Capítulo 43. Mercedes
MERCEDES
Mercedes eligió una cafetería junto a un parque. Marcos pidió que Clara fuera con él, pero que se sentara lejos.
—Quiero saber que estás ahí.
—Estaré.
—Pero esto tengo que hacerlo yo.
Clara asintió. Mercedes llegó antes. Cuando vio a Marcos, se levantó y estuvo a punto de abrazarlo. Se detuvo.
—Hola.
—Hola.
Se sentaron.
—No sé cómo hacer esto —dijo Mercedes.
—Bien.
Ella sonrió.
—Eso suena a Clara.
—Se pega.
Marcos no quiso hablar de S-17 al principio.
—Cuéntame algo de antes.
—¿Antes de qué?
—De todo.
Mercedes pensó.
—Estudié Medicina porque quería ser pediatra.
—¿Y terminaste en neurología?
—Sí.
—¿Por qué?
—Mi hermano tuvo un accidente. Perdió parte de la memoria. Quise entenderlo.
Marcos absorbió la ironía.
—Y terminaste haciendo lo mismo a otras personas.
Mercedes cerró los ojos.
—Sí.
—No voy a suavizarlo.
—No te lo pido.
Marcos preguntó por su infancia. Mercedes le contó que lo observó desde lejos. Colegio. Partidos. Cumpleaños.
—¿Nunca hablaste conmigo?
—Una vez.
Él se tensó.
—¿Cuándo?
—Te perdiste en una feria. Tenías once años.
La imagen llegó antes que las palabras. Luces. Música. Una mujer agachándose. «No te preocupes. Vamos a encontrar a tu madre.» Marcos dejó de respirar.
—Eras tú.
Mercedes empezó a llorar.
—Sí.
—Me llevaste con Carmen.
—Sí.
—¿Por qué no me dijiste quién eras?
—Porque cuando la viste corriste hacia ella. Entendí que ella era tu madre.
Marcos permaneció en silencio.
—Yo te había dado a luz —continuó Mercedes—, pero ella era la persona que buscabas cuando tenías miedo.
—¿Te arrepentiste de dejarme con ella?
Mercedes negó.
—Me arrepiento de haber construido una vida en la que dejarte con ella fue probablemente la mejor decisión que pude tomar.
Marcos miró por la ventana.
—Eso sí te lo creo.
Hablaron durante casi dos horas. No hubo reconciliación. Hubo detalles. Que odiaba los guisantes. Que de niño se dormía en el coche. Que Carmen llamaba «Dani» solo cuando estaba enfadada. Al despedirse, Mercedes dudó.
—¿Puedo?
Marcos entendió que quería abrazarlo. No estaba preparado. Le cogió la mano.
—Volveremos a hablar.
Mercedes sonrió. Clara lo esperaba fuera. Caminaron unos metros antes de que él hablara.
—La recordé.
—La feria.
—Sí.
—¿Cómo te sientes?
Marcos levantó una ceja. Clara sonrió.
—Perdón.
Él le cogió la mano.
—Quiero volver a verla.
—Entonces vuelve.
—¿Así de fácil?
—No. Pero puede ser así de sencillo.
Marcos la miró.
—Eso va al libro.
—Ni se te ocurra.
Los dos rieron. Por primera vez, Mercedes dejó de ser solo una pieza de S-17.
Era una persona. Eso no la hacía inocente.
Solo la hacía real. Mercedes escribió a Marcos después de la reunión.
No un mensaje largo. Gracias por volver.
Él tardó dos días en responder. No sé si he vuelto.
Pero quiero seguir hablando. Mercedes contestó: Me basta. Marcos enseñó el intercambio a Clara.
—¿Por qué me lo enseñas?
—No sé.
—No tienes que hacerlo.
—Ya.
Clara sostuvo el teléfono.
—Tu relación con ella no necesita supervisión.
Marcos sonrió.
—Eso ha sonado a aprendizaje.
—Muchísimo.
Meses después, Mercedes fue a su casa por primera vez.
No habló de S-17. Llevó una caja con fotografías de Carmen.
Marcos pasó una hora mirándolas. Mercedes no intentó colocarse en ninguna.
Clara observó aquella prudencia. No borraba lo que había hecho.
Pero era una forma distinta de estar. Y algunas personas, comprendió, solo podían reparar aprendiendo a ocupar menos espacio.
La primera vez que Mercedes cenó en casa, se sentó en el borde de la silla como si esperara que alguien la expulsara.
Lucía llegó tarde y se quedó quieta al verla.
—Hola.
—Hola.
No eran amigas. Tampoco enemigas simples.
Durante la cena hablaron de un programa de televisión.
Fue incómodo. Maravillosamente incómodo.
Al marcharse, Mercedes ayudó a recoger. Clara la observó.
No necesitaban una gran reconciliación. A veces una persona regresaba a una familia empezando por secar platos.
Mercedes preguntó si podía llamar a Marcos por su cumpleaños.
Él respondió que sí, pero no a primera hora.
Ella llamó a las once. Marcos sonrió al ver que había respetado incluso ese límite pequeño.
Mercedes empezó a mandar recetas, fotografías y mensajes normales.
Marcos respondió a algunos y dejó otros sin contestar.
Ella no insistió. La ausencia de presión se convirtió en la primera forma de confianza entre ambos.
Mercedes guardaba una copia de la primera foto de Marcos bebé.
Cuando se la ofreció, él pidió que conservara el original y le diera una copia.
Era una forma de reconocer que algunos recuerdos también podían pertenecerle a ella sin convertirse en propiedad exclusiva.
Mercedes se equivocó una vez y llamó a Marcos Daniel por teléfono.
Se corrigió antes de que él dijera nada.
Marcos notó que el error ya no le provocaba rabia.
Solo una pequeña distancia. Eso también era avance.