Capítulo 4 — Una contratación que desató una guerra #3
—No quiero que nadie cambie las condiciones sin consultarme. Si Recursos Humanos considera que existe algún inconveniente contractual o presupuestario, que me presente un informe. Lo revisaremos.
—De acuerdo.
Natalie salió del despacho.
Alexandra volvió a abrir los documentos de la negociación con Beaumont, sin imaginar que su instrucción ya había comenzado a circular por la empresa.
A las nueve menos diez, Eli entró en el área administrativa para recoger un informe y escuchó a dos empleados hablar cerca de la sala de reuniones.
—Dicen que la presidenta va a contratar a una asesora personal.
—¿Una asesora?
—Sí. Y parece que el salario será de cuarenta mil dólares al mes.
Eli se detuvo.
—¿Cuánto? —preguntó, volviéndose hacia ellos.
Los empleados se quedaron inmóviles.
—Eso es lo que escuchamos, señora Sinclair.
—¿Y quién es la persona que van a contratar?
—No conocemos todos los detalles, pero Recursos Humanos está preparando el contrato.
Eli agradeció la información y siguió caminando.
Cuarenta mil dólares mensuales.
Una cantidad que superaba la remuneración de varios directores de la compañía.
No le molestaba que Alexandra contratara asesores. De hecho, consideraba que una presidencia debía contar con especialistas capaces de aportar una visión independiente.
Lo que no podía aceptar era que se estableciera una remuneración de semejante magnitud sin una evaluación formal del puesto, una justificación presupuestaria y criterios claros de equidad interna.
Entró directamente en el despacho de Alexandra sin esperar a que Natalie anunciara su presencia.
—Necesitamos hablar.
Alexandra levantó los ojos de la pantalla.
—Buenos días para ti también, Eli.
—Acabo de enterarme de que Recursos Humanos está preparando un contrato para una asesora con un salario de cuarenta mil dólares mensuales.
—Qué rápido circulan las noticias.
—¿Es cierto?
—Sí.
—¿Puedo saber quién es?
Alexandra apoyó la espalda contra la silla.
—Sofía.
Eli tardó unos segundos en reaccionar.
—¿Sofía? ¿Tu amiga?
—La misma.
—¿Vas a contratar a tu amiga y pagarle cuarenta mil dólares al mes?
—Exactamente.
Eli dejó la carpeta que llevaba bajo el brazo sobre el escritorio.
—Alexandra, no puedes hacer eso.
La sonrisa de la presidenta desapareció.
—¿Perdón?
—No puedes asignarle un salario superior al de los directores sin una evaluación del cargo y una justificación que pueda defenderse ante la dirección.
Tenemos una estructura salarial, responsabilidades definidas y procedimientos para las contrataciones ejecutivas.
No puedes ignorarlo simplemente porque se trata de alguien cercana a ti.
Alexandra la observó en silencio.
—¿Terminaste?
—No. Si quieres contratar una asesora estratégica, presenta el puesto, define sus competencias, establece los objetivos y deja que Recursos Humanos evalúe la remuneración. No puedes decidir una cifra arbitraria y exigir que todos la acepten.
Alexandra cerró lentamente el documento que estaba leyendo.
—Primero, Sofía no será una asistente personal. Será mi asesora estratégica, trabajará directamente conmigo y tendrá responsabilidades que todavía no hemos asignado a ningún otro puesto de la compañía.
—Eso no justifica cualquier salario.
—Segundo, la he elegido porque conozco sus capacidades y confío en su criterio.
—Eso tampoco justifica cualquier salario.
Alexandra se levantó de la silla.
—Y tercero, no voy a discutir una decisión que tomé después de evaluar lo que necesito para dirigir esta empresa.
Eli cruzó los brazos.
—¿De verdad crees que puedes hacer lo que quieras solo porque eres la presidenta?
Alexandra dio un paso alrededor del escritorio y la miró directamente a los ojos.
—No. Creo que debo asumir la responsabilidad de las decisiones que tomo. Y precisamente por eso no voy a dejar que alguien cuestione una contratación antes siquiera de revisar las funciones que tendrá esa persona.
—¡Le estás ofreciendo un salario superior al de varios directores!
—Lo sé. Fui yo quien estableció la cifra.
—¿Y qué les dirás a los demás cuando pregunten por qué ella merece ganar más?
—Les explicaré que las remuneraciones dependen de las responsabilidades, las competencias y el valor del puesto, no de una clasificación basada únicamente en los cargos que aparecen en el organigrama.
Eli negó con la cabeza.
—Esto va a generar problemas.
—Entonces resolveremos los problemas cuando aparezcan.
—No puedes simplemente imponer tu voluntad a todo el mundo.
Alexandra sonrió, pero esta vez no había humor en su expresión.
—Escúchame bien, Eli. Sofía será mi asesora estratégica, trabajará directamente conmigo y tendrá un contrato que establecerá sus responsabilidades.
Si Recursos Humanos encuentra algún impedimento, lo revisaremos.
Si existe una objeción presupuestaria fundada, la estudiaré.
Pero no voy a retirar una oferta porque a ti te parezca demasiado generosa.
Eli sostuvo su mirada.
—No se trata de lo que me parezca a mí. Se trata de la empresa.
—Entonces hablemos de la empresa.
Alexandra señaló los informes financieros que estaban sobre el escritorio.