La guía del Señor Oscuro para la seducción (y otros crímenes de guerra) 66 Resuelve un problema, provoca otro (guía del villano para hacer avances)
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66 Resuelve un problema, provoca otro (guía del villano para hacer avances)

Arabella

C erré los ojos y presioné mis palmas contra las de Kazimir, tratando de evitar perder la concentración. La torre este seguía medio en ruinas. Griffin había insistido en que, con sus protecciones y mejoras, era el mejor lugar para el hechizo de estabilización.

Había pasado una semana desde que el Sindicato se marchó, dejando tras de sí un montón de preguntas y un silencio incómodo en Skyspire.

Esta era nuestra oportunidad de recuperar el control antes de que la Reliquia se desintegrara, y con ella todos los Reinos Occidentales.

Al principio, Kazimir se burló de la idea de llevarme con él; quería que estuviera a salvo, lejos de la torre, por si las cosas salían mal.

Pero tras un tenso debate en voz baja delante de Griffin, finalmente cedió.

Así que allí estaba yo, reuniendo todo el valor que tenía para volver a unir mi poder al suyo.

Un cálido zumbido vibró en mi interior, señal inequívoca de que mi magia estaba cobrando vida.

La magia más fría y violácea de Kazimir se elevó para encontrarse con la mía, y ambas se arremolinaron hasta que una chispa dorada palpitó en el centro.

Griffin permaneció cerca, entre media docena de esferas de obsidiana, con los ojos prácticamente brillando de expectación.

—Sí, sí, eso es —nos animó, con la voz rozando lo maníaco—. Mantenedla estable.

Exhalé profundo y abrí mis canales hacia Kazimir, tal y como él me había enseñado. Era extraño lo fácil que se había vuelto conectar con él, hasta el punto de que me parecía incorrecto no hacerlo.

Las esferas brillaron débilmente al principio, y luego parpadearon con más intensidad. Griffin soltó un chillido de emoción. Kazimir se inclinó hacia mí y me susurró:

—Un poco más.

Hice lo que me pidió, dejando que aquel remolino entre nuestras manos vibrara. El oro y el violeta formaban un arco en la estancia. Las esferas parpadeaban al ritmo de nuestros latidos. Griffin contuvo la respiración.

—Está funcionando… ¡Las esferas están absorbiendo el exceso!

Sentí cierto alivio. Por una vez, algo parecía salir según lo planeado. Entonces, sin previo aviso, mi magia se descontroló. Una esfera de obsidiana se rompió emitiendo un fuerte chasquido. La energía me recorrió las venas, me quemó los músculos y luego rebotó en Kazimir.

Abrí los ojos de golpe.

Parecía tenso, con gotas de sudor en las sienes.

—Mantén la conexión —gruñó, empapando las palabras de tirantez—. Estoy desviando el exceso a las protecciones exteriores.

Sentí un cambio radical cuando drenó ese furioso poder de nuestras manos unidas y lo envió a las defensas de Skyspire. Las ventanas vibraron y las sacudidas se propagaron por el suelo bajo mis botas.

Griffin prácticamente saltó en el sitio, entre aterrorizado y encantado.

—¡Esto es extraordinario! Vuestra sinergia es…

Kazimir contuvo el aliento y se le dilataron las pupilas.

Un gemido profundo y ahogado brotó de su garganta y el miedo se apoderó de mí.

Intenté retroceder, pero me agarró con fuerza por las muñecas, impidiéndome cualquier intento de huida.

El pánico se apoderó de mí y entonces empezaron a aparecer imágenes en mi cabeza.

Una caverna bañada por un resplandor enfermizo, runas grabadas en la roca, diferentes a las del cuerpo de Kazimir, pero talladas con el mismo estilo salvaje y ancestral. Un torrente de furia y hambre se entremezclaban, latían con una ira primitiva y descarnada. La visión amenazaba con ahogarme.

—¡Kazimir! —grité, con voz quebrada.

Me soltó las manos. La repentina disrupción de la magia me dejó con una sensación de vacío. Las esferas de obsidiana restantes se desintegraron en una nube de polvo negro, y una onda expansiva me hizo perder el equilibrio.

Me aferré a la pared, luchando contra un mareo que me hizo castañear los dientes. Kazimir se quedó rígido como una columna, con los ojos desorbitados y pálido. Griffin se acercó corriendo y nos miró a ambos.

—Eso ha sido increíble —dijo, aunque con tono preocupado—, pero ¿qué ha pasado?

Al responder, tenía la voz ronca:

—He visto algo. Un sitio bajo tierra con runas. Parecían… agresivas.

Kazimir apretó la mandíbula y evitó mi mirada.

—Reacción mágica —murmuró.

Griffin se sacudió el polvo de la túnica y asintió con decisión.

