La guía del Señor Oscuro para la seducción (y otros crímenes de guerra) 33 Juega al golf con los ojos de tus enemigos (creando vínculos a través del sadismo) #2
41%

33 Juega al golf con los ojos de tus enemigos (creando vínculos a través del sadismo) #2

—Estos globos oculares en particular pertenecieron a personas a las que les hubiera gustado vernos muertos. Considéralo reciclaje.

—Por la villanía sostenible —añadió Vex, con el rostro serio.

Griffin lanzó y el globo ocular aterrizó a la perfección, lo que le arrancó un grito algo desganado. Por lo general, eso me habría enfurecido. En ese momento, estaba demasiado concentrado en cómo la capa de Arabella se movía y dejaba al descubierto el hueco situado en la base de su garganta.

—¿Quieres probar? —pregunté y le tendí mi palo.

Arabella exhaló.

—Probablemente debería llevar a Nyx abajo.

Arqueé una ceja.

—¿Te da miedo no estar a la altura de mis habilidades? Ya veo que no todo el mundo tiene lo que hay que tener para jugar a esto. Requiere cierta delicadeza.

Se puso tensa y le brillaron los ojos color avellana.

—Dame ese palo.

Se lo di.

—El secreto para un tiro perfecto está en el recorrido del palo —me incliné hacia delante—. Y una pizca de control.

Colocó el globo ocular sobre el tee , recorrió con la mirada la fortaleza y señaló la torre situada en el extremo este.

—Aquel templete.

Griffin soltó una carcajada incrédula.

—Es un poco atrevido para ser la primera vez.

—Voy a todo o nada —dijo ella, mirándome por encima del hombro—. ¿No es así como actúan los villanos?

Bufé.

—Algo así, pero no te ofendas si fallas. Hace falta mucha práct…

Golpeó con una precisión letal, y me quedé boquiabierto cuando el globo ocular voló en un arco perfecto y aterrizó justo en el centro del techo del templete. Griffin balbuceó. Sims casi se traga la lengua. Vex se limitó a sonreír.

—Imposible —jadeó Griffin.

Arabella me devolvió el palo con una sonrisa de suficiencia.

—Por lo que se ve, no.

—No es tu primera vez. —Fruncí el ceño—. ¿Has usado magia?

Negó con la cabeza.

—En la corte se me daba bien jugar a otra versión de este juego. Ellos usaban bolitas de madera, no… partes del cuerpo.

Un destello de antiguo rencor ensombreció su rostro.

—Entonces la gente también pensaba que hacía trampas, pero es solo que tengo buena puntería.

—Chúpate esa —dijo Vex con alegría—. La nueva campeona, humillándote en su primer intento, mi señor.

Ignorando la satisfacción de Vex, incliné la cabeza con respeto a regañadientes.

—Bien jugado, lady Blackrose. Te animo a que te unas a nuestros pequeños y espantosos torneos más a menudo, salvo que estés demasiado ocupada con esa dragona.

Arabella suavizó la expresión.

—Puede que te tome la palabra. Aunque probablemente debería encargarme de que Nyx no devore a más criaturas inocentes.

Miró por encima del hombro a la cría, que estaba olisqueando nuestro suministro de globos oculares.

Sims arruinó el momento aclarándose la garganta.

—Retomando lo de lord Evenfall… Estábamos en medio de la planificación estratégica.

La sonrisa de Arabella se desvaneció.

—¿Qué ocurre con mi padre?

Fijó su mirada en mí, como si no hubiera nadie más allí. Después de seis semanas de coqueteo, empecé a darme cuenta de lo gratificante que era que buscara respuestas en mí y no en otra persona.

—Tenemos razones para creer —comencé a decir, invitándola a acercarse a la mesita donde estaba extendido el mapa de Sims— que tu padre se está reuniendo con algunas compañías de mercenarios para organizar un «rescate». De ser así, podría llevar a un conflicto abierto.

Cruzó los brazos.

—Mi padre carece de escrúpulos y es un manipulador, pero no es un estratega.

Si está tramando algo, es que se ha aliado con alguien que sí lo es.

—Trazó con el dedo la capital de Solandris, con el ceño fruncido—.

Como el rey Auremar. Si cree que estoy cautiva en contra de mi voluntad…

, mi padre podría convencerlo para que intervenga.

Griffin exhaló.

—Eso significaría enfrentarnos al poder de Solandris.

Por un instante, mi frustración se intensificó. Se suponía que Arabella era la clave para paliar mi vulnerabilidad en aquel territorio, pero nuestro matrimonio seguía sin consumarse mientras mis enemigos nos acechaban como buitres.

—Entonces, debemos ir un paso por delante y enviar más espías. Quiero saber si Auremar se está movilizando.

Griffin dejó a un lado el mapa.

—Ahora, si está todo claro… Creo que me toca otra vez, ¿no?

Le hice señas para que siguiera adelante, y lo dejé que se divirtiera. Centré toda mi atención en Arabella, que estaba a solo unos centímetros de distancia.

Murmuró, casi para sí misma:

—Esto va a salir mal. Si mi padre se siente amenazado, atacará con alguna artimaña despreciable.

—Estaremos prevenidos. —Una punzada de instinto protector me recorrió el pecho.

Nyx estaba babeando sobre los globos oculares. Arabella intentó apartarla.

—Tú, para. Por favor. Te buscaremos otra cosa para morder.

Estaba a punto de escabullirse, probablemente para arrastrar a la dragona escaleras abajo, pero le agarré la muñeca.

—Quédate. —No tenía claro si era una orden o una súplica. Arabella me miró a los ojos con sorpresa e incertidumbre. Le di la primera excusa que me vino a la mente—. Me has ganado en mi propio terreno. Seguro que también te gustaría darle una paliza a Griffin.

Su expresión se suavizó un poco.

—Una ronda más —accedió—. Pero después tengo que llevarme a Nyx antes de que…

La interrumpí con una sonrisa ladeada.

—Una ronda más —repetí, y le coloqué un ojo sobre la mano. Bajé la mirada hasta sus labios de forma involuntaria y apagué la chispa de deseo que se había despertado. Con el tiempo, acabaría siendo mía. Solo que aún no había encontrado la estrategia perfecta.

Por lo pronto, disfrutaría de lo poco que podía celebrar: tener a Arabella a mi lado, aunque fuera lanzando ojos ensangrentados a masas de tierra al azar.

Lo único que sabía era que no la dejaría ir, aunque tuviera que ir a la guerra para que se quedara conmigo.