La habitación 17 CAPÍTULO 30
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CAPÍTULO 30

¿Dónde está Lukas?

Reproduzco la frase cuatro veces antes de aceptar que no he entendido mal. La voz femenina es clara, Eva también, y el nombre no deja margen para una interpretación acústica creativa. Lukas.

Cierro el archivo y permanezco frente al ordenador sin moverme. La explicación más razonable es también la más sencilla. Lukas es un nombre común.

Berlín debía de contener unos cuantos miles hace seis años y, conociendo Nachtwerk, probablemente una proporción estadísticamente superior a la recomendable se encontraba allí cualquier sábado por la noche. No hay ninguna razón para pensar en Lukas Hartmann.

Excepto que Lukas Hartmann estuvo en Nachtwerk.

Él mismo me lo dijo.

Un par de veces, según su versión.

También reconoció Nachtlinie casi inmediatamente, sabía cómo era el club y mencionó una luz roja que yo no recuerdo haberle descrito. Después está Mari, aunque esa palabra podría haberla oído mal. Todo puede explicarse por separado.

Junto empieza a resultar más incómodo. Abro una nueva página y escribo:

LUKAS — NACHTWERK — HACE 6 AÑOS.

Debajo añado HARTMANN y empiezo por lo obvio.

Busco Lukas Hartmann junto a Nachtwerk, Vesper, Jonas Becker y Eva Keller. No aparece nada. Solo encuentro referencias recientes a su trabajo como ingeniero acústico, alguna conferencia y colaboraciones culturales. Prácticamente ningún rastro anterior a cinco años.

Eso debería tranquilizarme.

Lo consigue durante unos treinta segundos.

Después me doy cuenta de que estoy buscando al hombre con el que acabo de empezar algo como si fuera un sospechoso.

Lukas ha entrado en mi vida demasiado rápido.

Ha sido la persona a la que llamo cuando tengo miedo, quien me ha acompañado con la cinta y quien apareció justo cuando todo empezó a desordenarse.

Nada de eso demuestra nada.

Pero empiezo a preguntarme cuántas coincidencias puede soportar una historia antes de dejar de parecer casual.

Vuelvo a los archivos de Mave.

Busco «Lukas» en nombres, metadatos, notas y documentos. Aparecen seis resultados, de los cuales tres corresponden a sesiones que ya he escuchado, uno es un archivo de texto casi vacío y los otros dos son fotografías de Nachtwerk.

En la primera reconozco a Eva, Jonas y a mí misma de espaldas frente a una mesa de sonido. Amplío la imagen.

Lukas no está.

La segunda está tomada durante una actuación, con poca luz y demasiado movimiento. Reviso las caras sin encontrar ninguna que se parezca a él.

Cierro las fotografías y noto cómo el cuerpo se relaja un poco.

Esto empieza a resultar ridículo. Un hombre llamado Lukas aparece mencionado en una grabación de hace seis años y yo ya estoy tratando mi ordenador como una comisión de investigación.

El teléfono vibra.

¿Cena esta noche?

Podría preguntárselo directamente y acabar con todo esto, aunque no encuentro una forma de introducir «¿conocías a Eva Keller mientras yo producía para Vesper?» en una conversación ligera.

Escribo:

Hoy estoy cansada. ¿Mañana?

Responde enseguida.

Claro. Descansa. ❤️

Miro el mensaje más tiempo del necesario antes de dejar el teléfono boca abajo. No quiero mentirle, pero tampoco contarle lo que estoy encontrando hasta entender mejor qué estoy buscando.

Continúo con las grabaciones. En otra sesión Eva menciona a Lukas de nuevo.

—¿Ha llamado Lukas?

—No.

Retrocedo y escucho mi tono. No hay sorpresa, sé perfectamente de quién habla Eva. Eso confirma que conocía a un Lukas entonces, pero sigue sin demostrar que fuera Hartmann.

En otros archivos aparecen referencias parecidas. Alguien pregunta si «Lukas trae el equipo», dos mensajes antiguos dicen «Dile a Lukas que no venga antes de las 22» y «L. tiene las llaves». Nunca hay apellido.