—En cualquier caso, el encantamiento ha funcionado. La grieta de la Reliquia no debería seguir extendiéndose. Con suerte, pronto podrá volver a utilizarse. Yo diría que ha sido un éxito, ¿no les parece?

Quería alegrarme por la buena noticia, pero mi cuerpo aún palpitaba por el miedo.

Antes de que pudiera celebrarlo, sentí un dolor agudo debajo de las costillas, como si algo intentara salir a la fuerza.

Tuve un ataque de tos y me encogí. Un segundo después, Kazimir hizo exactamente lo mismo, imitando mi postura.

—Interesante —observó Griffin, con los ojos brillantes tras las gafas rotas—. Habéis desencadenado un efecto de entrelazamiento… Temporal, supongo.

—¿Entrelazamiento? —pregunté con voz ronca, presionando una palma contra mi costado—. ¡Siento como si se me estuvieran retorciendo las tripas por dentro!

Kazimir se acercó tambaleándose, con una mueca de dolor. Pero tan pronto como se acercó, se relajaron mis músculos y el dolor remitió. Exhaló, relajando los hombros.

Griffin se frotó la barbilla.

—Sí, eso respalda mi teoría. Estáis compartiendo una firma mágica a la fuerza. Hasta que esas energías se estabilicen, puede que en un día o menos, sufriréis al estar separados. Permanecer juntos amortiguará los peores efectos.

—¿Un día? —dije con un graznido, enderezándome solo por pura rabia—. Griffin, debes estar de broma.

Él se encogió de hombros.

—Por desgracia no. Aunque no os arrancará el alma, estrictamente hablando. Es más bien… un suave desgarro interno. Considerad que es un daño leve. Sobreviviréis.

Le lancé lo que esperaba que fuera una mirada fulminante, y Kazimir rebosaba una nerviosa irritación.

—Supongo que mañana no podré bajar a inspeccionar la guarnición. Aunque ahora que lo pienso…

Se le cambió la cara y esbozó esa sonrisa burlona tan exasperante mientras me miraba.

—El entrelazamiento no alterará nuestros planes para esta noche, ahora que la Reliquia ya no está a punto de sufrir una catástrofe. Sin embargo, ¿cómo lo soportaremos?

—Cierto. Hay que soportarlo —repetí tragando saliva mientras el calor de sus ojos me hacía sentir mareada de nuevo—. Al menos hemos resuelto un problema.

Griffin se sacudió los fragmentos de obsidiana de las botas.

—Exacto. Es una gran victoria. Recogeré los restos para hacer más pruebas, por si fuera necesario repetirlo.

Kazimir apoyó su mano con suavidad sobre mi codo, calmando los últimos temblores de mi pecho.

El instante se tornó peligrosamente íntimo, y tuve que apretar los dientes para no inclinarme más hacia él.

Nuestra tranquilidad se vio interrumpida por unos pasos que subían a toda velocidad por las escaleras de la torre.

Vex irrumpió por la puerta, agitando un sobre cerrado.

—Una carta para lady Blackrose —dijo sin aliento. Luego nos miró con el ceño fruncido—. De Alquimista.

Kazimir ladeó la cabeza, lleno de tensión.

—¿Por qué iba a escribirle Alquimista a mi esposa?

Le lancé una mirada burlona.

—A lo mejor le caí mejor que tú.

Vex dio un paso adelante, ignorando las esferas rotas.

—Ni idea. Pero está bien sellada.

Kazimir recorrió la superficie del sobre con la mano y olió la cera.

—No está envenenada —dijo—. Al menos, no hay toxinas ocultas, no es el estilo del Alquimista.

Prefiere las transformaciones extravagantes.

—Entonces Griffin realizó una rápida comprobación mágica y asintió con la cabeza.

Kazimir me ofreció la carta, manteniéndose tan cerca que nuestros brazos se rozaban.

Rompí el sello con cuidado, incómoda por los garabatos que bailaban en la página. La letra de Alquimista llenaba la página:

Querida lady Blackrose:

Me han informado de que lord Atticus Evenfall, tu padre, aguarda un trágico final a instancias de Auremar.

Ya están en camino los asesinos que acabarán con él para eliminar cualquier cabo suelto.

Si crees que merece tal destino, es asunto tuyo, pero sospecho que tal vez te interese esta información por motivos personales.

Deberás actuar con rapidez si deseas intervenir, o bien limitarte a observar.

A mí, por supuesto, me parecen emocionantes todas las posibilidades.

Hazme saber cómo se desarrolla la historia.

Arrugué el borde del pergamino, pero luego se lo pasé a Kazimir en silencio.

Él leyó las líneas por encima, apretando la mandíbula.

