CAPÍTULO 33
El hombre del que escapé era Lukas.
Escribo la frase en la libreta y, por primera vez desde que empecé a llenarla de nombres que no recordaba, no añado un interrogante.
Tampoco lo llamo. Durante la noche me envía dos mensajes más y por la mañana encuentro otro preguntándome si quiero que pase por el apartamento.
Respondo que estoy enferma y necesito dormir.
Es una mentira mediocre, pero precisamente por eso resulta eficaz.
Lukas sabe que llevo semanas durmiendo mal y no tiene motivo para sospechar que he pasado la noche reconstruyendo la relación que él decidió fingir que nunca existió.
Su respuesta llega enseguida.
«Descansa, Mari.»
Me quedo mirando la palabra.
Esta vez no intenta corregirla.
No sé si es un error, una provocación o una manera de decirme que ya sabe que he empezado a recordar.
Lo único sensato sería alejarme del teléfono, llamar a la policía y contar lo que he descubierto.
El problema es explicar qué he descubierto exactamente.
Que mi novio actual fue también mi novio hace seis años y cambió de apellido no constituye un delito.
Que mi memoria no lo reconociera tampoco.
Incluso la denuncia de Eva terminó sin pruebas y contiene una declaración firmada por mí negando cualquier amenaza.
Necesito saber qué intentaba demostrar Eva.
Vuelvo a los discos duros que saqué de Nachtwerk. Hasta ahora los he tratado principalmente como archivos musicales, buscando sesiones de Vesper, fotografías y rastros de mi relación con el club. Hoy busco otra cosa. Grabaciones que no deberían existir.
La primera aparece casi por casualidad. Dentro de un directorio llamado ROOM_TEST hay subcarpetas ordenadas por fechas y, dentro de ellas, archivos de audio con nombres que no corresponden a ninguna canción. FR_02. NINA_A. H_4. CARO_RAW. Parecen pruebas técnicas hasta que abro el primero.
Una mujer habla.
No conozco su voz. Está contando algo sobre su padre, una operación y el miedo a que vuelva a ocurrir.
La grabación dura diecisiete minutos y no tiene ninguna relación con música.
Al fondo se escucha el ambiente de un bar, vasos, conversaciones y un grave constante que podría proceder de otra sala.
La mujer no sabe que está siendo grabada, o al menos se comporta como alguien que no espera que sus palabras sobrevivan a la conversación.
Un hombre responde de vez en cuando.
Lukas.
No necesito escucharlo dos veces.
—¿Y desde entonces te cuesta estar sola cuando pasa algo?
—Sí.
—¿Por miedo a no poder pedir ayuda?
La mujer tarda en responder.
—Supongo.
Lukas no insiste. Cambia de tema con naturalidad y durante unos minutos hablan de música. Si escuchara solo esa parte, parecería una conversación cualquiera entre dos personas que empiezan a conocerse.
El archivo termina.
Abro NINA_A.
Otra mujer. Otro lugar.
Esta habla de una relación anterior. Su expareja desaparecía durante días y volvía fingiendo que no había ocurrido nada. Lo cuenta riéndose, como si ya hubiera aprendido a transformar la humillación en anécdota.
Lukas pregunta:
—¿Qué era lo peor?
—No saber si volvía.
—¿No que se fuera?
—No. La espera.
Él no hace nada raro. No amenaza. No seduce siquiera de forma evidente. Escucha.
Eso es lo inquietante.
Abro cuatro archivos más. Ansiedad. Una madre alcohólica. Una mujer que no soporta que la ignoren. Otra que teme decepcionar a cualquiera que quiera. Conversaciones íntimas obtenidas en clubes, bares, coches o habitaciones donde nadie parece saber que hay un micrófono abierto.
Cada archivo tiene después una segunda versión.
NINA_A tiene NINA_B.
La reproduzco.
Han pasado semanas o meses. Lo sé porque la relación entre ambos ha cambiado. Ella está enfadada.
—Podrías haber avisado.
—Te dije que tenía trabajo.
—Ayer. Hoy no has contestado en doce horas.
Lukas permanece tranquilo.
—¿Quieres que te dé explicaciones cada vez que apago el móvil?
—No es eso.
—Entonces ¿qué es?
Ella no responde.
Yo sí sé qué es.
La espera.
La misma palabra que utilizó en la primera grabación.
Lukas también.
—No puedo hacerme responsable de que te pongas así cada vez que no sabes dónde estoy.
La mujer intenta explicarse. Él transforma poco a poco el problema. Ya no es que haya desaparecido, sino que ella es incapaz de tolerar unas horas sin controlarlo. Cuando Nina menciona a su expareja, Lukas se sorprende.
—No soy él.
—Ya lo sé.
—Pues deja de castigarme por lo que te hizo otra persona.
Silencio.
Después ella pide perdón.
Detengo el audio.
Siento frío.
Vuelvo a NINA_A.
«Lo peor era no saber si volvía.»
No es una casualidad.
Abro CARO_RAW y después CARO_3. En el primero, una mujer explica que su madre la comparaba constantemente con su hermana y que todavía siente que debe demostrar que merece atención. En el segundo, Lukas lleva una discusión hacia exactamente ese lugar.
—Todo tiene que demostrar cuánto te quiero.
—No he dicho eso.
—Lo haces. Si no te llamo, no te quiero. Si quiero estar solo, no te quiero. Si hablo con otra mujer, no te quiero.
—Eso no es justo.
—¿Ves? Nunca es suficiente.
Minutos después ella está llorando y él la consuela.
Esa parte es casi peor.
