Capítulo 23 — A las tres de la madrugada #2
Eli volvió a sonreír y la beso con hambre sintió el bulto de Alexandra en sus pantalones y sonrió mientras besaba a Alexandra sin culpa alguna metió sus manos en los pantalones de Alexandra y sintió la humedad dentro, empezó a tocar su miembro de arriba a abajo y sentía lo dura, gorda y grande que era, con su mano hábil desprendió los pantalones de Alexandra y lo bajo se quedo en bóxer y hasta le molestaba ver una tela de por medio, quería mirarla y sentírla entera, hasta que libero el miembro de Alexandra y empezó a masturbarla a ritmos acelerados, Alexandra la giro y empezó a desvestir a Eli, la dejo completamente desnuda empezó a acariciar su cuerpo besando desde el cuello, bajando y metiendo sus tetas en la boca y succionarlo, fue descendiendo y llegar hasta el centro de Eli para comerle entera, su coño muy lubricado, Alexandra la alzó y en medio de besos y caricias la llevo hasta su dormitorio, la bajo suavemente y se puso en medio de sus piernas para introducir su miembro en su coño húmedo y sedoso, Eli sintió una molestia por el tamaño, Alexandra se dio cuenta y empezó a meterla despacio hasta que Eli se acostumbre a su tamaño, en medio de besos y mordiscos Eli le pidió que se moviera y así lo hizo Alexandra a ritmos rápidos y profundos, Eli no podía dejar de gemir su nombre, Si Alex, ohh Alex más rápido,mas fuerte Ahhhh si Alex, oh Dios Alex zzz, estaba disfrutando de un placer jamás vivido y sentía algo caliente que venía en su vientre, Alex sintió las paredes de Eli y la embistio más de prisa para terminar juntas, sentir a Eli de esa forma la llevo al extasis qué ambas gritaron de placer el nombre de cada una.
Eli le pidió agua y Alexandra la tomó suavemente de la mano y la condujo hasta el salón.
Se sentaron juntas en el sofá, tan cerca que sus hombros permanecieron unidos.
Al principio hablaron de cosas sencillas: de la jornada interminable en la empresa, de las reuniones que parecían no terminar nunca y de la forma en que Alexandra conseguía irritar a todo el mundo cuando estaba de mal humor.
Pero cada conversación terminaba en una mirada.
Y cada mirada volvía a acercarlas, esa madrugada la casa de Alexandra fue profanada en cada rincón, Alexandra la guió hasta la cocina y al final acabaron teniendo sexo en la isla de la cocina, luego en el sofa y así terminaron exaustas dándose placer amabas.Alexandra en mi vida había tenido este tipo de sexo, siempre fue normal para mi, pero contigo quiero descubrir todo.
En un momento, Eli apoyó la cabeza sobre el hombro de Alexandra. Esta le acarició distraídamente los dedos hasta que Eli levantó el rostro para buscarla.
No necesitaron decir nada.
El beso que compartieron entonces fue diferente. Más lento, más íntimo, lleno de una ternura que ninguna de las dos había esperado encontrar debajo de tanto deseo.
Cuando se separaron, Eli mantuvo una mano sobre el pecho de Alexandra, sintiendo los latidos acelerados bajo la tela de su camisa.
—Tu corazón también está corriendo —susurró.
—Culpa tuya.
—Me gusta tener ese efecto en ti.
—No te pongas insoportable.
—Demasiado tarde otra vez.
Alexandra le dio un beso en la frente, y Eli cerró los ojos, disfrutando de aquella pequeña muestra de cariño tanto como de los besos apasionados y cuerpos fundidos en uno solo.
La conversación continuó durante un buen rato. Hablaron de sus primeros años en la empresa, de las manías de Alexandra que Eli fingía detestar y de las veces que ambas habían terminado discutiendo por asuntos que, en el fondo, ninguna consideraba tan importantes.
Eli descubrió una versión de Alexandra que pocas personas conocían: una mujer capaz de reírse de sí misma, de escuchar sin interrumpir y de acariciarle los dedos como si aquel gesto fuera lo más natural del mundo.
Y Alexandra descubrió que la sonrisa de Eli era todavía más hermosa cuando no intentaba esconder sus sentimientos.
Poco a poco, el cansancio comenzó a vencerlas.
