Capítulo 38. El Cumpleaños
EL CUMPLEAÑOS
El cumpleaños de Clara fue la primera celebración en la que estuvieron sus dos hermanas. Alicia decidió organizarlo. Eso significó, según Clara, que dejó de ser un cumpleaños y se convirtió en una operación logística.
—No quiero fiesta.
—No es una fiesta.
—¿Cuánta gente viene?
—Dieciocho.
—Eso es una fiesta.
—Una reunión.
Lucía llegó con bolsas de decoración.
—He traído cosas.
Clara la miró.
—Tú eres peor.
Irene apareció con una tarta. Tomás con vino. Marcos fingió no saber nada.
—Traidores.
La casa se llenó. Por primera vez, las conversaciones no giraron alrededor de E-00. Samuel no estaba. Mercedes tampoco. Elena llamó desde prisión. Clara habló con ella cinco minutos.
—Pásalo bien.
—Intentaré sobrevivir.
—Ya no hace gracia.
—A mí sí.
Al colgar, Clara salió a la terraza. Marcos la siguió.
—Te escondes.
—Descanso.
—Es tu fiesta.
—Reunión.
Él sonrió.
—¿Estás feliz?
Clara miró por la ventana. Lucía discutía con Alicia sobre música. Irene estaba cortando la tarta antes de tiempo. Tomás intentaba arreglar algo que nadie le había pedido.
—Sí.
Marcos esperó.
—Eso ha sido rápido.
—No lo estropees.
Cuando apagaron las velas, Clara pensó en pedir que nada cambiara.
Después comprendió que eso era imposible.
Había pasado años deseando recuperar cosas: a Lucía, a Antonio, la verdad de Marcos, una madre sin secretos.
No quería pedir recuperación. Quería futuro.
Cerró los ojos. No dijo el deseo. Por primera vez, tenía más interés en lo que quedaba que en lo que había perdido.
• • •
Después del cumpleaños, Clara encontró a Alicia lavando vasos en la cocina.
—No tienes que hacerlo.
—Necesito cinco minutos sin que Lucía me obligue a bailar.
Clara sonrió. Alicia miró hacia el salón.
—Esto es raro.
—¿Qué?
—Tener hermanas.
—Bastante.
—Nunca tuve.
Clara secó un vaso.
—Yo tuve una y desapareció nueve años.
—Buen argumento para no presumir.
Se quedaron en silencio.
—Tengo miedo de que esto sea temporal —dijo Alicia.
Clara la miró.
—¿Nosotras?
—Sí.
—No.
—¿Cómo puedes saberlo?
Clara pensó.
—No puedo.
Alicia sonrió.
—Muy útil.
—Pero puedo decirte que aunque un día discutamos y no nos hablemos un mes, seguirás siendo mi hermana.
—Eso suena a amenaza.
—Lo es.
Alicia rio. Aquella conversación, entre platos sucios y restos de tarta, fue la primera vez que Clara sintió que su relación con Alicia ya no dependía de Antonio.
El regalo que más gustó a Clara aquel cumpleaños no fue caro.
Alicia le dio una copia enmarcada de la primera conversación del grupo Hermanas Vega. Las lentejas. Clara empezó a reír.
—Eres idiota.
—Patrimonio familiar.
Lucía protestó porque su comentario aparecía cortado.
—Era el mejor.
—No.
Colgaron el marco en la cocina. Una prueba de que no todo archivo familiar tenía que servir para un juicio.
Alicia regaló a Clara un llavero en forma de puerta por su cumpleaños.
Clara amenazó con tirarlo. Lo usó durante dos años.
Cada vez que alguien preguntaba por qué llevaba una puerta, respondía: «Historia larga.
» Al final del cumpleaños, Clara encontró cera de las velas sobre la mesa nueva.
Antes le habría molestado. La dejó hasta el día siguiente.
La casa empezaba a acumular marcas de vida que no tenían nada que ver con E-00.
En el cumpleaños, Clara recibió una planta de Alicia y una novela de Lucía.
La planta murió en dos meses. La novela quedó llena de notas.
Alicia insistió en que la genética no explicaba la mala jardinería.
Clara no estuvo de acuerdo. El grupo Hermanas Vega cambió de nombre una noche.
Lucía puso «LAS 3 PESADAS». Alicia lo devolvió al original.
Clara no intervino. La disputa duró dos días.