La guía del Señor Oscuro para la seducción (y otros crímenes de guerra) 18 Cuando todo lo demás falle, prueba a investigar (o rompe cosas y listo)
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18 Cuando todo lo demás falle, prueba a investigar (o rompe cosas y listo)

Kazimir

I nútil. —Tiré el libro al suelo con un ruido sordo.

A mi alrededor revolotearon polvo y fragmentos de pergaminos quebradizos, que se sumaron al desastre que había estado formando en mi estudio durante gran parte de la noche.

Las runas bajo mi piel palpitaron, cada vez más impacientes.

Todos los textos que consultaba repetían las mismas historias insulsas del Primer Héroe, ninguna de ellas me ofrecía una mísera pista sobre el jardín o la transformación que Arabella le había mencionado a Griffin.

La había dejado en nuestra cama hacía unas horas.

Tampoco es que le hubiera importado. La barrera de almohadas estaba en su sitio cuando llegué y seguía ahí cuando me marché después de una hora de sueño.

Antes de irme, me aseguré de dejar un jarrón con rosas negras a su lado.

Más una burla que una disculpa; después de todo, prácticamente le había dicho que seguía necesitando su ayuda.

La quería por su poder, pero también… por otras necesidades que mi mente, la muy traicionera, se negaba a obviar.

Hojeé más textos polvorientos. La cubierta de cuero verde descolorido crujió y dejó al descubierto unas ilustraciones doradas.

—El triunfo de Soriven —leí en alto con voz monótona—. Cómo el Primer Héroe venció al Rey de las Sombras y reclamó el dominio de los Reinos Occidentales…

Cerré la tapa de golpe cuando me di cuenta de que se trataba de otra historia glorificada sobre conquistas heroicas. Cuarenta y siete relatos sin valor y sumando, y ninguno incluía nada sobre compasión, rosas o forjar alianzas a través de la empatía en lugar de la fuerza bruta.

—Maldita sea —murmuré, y dejé a un lado el libro de ochocientos años con un poco más de cuidado del que había mostrado con los demás.

La luz previa al amanecer se filtraba por las altas ventanas cuando alguien llamó a la puerta. Vex entró y recorrió con la mirada aquel desastre.

—¿Algún avance?

—Ninguno. —Hice un gesto hacia el amasijo de pergaminos destrozados bajo nuestros pies—.

Todas las fuentes cuentan el mismo cuento aburrido.

Soriven llega, destruye al Rey de las Sombras y triunfa.

Espadas mágicas, hechizos, laúdes malditos…

¿Qué más dará una cosa que otra? —Negué con la cabeza—.

Nadie menciona un jardín o rosas en flor como algo más que adorno poético.

Empujó con la bota uno de los pergaminos tirados en el suelo.

Yo me pasé los dedos por el pelo.

—Ya he revisado todo lo que tengo en mi colección personal.

—A menos que la respuesta estuviera oculta en Técnicas avanzadas de encurtido de las Islas del Norte , que aún no había consultado, todo había sido una pérdida de tiempo—.

Los intentos del maestro Vellum fueron igualmente inútiles.

Sims está en los archivos de la torre este, rebuscando entre cualquier fragmento medio legible que pueda contener una versión alternativa de los hechos.

Vex recogió un manuscrito al azar de entre los escombros y leyó por encima el título caligrafiado.

—Entonces, ¿has pedido ayuda al Sindicato?

Asentí con sequedad.

—Quiero todas las leyendas oscuras, por ridículas que sean, sobre mi mesa antes de la hora del almuerzo. Quizás alguna de ellas me explique cómo activar de forma correcta esa maldita Reliquia.

—O —dijo con voz suave— puede que uno de ellos confirme que lady Blackrose tiene razón sobre lo de necesitar un enfoque completamente distinto.

Rescaté mi abrigo de debajo de un atlas volcado. Mi estado de ánimo empeoraba cada minuto que pasaba sin tener el poder del artefacto bajo mi control.

—Si la Reliquia exige otro camino, como la empatía o alguna tontería por el estilo, entonces necesito saber cómo replicarlo sin renunciar a mi identidad por completo. ¿Me ves repartiendo margaritas y abrazos?

Se guardó el manuscrito bajo el brazo.

—¿Y si tienes que… adaptarte? —preguntó con cautela—. ¿Crees que lady Blackrose podría ayudar, o solo será otro intento de seducción?

Apreté los labios. Vex siempre se las apañaba para leer mis intenciones, escudriñando entre mi arrogancia hasta encontrar la vergonzosa verdad.

—Deja que me preocupe yo de mi esposa. —Me limpié un poco de polvo invisible del hombro de mi abrigo antes de enderezarme—. ¿Están listas las preparaciones para el entrenamiento de lady Blackrose?

Asintió con la cabeza.

—Todo preparado, mi señor. Griffin añadió hechizos de protección adicionales, solo por si acaso.

—Excelente —dije bruscamente—. ¿Ha terminado Thorne con el barrido de seguridad?

—Encontró un nido de arañas venenosas en los pasadizos del sur. Nada más.

Gruñí. Por lo general hubiera hecho una broma macabra sobre azuzarle las arañas a invitados no deseados, pero era incapaz de encontrarle la gracia. Un leve dolor me latía en la base del cráneo.

—Estaré en el Gran Archivo después de la sesión con lady Blackrose.

Vex levantó una ceja.

—Sí, mi señor. Pero ¿me permites que te pregunte…?

—Haz que llegue tarde —intervine con calma—. Quiero que aparezca en la sala de entrenamiento de los nervios y jadeando.

La exasperación en el rostro de Vex no tenía precio.

—Acaparar su agenda quizá no sea la mejor forma de…

—Gracias por tu aportación —dije antes de girarme hacia la puerta.

Exhaló con paciencia y resignación.

—¿Y quién se va a encargar de todos estos libros que has tirado?

Le dediqué una sonrisa burlona al despedirme.

—Las tareas de limpieza son perfectas para las listillas, ¿no te parece?

Ni siquiera se molestó en contestar a mi comentario.

Al salir al pasillo, mi mente bullía con planes a medio elaborar: un torbellino imparable de estrategias para persuadir, acorralar y cautivar a Arabella Evenfall sin admitir que necesitaba algo más de ella.

Ese, al menos, era el plan. Iba a ser una mañana muy interesante.