Eli bostezó y se cubrió la boca, avergonzada.
Alexandra soltó una carcajada.
—¿Te estás quedando dormida?
—No.
Un segundo después, Eli volvió a bostezar.
—Por supuesto que no —añadió Alexandra, divertida—. Estás perfectamente despierta.
—No empieces, Woods.
—Jamás me atrevería.
Eli le dio un pequeño golpe en el brazo, aunque terminó apoyando la cabeza en su hombro.
Alexandra la rodeó con un brazo.
—Puedes descansar un momento.
—Solo un momento —murmuró Eli.
—Claro.
Alexandra tomó una manta cubrió a ambas. Eli se acomodó contra ella, buscando instintivamente su calor. Alexandra le besó el cabello y apoyó la mejilla sobre su cabeza.
Ninguna volvió a hablar.
La lluvia continuó cayendo detrás de los ventanales, cada vez más suave, mientras el sueño las envolvía lentamente. Eli se quedo dormida en sus brazos Alexandra la alzó con cuidado y la llevo a la cama acostarla y ponerla comoda la cubrió con una manta y se acostó a su lado abrazándola.
La luz de la mañana se filtró por las cortinas y dibujó pequeñas franjas doradas sobre el salón.
Alexandra fue la primera en despertar.
Durante unos segundos no comprendió por qué sentía tanto calor ni por qué tenía un brazo alrededor de una cintura que no era la suya.
Entonces bajó la mirada.
Eli dormía profundamente entre sus brazos.
Tenía la cabeza apoyada sobre su pecho, una mano descansaba sobre su abdomen y una de sus piernas estaba entrelazada con las de Alexandra. Su cabello castaño se había desordenado durante la noche y algunos mechones le caían sobre el rostro.
Alexandra permaneció inmóvil.
No quería despertarla.
Había pasado años acostumbrada a despertarse sola, a comenzar cada mañana con llamadas, reuniones y decisiones importantes. Sin embargo, aquella mañana no pensó en la empresa, en los contratos pendientes ni en los problemas que seguramente la estarían esperando.
Solo pudo pensar en lo bien que se sentía tener a Eli entre sus brazos.
Con mucho cuidado, apartó un mechón de cabello de su rostro.
—Buenos días, preciosa —susurró, aunque sabía que Eli todavía no podía escucharla.
Eli se movió ligeramente y se acurrucó más contra ella, como si incluso dormida hubiera reconocido su calor.
Alexandra sintió una ternura inesperada.
Sonrió.
—Si sigues haciendo eso, voy a tener un problema muy serio contigo, Sinclair.
Como si hubiera escuchado su nombre, Eli abrió lentamente los ojos.
Tardó unos segundos en orientarse. Primero miró la manta que las cubría, después el brazo de Alexandra alrededor de su cintura y, finalmente, levantó la cabeza.
Sus ojos azules se encontraron con los verdes.
Ninguna habló.
Entonces Eli comprendió que no estaba soñando.
Había pasado la noche en casa de Alexandra. Se había quedado dormida entre sus brazos y, al despertar, seguía allí, protegida por aquel abrazo que no parecía dispuesto a soltarla.
Una sonrisa lenta apareció en sus labios.
—Buenos días.
Alexandra arqueó una ceja.
—Buenos días, dormilona.
Eli miró alrededor.
—¿Qué hora es?
Alexandra giró la cabeza hacia el reloj.
—Las ocho y veinte.
Eli abrió mucho los ojos.
—¡¿Las ocho y veinte?!
Intentó incorporarse de golpe, pero la manta se enredó en sus piernas y terminó cayendo nuevamente contra Alexandra.
Las dos soltaron una carcajada.
—Tranquila —dijo Alexandra, sujetándola por la cintura para evitar que resbalara del sofá—. El mundo sigue en su sitio.
—¡Tenemos que ir a trabajar!
—Lo sé.
—¿Y me lo dices así, tan tranquila?
—¿Qué quieres que haga? ¿Que convoque una reunión de emergencia porque te quedaste dormida abrazada a mí?
Eli se quedó callada.
Alexandra sonrió con malicia.
—Aunque reconozco que sería una reunión bastante interesante.
—Eres insoportable.
—Y, sin embargo, aquí estás.