Dudaba que le importara mucho el peligro mortal que corría mi padre desde un punto de vista moral, pero ambos nos dimos cuenta de que se trataba de una manipulación.

Mi padre, el hombre que me vendió al mejor postor, al parecer había sido condenado a muerte por el rey Auremar. Ahora tenía… que decidir.

Kazimir bajó el papel.

—Así que Auremar arregla sus problemas matando a tu padre.

—Probablemente para ocultar el trato que hicieron involucrándome a mí —dije, cada palabra me sabía amarga—. Aunque eso ya no es ningún secreto, ¿verdad? Significa que el rey está ocultando algo más.

—Alquimista no regala verdades por amor al arte. Esperará un favor a cambio si intervenimos.

—A menos que sea todo una mentira. —Levanté a mirada hacia Kaz—. Podría ser una jugarreta del Sindicato.

Negó con la cabeza.

—Alquimista no se inventa detalles sin más. Prefiere encender la mecha que lo incendia todo. Es más entretenido. Apostaría a que Auremar no quiere cabos sueltos.

Cogí aire, tragándome cualquier rastro de lástima.

—Entonces, si no hacemos nada, mi padre morirá según los términos de Auremar. Si vamos a por él, le deberemos un favor a Alquimista. Menudas opciones.

—¿Qué quieres hacer? —preguntó, colocando una mano sobre la parte baja de mi espalda.

Me crucé de brazos para que no notara que temblaba.

—No se merece que lo salve, pero si Auremar lo mata, nunca tendré la oportunidad de enfrentarme a él personalmente.

Nadie habló por un instante. Sentí que la tensión se disparaba a nuestro alrededor, densa como los restos de la magia quemada. Griffin se entretuvo con los fragmentos de esferas, estaba claro que no quería enredarse en problemas familiares. Vex se dedicó a esperar, sin pestañear.

Kazimir volvió a mirar el papel una vez más.

—Entonces, tendríamos que irnos ahora mismo, al diablo con el entrelazamiento. Podríamos encontrarnos con los asesinos de Auremar por el camino. Estar obligados a permanecer cerca no es precisamente lo ideal.

—¿Me estás diciendo que no podemos hacerlo?

Parecía dividido entre la irritación y una aprobación a regañadientes de mi valentía.

—Lo que digo es que es una conjunción perfecta de inconveniencias. Pero que, si lo que necesitas es hablar primero con tu padre, entonces lo haremos.

Un torbellino de emociones casi me derriba: furia, viejas heridas, una retorcida gratitud por que Kazimir me permitiera elegir. Quizás también un destello de entusiasmo por enfrentarme a mi padre.

Griffin carraspeó y levantó los restos de una esfera destrozada.

—Yo me ocuparé de la Reliquia mientras se dedican a zanjar los asuntos paternos.

—Un momento —dije—. La mansión. Esas runas inhibidoras que usó mi padre… ¿Siguen activas?

La mirada de Kazimir se endureció y noté que apretaba la mano contra mi espalda de forma casi imperceptible.

—Sí. No alcanzarán su máxima potencia al instante, pero no las subestimes.

—Ya. — No soy la misma chica a la que tuvo encerrada .

Intenté separarme de Kazimir, pero una nueva punzada de dolor me hizo silbar y caer hacia delante. Kazimir se abalanzó para atraparme antes de que tocara el suelo. Nuestro abrupto abrazo a medias alivió el dolor, pero me dejó sin aliento.

Intentó esbozar una sonrisa irónica, aunque todavía sonaba tenso:

—Preferiría soportar un tipo de tormento completamente diferente contigo, pero, una vez más, la Reliquia tiene otros planes.

Detrás de nosotros, Griffin tosió avergonzado.

—Bueno, nadie ha explotado espontáneamente, así que me tomaré el día de hoy como un triunfo. Podemos perfeccionar el encantamiento más tarde. Eso sí… Intentad no alejaros demasiado el uno del otro.

Levanté la barbilla, consciente de que Kazimir todavía me rodeaba la cintura con el brazo y que su cuerpo estaba pegado al mío.

—Al menos no vamos a volar la ciudadela. Eso es un avance, ¿no?

Me dio un ligero apretón.

—Es mejor que nada.

Y aunque la ira, el temor y una retorcida sensación de expectación palpitaban en mi interior, me apoyé en él el tiempo suficiente para recuperar el equilibrio.

Si realmente estábamos atrapados juntos hasta que este entrelazamiento desapareciera, que así fuera.

La inminente ejecución de mi padre exigía un ajuste de cuentas, y no iba a acobardarme solo porque me doliera alejarme de Kazimir.

No. Me enfrentaría a lord Evenfall a mi manera, aunque tuviera que arrastrar al Señor Oscuro conmigo.