La heredera del imperio Woods Capítulo 2 — La presidenta que nadie se atrevía a desafiar
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Capítulo 2 — La presidenta que nadie se atrevía a desafiar

El regreso de la heredera

Nueva York amaneció bajo un cielo despejado cuando el avión privado de Alexandra Woods aterrizó en el aeropuerto.

Desde su asiento, Alexandra contempló la ciudad que había dejado atrás cinco años antes. Los edificios, las avenidas y el movimiento incesante de Nueva York le resultaban familiares, pero regresar no despertaba en ella la emoción que su padre probablemente esperaba.

Había construido su independencia en Inglaterra. Allí había estudiado, perfeccionado sus conocimientos empresariales y aprendido a disfrutar de una vida en la que nadie podía exigirle que regresara a casa para asumir una responsabilidad que no había elegido.

Pero ahora estaba allí.

Y, aunque no pensaba reconocerlo en voz alta, tenía curiosidad por descubrir cuánto había cambiado Woods International durante su ausencia.

Cuando el avión se detuvo, Alexandra tomó su bolso y descendió por la escalerilla. Su asistente la esperaba junto a un automóvil negro.

—Buenos días, señorita Woods. Bienvenida a Nueva York.

—Buenos días, Natalie.

—Su padre la espera en la empresa. La junta directiva ha sido informada de su llegada y la presentación oficial está prevista para las diez.

Alexandra miró su reloj.

—Tenemos tiempo suficiente. Primero quiero pasar por mi apartamento, cambiarme y revisar los últimos informes.

—Por supuesto. Su equipaje será trasladado directamente.

Alexandra subió al automóvil.

Mientras avanzaban hacia Manhattan, abrió la carpeta que Natalie le había entregado. Contenía información sobre los principales departamentos, las últimas cifras financieras y los nombres de los directivos que trabajarían bajo su autoridad.

Uno de ellos llamó especialmente su atención.

Eli Sinclair — vicepresidenta ejecutiva.

Treinta y tres años. Diez años de experiencia en Woods International. Responsable de supervisar las operaciones corporativas y coordinar las principales áreas de la compañía.

Alexandra leyó el resumen profesional.

La mujer tenía una trayectoria sólida, varios proyectos exitosos y una reputación de ejecutiva exigente. También aparecía una observación en el informe interno: era conocida por cuestionar las decisiones cuando consideraba que podían perjudicar a la empresa.

Alexandra sonrió ligeramente.

—Interesante.

Natalie la miró desde el asiento delantero.

—¿Ocurre algo?

—No. Simplemente parece que la vicepresidenta tiene una opinión bastante fuerte sobre cómo deben hacerse las cosas.

—La señora Sinclair es muy respetada dentro de la compañía. Conoce las operaciones mejor que la mayoría de los directivos.

—Eso no significa que siempre tenga razón.

—No, señorita. Pero suele presentar argumentos bien fundamentados.

Alexandra cerró la carpeta.

—Entonces será mejor que tenga buenos argumentos cuando hable conmigo.

No volvió a mencionar el asunto.

Sin embargo, el nombre de Eli Sinclair quedó registrado en su memoria.

No como una mujer que le interesara conocer por motivos personales, sino como una de las personas que tendría que evaluar antes de decidir en quién podía confiar para dirigir la compañía.

Alexandra no necesitaba que todos estuvieran de acuerdo con ella.

Necesitaba saber quién era capaz de ejecutar sus decisiones y quién se convertiría en un obstáculo.

Y estaba dispuesta a descubrirlo desde el primer día.

La llegada a Woods International

A las nueve y cuarenta y cinco, Alexandra entró en el vestíbulo principal de Woods International.

El edificio se elevaba sobre una de las avenidas más importantes de Manhattan. Las paredes de cristal reflejaban la luz de la mañana y el logotipo de la compañía presidía la recepción.

Varios empleados levantaron la mirada al verla pasar.

Algunos la reconocieron inmediatamente por las fotografías corporativas. Otros comenzaron a susurrar al descubrir que la heredera había regresado para asumir la presidencia.

Alexandra no les prestó atención.

Caminó hacia los ascensores con paso firme, vestida con un traje oscuro, una camisa blanca y unos zapatos elegantes. Su cabello oscuro caía sobre sus hombros y sus ojos verdes observaban cada detalle con una precisión casi intimidante.

Cuando llegó al piso ejecutivo, encontró a Natalie esperándola.

—Su padre la espera en la sala de juntas. Los directores ya están reunidos.

—Perfecto.

—La vicepresidenta Sinclair también está allí.

Alexandra le entregó el bolso.

—Entonces no hagamos esperar a nadie.

Abrió las puertas de la sala sin anunciarse.

Las conversaciones cesaron.

Ricardo Woods estaba sentado en uno de los extremos de la mesa. A su derecha se encontraba Eli Sinclair, revisando una carpeta con varias anotaciones. A su alrededor estaban los principales responsables de la compañía.

Alexandra recorrió la sala con la mirada antes de dirigirse al asiento principal.

—Buenos días.

Los directivos respondieron al saludo.

Ricardo se puso de pie.