La voz de Lukas se vuelve cálida, baja. Le dice que no quiere hacerle daño, que solo desea que deje de sabotear algo bueno. Primero encuentra la herida, después la presiona y, cuando duele, ofrece la venda.
Cierro el archivo.
Esto es lo que Eva intentaba explicar a la policía.
No una red ni agresiones que pudieran fotografiarse.
Un método.
Busco algún patrón en las carpetas y lo encuentro en archivos de texto asociados a varias mujeres.
NINA: abandono / necesidad de respuesta / padre distante.
CARO: comparación hermana / validación / conflicto materno.
H: miedo exposición / consumo / secretos familia.
Perfiles emocionales.
Lukas no grababa conversaciones por placer. Las clasificaba. Sabía qué necesitaba cada persona y qué podía utilizar cuando quisiera acercarla o alejarla.
Hay al menos once mujeres. Algunas aparecen una sola vez, otras tienen meses de grabaciones. No sé qué relación mantuvo con ellas ni necesito saberlo para entender por qué Eva estaba aterrorizada.
Busco mi nombre.
MARA no aparece.
MAVE tampoco.
Con MARI encuentro una carpeta.
MARI_01. MARI_HOME. MARI_FIGHT. MARI_EVA.
Me quedo mirando los archivos varios segundos. Podría abrirlos, pero no lo hago. Todavía no.
En cambio, busco a Eva. Encuentro una carpeta comprimida llamada EK_BACKUP, fechada antes de su denuncia y protegida con contraseña.
Pruebo NIGHT17.
Nada.
VESPER.
Nada.
MAVE.
Se abre. Me quedo inmóvil. Eva utilizó mi nombre profesional como contraseña.
Dentro no hay música, sino copias de grabaciones, fotografías de dispositivos ocultos, capturas de carpetas con nombres de mujeres y dos documentos donde Eva anotó fechas y lugares.
También hay una nota.
«No son ligues. Las estudia.»
Debajo:
«Primero escucha. Después prueba cosas pequeñas. Tarda en contestar. Cambia planes. Hace aparecer a otra mujer. Dice exactamente lo que necesitan oír cuando empiezan a alejarse.»
Sigo leyendo.
«Cuando reaccionan utiliza la reacción como prueba de que el problema son ellas.»
Pienso inmediatamente en mi declaración.
Eva está obsesionada conmigo.
La siguiente nota es peor.
«Graba todo lo importante. No sé dónde guarda los originales. Si alguna habla, puede sacar fragmentos fuera de contexto.»
Eso encaja con la denuncia. Eva habló de grabaciones clandestinas, pero la policía nunca encontró pruebas suficientes.
Aquí estaban, al menos en parte.
Sigo leyendo.
«Mara cree que estoy exagerando. Tengo que enseñárselo sin que L se entere.»
Me cuesta respirar.
En otra nota, fechada pocos días después, Eva escribe:
«M. ha encontrado uno de los micros. Dice que seguramente era para una sesión. No quiere discutir con él.»
Una semana más tarde solo hay una frase.
«Ya lo sabe.»
No sé si se refiere a mí o a Lukas.
Abro entonces una grabación entre Eva y yo. La calidad es mala, como si hubiera grabado con un teléfono escondido en un bolso.
—No puedes seguir justificándolo.
—No estoy justificando nada.
—Tiene archivos sobre mujeres.
—Trabaja con sonido. No sabemos para qué son.
Eva deja escapar una risa sin humor.
—Yo sí. Y te está haciendo lo mismo.
Mi voz cambia.
—Conmigo es diferente.
Cierro los ojos.
La frase resulta casi demasiado perfecta, la respuesta exacta de alguien que todavía necesita creer que es la excepción.
Sigo escuchando.
—¿Te ha pedido alguna vez que no me cuentes algo?
No respondo.
—Mara.
—No es asunto tuyo.
—Si te está pidiendo que me ocultes cosas, sí lo es.
—Porque tú conviertes todo en un problema.
Eva guarda silencio un instante.
—Eso te lo ha dicho él.
Detengo la grabación, aunque termino reanudándola.
—Déjalo, Eva.
—No pienso hacerlo.
—Pues vas a conseguir que deje de hablar contigo.
Su respuesta llega muy baja.
—Eso también lo sabe.
El archivo termina. Me quedo mirando la pantalla. Lukas no necesitaba apartarme físicamente de Eva. Le bastaba con conseguir que fuera yo quien lo hiciera.
El teléfono vibra.
Lukas.
Dejo que la llamada termine y silencio la segunda. Sigo con la carpeta de Eva.
El último directorio se llama PRUEBAS_FINAL. Contiene fotografías, notas, varias grabaciones de Lukas y un vídeo fechado unas tres semanas antes de la denuncia.
REHEARSAL_17_CAM.
Abro las propiedades: veintinueve minutos, baja resolución, sin autor.
La miniatura muestra una sala de Nachtwerk que reconozco. La mesa de sonido, los monitores, cables y parte de la estructura metálica. Eva aparece a un lado.
Delante de ella hay otra mujer de espaldas.
Sobre la mesa, junto a su mano, descansa una máscara negra geométrica.
La máscara de Vesper.
Amplío la imagen. La mujer lleva ropa oscura y el pelo recogido. No puedo verle la cara, pero la máscara está fuera. No es una actuación pública, sino un ensayo privado.
Dejo el cursor sobre el inicio del vídeo sin pulsar todavía.
Durante semanas he intentado averiguar quién se escondía detrás de Vesper y he visto derrumbarse una posibilidad tras otra. Ahora tengo delante una grabación de una sala cerrada, con la máscara sobre una mesa y Vesper dentro del encuadre.
Y no lleva máscara.