Frustrada, vuelvo a internet y reviso fotografías antiguas de Nachtwerk dispersas entre blogs y perfiles abandonados. Encuentro a Vesper, Eva y demasiadas veces a Jonas, pero ninguna imagen de Lukas Hartmann.

Después de casi una hora decido que debería tranquilizarme.

No dura mucho.

Vuelve la frase de Kern. Me marché de Berlín, cambié de entorno y, sobre todo, me alejé de él.

Todavía no sé quién era ese hombre, y no puedo colocar a Lukas dentro de ese pronombre solo porque ahora ocupe un lugar demasiado importante en mi vida.

Me levanto, preparo café y regreso.

Antes de volver a los archivos miro el perfil profesional de Lukas.

En una fotografía reciente lleva el reloj de esfera negra y correa metálica que usa casi siempre.

Junto a la base del pulgar se distingue también el pequeño tatuaje que ya le había visto, tres líneas finas formando una especie de triángulo abierto.

Recuerdo haberle preguntado por él durante nuestra primera cerveza.

—¿Significa algo?

—Una mala decisión a los veinte.

—Las malas decisiones suelen ocupar más superficie.

—Esta fue barata.

Entonces me hizo gracia.

Cierro la foto y regreso a las galerías antiguas, pero esta vez dejo de buscar su cara. Empiezo a fijarme en los hombres que aparecen cerca de Eva o de mí.

Durante un rato no encuentro nada. Hasta que llego a una fotografía de un ensayo y veo que Vesper está sobre el escenario. Eva mira desde abajo y, en el extremo derecho, el encuadre corta a un hombre del que apenas se ve medio cuerpo.

Chaqueta oscura. Un brazo. La mano izquierda apoyada sobre una estructura metálica.

Amplío.

En la muñeca lleva un reloj de esfera oscura y correa metálica estrecha. Podría ser cualquiera. La fotografía tiene seis años y Lukas podría haber cambiado de reloj muchas veces.

Estoy a punto de cerrarla cuando veo la mano.

Junto a la base del pulgar hay una pequeña marca formada por tres líneas negras. Amplío hasta que la imagen empieza a romperse.

La marca sigue allí. Un triángulo abierto.

Me quedo inmóvil.

Saco el teléfono.

Abro una fotografía que le hice a Lukas hace apenas una semana, sentado frente a mí en un bar. Amplío su mano.

Mismo lugar. Mismo tamaño. Misma forma.

Comparo ambas imágenes. La antigua tiene demasiado ruido para distinguir bien las líneas y podría estar viendo lo que espero encontrar, así que busco otra fotografía reciente en la que el tatuaje aparece con más claridad. Tres líneas negras, una ligeramente más corta que las otras.

Vuelvo a la imagen de Nachtwerk.

También.

Compruebo la fecha. Fue tomada seis años atrás, dos meses antes de la denuncia de Eva, y procede de una de mis propias carpetas. El archivo conserva incluso el nombre original.

REHEARSAL_VSP_14.

Yo estaba allí. Eva también. Y aquel hombre.

No veo su cara, solo parte del torso, la muñeca y la mano, así que me obligo a buscar explicaciones. El tatuaje podría parecerse, el reloj podría ser otro, la fecha podría estar equivocada.

Compruebo los metadatos. No lo está.

Encuentro además otra fotografía tomada unos segundos antes. El hombre aparece todavía más fuera del encuadre, pero la mano se ve completa.

El mismo tatuaje. El mismo reloj.

Y una pequeña muesca en el cierre de la correa que he visto muchas veces cuando Lukas deja la mano sobre una mesa.

Eso ya no parece una coincidencia.

Abro el mensaje que me envió esta mañana.

¿Cena esta noche?

Debajo aparece su nombre. Lukas Hartmann.

Vuelvo a mirar la fotografía de hace seis años. No tengo su cara ni un apellido y probablemente no podría enseñársela a nadie sin que pareciera una conclusión precipitada.

Pero conozco esa mano.

La he tenido entre las mías.