—Como saben, mi hija Alexandra ha regresado a Nueva York y asumirá desde hoy la presidencia de Woods International. Confío en que todos colaborarán con ella para continuar fortaleciendo nuestra posición en el mercado.

Alexandra tomó asiento.

—Agradezco la bienvenida. No voy a extenderme demasiado con presentaciones. He revisado parte de los informes durante el viaje y quiero conocer la situación real de la compañía antes de establecer mis prioridades.

Uno de los directores asintió.

—Por supuesto, señorita Woods.

—Quiero informes completos, cifras verificables y explicaciones claras. No me interesa recibir documentos preparados para que todo parezca funcionar perfectamente. Si existe un problema, quiero conocerlo. Si hay una oportunidad que estamos desaprovechando, quiero saber por qué.

Ricardo la observó con una mezcla de orgullo y preocupación.

Aquella era su hija. Segura, directa y convencida de que podía enfrentarse a cualquier desafío.

—Eli —continuó Alexandra, volviéndose hacia la vicepresidenta—, entiendo que usted supervisa las operaciones generales.

Eli levantó la mirada.

—Así es.

—Entonces espero que me ayude a comprender por qué algunos proyectos internacionales llevan meses sin avanzar.

—Con gusto. Pero necesitaré que revise el contexto de cada proyecto antes de decidir qué medidas tomar.

Alexandra apoyó una mano sobre la mesa.

—No he venido a perder el tiempo, señora Sinclair.

—Y yo no pretendo hacérselo perder. Mi responsabilidad es asegurarme de que las decisiones que tome se apoyen en información completa.

La respuesta fue serena, pero firme.

Alexandra la observó durante unos segundos.

No estaba acostumbrada a que alguien respondiera a sus exigencias con tanta tranquilidad. La mayoría de las personas intentaba agradarle o se apresuraba a justificar cualquier inconveniente.

Eli, en cambio, parecía más interesada en establecer límites profesionales que en ganarse su aprobación.

Aquello no despertó ningún interés personal en Alexandra.

Solo le confirmó que tendría que prestar especial atención a aquella vicepresidenta.

—Bien —respondió finalmente—. Entonces espero que me entregue la información que necesito sin demoras innecesarias.

—La tendrá.

Ricardo intervino antes de que la conversación continuara.

—Creo que lo mejor será comenzar con un resumen de las operaciones actuales.

La reunión prosiguió con los informes de cada departamento.

Alexandra escuchó las presentaciones, hizo preguntas y tomó notas. En varias ocasiones interrumpió para pedir cifras más precisas o cuestionar decisiones que consideraba poco ambiciosas.

A medida que avanzaba la reunión, su impaciencia se hizo evidente.

—¿Por qué seguimos utilizando este proveedor si existen alternativas más económicas?

—Porque el proveedor actual ofrece garantías de entrega que los otros todavía no pueden asegurar —explicó el director de operaciones.

—¿Y cuánto tiempo llevan evaluando esas alternativas?

—Tres meses.

Alexandra levantó la mirada.

—¿Tres meses para evaluar una alternativa de distribución?

—Es un proceso que requiere comprobar la capacidad logística, la cobertura y las condiciones contractuales.

—Entonces aceleren el proceso.

Eli intervino.

—Podemos acelerar algunas etapas, pero no deberíamos comprometer la calidad de la evaluación. Un proveedor más barato no siempre representa un ahorro si después incumple los plazos.

Alexandra se volvió hacia ella.

—No he dicho que debamos contratar al más barato sin revisar sus condiciones.

—Entonces estamos de acuerdo en que la evaluación debe completarse correctamente.

—Estamos de acuerdo en que debe completarse. No en que necesitemos tres meses para hacerlo.

Eli anotó algo en su carpeta.

—Prepararemos una propuesta con un calendario revisado.

—Quiero verla esta semana.

—La recibirá cuando tengamos datos suficientes para respaldarla.

La expresión de Alexandra se endureció.

—¿Está acostumbrada a responder así a sus superiores?

Eli levantó los ojos.

—Estoy acostumbrada a explicar qué necesita la empresa para tomar decisiones responsables.

Un silencio incómodo se extendió por la sala.

Ricardo se acomodó en su asiento, consciente de que el primer enfrentamiento entre su hija y la vicepresidenta estaba tomando forma delante de toda la junta.

Alexandra sonrió con frialdad.

—Espero que esa seguridad venga acompañada de resultados, señora Sinclair.

—Puede estar segura de que así será.

La primera confrontación

Cuando la reunión terminó, los directivos comenzaron a recoger sus documentos.

Alexandra permaneció sentada, revisando las anotaciones que había hecho durante la presentación. No le gustaba la cantidad de procesos que parecían depender de decisiones lentas ni la facilidad con la que algunos ejecutivos aceptaban retrasos.

Eli se acercó a la mesa con una carpeta.

—Aquí tiene el resumen de las operaciones prioritarias. Los documentos completos estarán disponibles en la plataforma corporativa antes del mediodía.

Alexandra tomó la carpeta y la abrió.

—¿Este es el informe actualizado?

—Sí. Incluye los resultados del último trimestre y las proyecciones para el siguiente.

—Faltan los datos de dos mercados.