La habitación que nadie abre Capítulo 37. La Fotografía De Lucía
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Capítulo 37. La Fotografía De Lucía

LA FOTOGRAFÍA DE LUCÍA

Lucía apareció un martes con la fotografía de Portugal dentro de un sobre. Marcos estaba cocinando. Clara abrió la puerta.

—¿Qué pasa?

—Nada.

—Traes esa cara.

—¿Qué cara?

—La de que vas a decir algo incómodo.

Lucía entró. Dejó el sobre sobre la mesa. Marcos lo abrió. La fotografía. Él y Lucía frente al mar.

—Pensé que la tenías tú —dijo.

—Tenía otra copia.

Marcos sostuvo la imagen.

—¿Por qué me la das?

Lucía se sentó.

—Porque es tuya.

—También tuya.

—Yo recuerdo ese día.

Él no. La frase quedó entre ambos. Clara no intervino. Lucía continuó:

—Estábamos en Portugal. Habíamos discutido porque yo quería seguir a Javier y tú pensabas que era una trampa.

—¿Lo era?

—Sí.

Marcos sonrió.

—Qué sorpresa.

—Después fuimos al mar porque ninguno quería admitir que el otro tenía razón.

—Eso sí suena familiar.

Lucía miró la fotografía.

—Te quise.

Marcos sostuvo su mirada.

—Lo sé.

—Y creo que tú me quisiste.

—También.

—Pero no quiero que recuperar recuerdos te haga pensar que tienes que recuperar sentimientos.

Clara sintió que algo dentro se soltaba. Marcos tardó.

—Gracias.

Lucía sonrió.

—Además ahora eres mucho más pesado.

—Eso es Marcos.

—Entonces Marcos es peor.

Clara rio. La tensión desapareció. Marcos guardó la fotografía. Más tarde, cuando Lucía se marchó, la sacó de nuevo.

—¿Te molesta si la conservo?

Clara lo miró.

—No.

—¿Seguro?

—Es tu pasado.

—También es mi ex con tu hermana.

—Nuestra vida incluye una organización clandestina de memoria. Creo que «ex de mi hermana» ha bajado bastante en la lista de rarezas.

Marcos empezó a reír. Clara se acercó.

—No quiero que escondas a Daniel para demostrarme que eres Marcos.

Él la miró.

—Eso ha sonado a frase del libro.

—Puede.

Pusieron la foto en una caja con documentos antiguos.

No en el salón. No al fondo de un cajón.

En un lugar donde podía existir sin gobernar nada.

A Clara le pareció la metáfora más sana que habían encontrado hasta entonces.

La caja donde Marcos guardó la fotografía de Portugal empezó a llenarse.

Una entrada de cine de 2014 que Mercedes encontró.

Una nota de Carmen. La libreta negra. El nuevo DNI.

Una fotografía de la segunda boda. Clara lo vio una tarde.

—¿Qué es esto?

—Mi archivo.

—Suena peligroso.

—Sin contraseñas.

—Mejor.

Marcos sostuvo la caja.

—Pensaba separar Daniel y Marcos.

—¿Y?

—No sé dónde poner la frontera.

Clara se sentó.

—Quizá no existe.

—Eso es incómodo.

—La mayoría de las cosas reales lo son.

Marcos guardó la fotografía de Portugal junto a una de Clara.

No porque fueran equivalentes. Porque ambas pertenecían al mismo hombre.

Aquella caja terminó siendo una de las pocas cosas que se llevaron intactas cuando vendieron la casa años después.

Marcos enseñó la fotografía de Portugal a Samuel durante una visita posterior.

—¿Sabías lo de Lucía?

Samuel asintió.

—Sí.

—¿Te molestaba?

—Me daba miedo.

Marcos rio.

—Otra vez.

Samuel aceptó.

—Sí.

—Pues deja de contarme lo que te daba miedo y dime qué hiciste.

—Intenté que te alejaras.

—¿Cómo?

—Te ofrecí trabajo fuera.

Marcos cerró los ojos. Hamburgo. Otra pieza.

—Gracias.

Samuel se sorprendió.

—¿Por qué?

—Por decirlo sin justificar.

La relación entre ambos avanzaba así: no con perdones, sino con frases cada vez menos manipuladas.

Lucía pidió una copia digital de la fotografía de Portugal después de entregársela a Marcos.

«He dicho que es suya, no que quiera borrarla.

» Clara sonrió. Conservar y soltar dejaban de parecer actos opuestos.

Marcos tardó semanas en decidir dónde guardar la caja de recuerdos.

Finalmente la puso en un estante accesible.

No bajo llave. Si algún día quería abrirla, lo haría.

Si no, también estaba bien. La caja de recuerdos de Marcos nunca tuvo candado.

Una tarde Toni la abrió años después y preguntó quién era la mujer de Portugal.

Marcos respondió: «Una amiga de hace mucho.

» No fue mentira. Tampoco necesitó una conferencia.

Clara vio a Marcos mirar la foto de Lucía sin tristeza. Solo reconocimiento. No comentó nada. Había aprendido que observar una emoción no le daba derecho a interrogarla.