La heredera del imperio Woods Capítulo 20 — El recuerdo de tus labios #3
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Capítulo 20 — El recuerdo de tus labios #3

—Ojalá pudiera decirte que es solo eso. Sería mucho más sencillo. Pero he intentado convencerme de que puedo ignorar lo que siento, que basta con mantenerme ocupada y concentrarme en mi trabajo. Y no funciona.

—¿Quién es ella?

Alexandra bajó la mirada.

No necesitaba pronunciar el nombre para comprender cuánto había cambiado su vida desde aquel primer beso.

—Eli Sinclair.

Ali permaneció inmóvil.

—¿Tu vicepresidenta?

—Sí.

—¿Y ella siente lo mismo por ti?

Alexandra dejó escapar una risa breve, carente de humor.

—No lo sé. Nos besamos, pero eso no significa que tenga todas las respuestas. Eli está casada y tiene muchas cosas que resolver. No quiero presionarla ni pedirle que tome una decisión para la que quizá todavía no está preparada.

—Pero tú ya has tomado la tuya.

Alexandra la miró.

—¿A qué te refieres?

—A que estás enamorada de ella. Puedes tener miedo, puedes sentirte culpable y puedes intentar convencerte de que todavía no sabes qué hacer, pero acabas de decirme que la amas.

Aquellas palabras la golpearon con una fuerza inesperada.

La amaba.

Alexandra había pensado en Eli durante días. Había recordado sus labios, sus miradas y cada pequeño gesto que antes interpretaba como simple profesionalidad. Había sentido celos al imaginarla con otra persona y una felicidad casi absurda cuando Eli había respondido a su beso.

Pero nunca se había permitido llamar amor a todo aquello.

Hasta ahora.

—Creo que sí —admitió en voz baja—. Creo que estoy enamorada de ella.

Ali apartó la mirada por un instante.

Alexandra sintió que la culpa se volvía todavía más pesada.

—Lo siento, Ali. No quería hacerte daño. Por eso necesitaba hablar contigo antes de continuar fingiendo que mis sentimientos no han cambiado.

—¿Y qué significa esto para nosotras?

La pregunta quedó suspendida entre ambas.

Alexandra no intentó suavizar la respuesta ni ofrecer promesas que no podía cumplir.

—Significa que no sería honesto seguir adelante contigo como si mi corazón estuviera en otra parte. No quiero utilizarte para olvidar a Eli, ni quiero que te quedes a mi lado pensando que algún día voy a sentir por ti algo que ahora mismo no puedo ofrecerte.

Ali respiró profundamente. Sus ojos mostraban dolor, pero también la dignidad de quien merecía escuchar la verdad, aunque esta llegara demasiado tarde.

—Habría preferido que me lo dijeras antes.

—Lo sé.

—¿Y si Eli decide que no quiere nada contigo?

Alexandra sintió un nudo en el pecho.

Era una posibilidad que había intentado no considerar.

—Entonces tendré que aprender a vivir con eso. No puedo exigirle que me ame solo porque yo la amo. Pero tampoco puedo mentirte para protegerme de la posibilidad de perderla.

Ali guardó silencio durante unos segundos.

Después preguntó:

—¿La amas lo suficiente como para arriesgarte a cambiar toda tu vida?

Alexandra pensó en Eli, en su matrimonio, en las barreras que ambas habían levantado y en el beso que había cambiado tantas cosas.

—No sé qué va a pasar —respondió con sinceridad—. No sé si algún día podremos estar juntas. Pero sé que ya no puedo seguir viviendo como si ella no significara nada para mí.

Ali asintió lentamente.

—Gracias por decírmelo de frente, Alexandra. Aunque duela, prefiero una verdad que me lastime a una mentira que me haga perder el tiempo.

Alexandra sintió que los ojos se le humedecían ligeramente.

—Nunca quise lastimarte.

—Lo sé. Pero no puedes decidir por mí qué me va a doler y qué no. Lo único que podías hacer era ser sincera.

Alexandra extendió una mano, pero se detuvo antes de tocarla, respetando la distancia que Ali parecía necesitar.

—¿Podemos despedirnos sin convertir esto en algo horrible?

Ali la miró con tristeza.

—No creo que sea horrible. Es triste, que no es lo mismo.

Se levantó y tomó su bolso.

Antes de marcharse, se volvió hacia Alexandra.

—Solo espero que, cuando llegue el momento de hablar con Eli, seas tan valiente como lo has sido conmigo.

Alexandra no encontró palabras para responder.

Ali se acercó y le dio un abrazo breve, sincero, aunque cargado de una despedida que ninguna de las dos necesitaba pronunciar expresamente.

Después se marchó.

Alexandra permaneció sola en la sala.

Por primera vez en mucho tiempo, no intentó distraerse con el teléfono ni buscar trabajo para evitar sus pensamientos.

Había dicho la verdad.

Y aunque aquella verdad había cerrado una puerta, también había dejado otra abierta.

La puerta que conducía a Eli.

Alexandra tomó el teléfono y contempló el nombre de la mujer que ocupaba todos sus pensamientos.

Quiso escribirle.

Decirle que no podía dejar de pensar en ella, que aquel beso había significado mucho más de lo que se atrevía a reconocer y que estaba cansada de esconderse detrás de su cargo y de su reputación.

Pero finalmente apagó la pantalla.

Eli necesitaba tiempo.

Y Alexandra, por primera vez, comprendió que amar a alguien no significaba acercarse cada vez que lo deseaba.

A veces también significaba esperar.

Aunque aquella noche, mientras se preparaba para dormir, supo que había algo que ya no podía negar.

Estaba enamorada de Eli Sinclair.

Y, pasara lo que pasara, ya no quería mentirse sobre ello.