula.

—Al menos eres sincera.

Le tomó la mano y acarició sus dedos.

—Sabes que me vuelves loca cuando te vistes así.

Eli se inclinó para darle un beso en la mejilla.

—Lo sé.

—Y sabías perfectamente que tenía que presentar ese proyecto.

—También lo sabía.

Alexandra negó con la cabeza, aunque terminó sonriendo.

—No tienes remedio, Sinclair.

Eli rodeó su cuello con los brazos y la miró con ternura.

—Pero me amas.

Alexandra le acarició la cintura.

—Más de lo que imaginas.

—Entonces no te enfades conmigo.

—No estoy enfadada, cariño. Estoy intentando decidir cómo voy a sobrevivir a tener una novia que disfruta tanto provocándome.

Eli le dio un beso suave en los labios.

—Podrías empezar por invitarme a cenar esta noche.

Alexandra sonrió.

—¿Eso es una disculpa?

—No. Es una recompensa por haber soportado una reunión tan difícil.

Alexandra soltó una carcajada y apoyó la frente contra la de ella.

—Eres imposible.

—Y tú estás perdidamente enamorada de mí.

—Desgraciadamente.

Eli fingió indignación y comenzó a apartarse, pero Alexandra la atrajo de nuevo hacia sí para darle otro beso.

—No te vayas todavía.

—¿Por qué?

Alexandra le acarició la mejilla.

—Porque ahora que por fin estamos solas, quiero disfrutar de mi novia sin una junta directiva observándonos, y sobre todo bajar a mi amigo sientes lo dura que me dejaste, lo único que quiero hacer es follarte sobre ese escritorio Eli le responde qué esperas

Alexandra la toma la voltea y la penetra no hacia falta lubricarla Eli estaba muy mojada su miembro que entro sin inconveniente en ella, Alexandra se movía a una velocidad bestial quería liberarse y acabaría rápido Eli la había destrozado completamente, iba a correrse, con una mano empezó a tocar el clictoris de Eli para llegar juntas sintió las paredes de Eli presionando su miembro y se vino en ella.Mi amor nunca pensé hacerlo en la oficina pero tu me vuelves loca.

Y mientras ambas permanecían abrazadas en el despacho, Alexandra llegó a una conclusión que jamás admitiría delante de sus empleados:

Podía dirigir Woods International, enfrentarse a los inversionistas más exigentes y resolver los problemas más complicados de su empresa.

Pero contra Eli Sinclair, con aquel vestido y aquella sonrisa, no tenía ninguna posibilidad.

Y, en el fondo, tampoco quería tenerla.