9 Forja unos anillos con hueso y pelo (romance al estilo del Señor Oscuro) #2
—Del Códice del Dominio, escuchen estas palabras: «Cuando el poder busque multiplicarse, que la sangre llame a la sangre.
Cuando la oscuridad busque expandir su alcance, que encuentre un asilo digno.
Cuando se logre la conquista, que quede sellada con lazos que ni la muerte ni la traición puedan romper».
El clérigo levantó un pequeño relicario de madera negra.
—Hueso del novio, hebra de la novia. Que el dominio una lo que las magias más débiles no pueden.
Abrió la tapa y mostró una astilla pulida de hueso enrollada con la hebra que cedí en mis aposentos. Si Kazimir realmente había aportado una parte de sí mismo… Por poco me quedo con la boca abierta, imaginando cuándo y cómo lo habría obtenido.
Kazimir tomó el relicario y escuché el leve chisporroteo de su piel al entrar en contacto con un poco de magia potente.
Con un hechizo pronunciado entre susurros, tanto el hueso como el pelo se fundieron hasta formar una fina cinta de marfil salpicada de destellos plateados.
Enrolló la tira fundida alrededor de mi dedo anular; se enfrió al instante y se ajustó a la perfección.
Forjó una segunda banda para él, soltando chispas que se elevaron hacia el techo.
Intercambiamos una mirada en la que capté un leve destello de satisfacción.
El clérigo exhaló con asombro. Luego mostró un cáliz oscuro de vidrio volcánico que emitía un brillo carmesí bajo las antorchas azuladas de la sala.
—El Cáliz del Dominio —anunció—. Forjado en la Montaña Obsidiana, templado con la sangre de miles de guerreros. Bebed y dejad que vuestras esencias se mezclen al tiempo que vuestros propósitos se alinean.
Kazimir fue el primero en tomar el cáliz, mirándome a los ojos.
Dio un sorbito, luego me lo tendió y sus dedos acariciaron los míos.
Me preparé para el sabor de la sangre, pero solo paladeé un vino rico y ahumado que de alguna manera vibraba con poder bruto a medida que se deslizaba por mi garganta.
El clérigo retiró el cáliz y lo dejó a un lado.
—Lord Blackrose, ¿acepta a esta mujer como consorte para compartir sus conquistas, amplificar su poder y para estar a su lado como igual ante los ojos enemigos?
La voz de Kazimir sonó con decisión:
—Sí, acepto.
—Lady Evenfall —dijo el clérigo, girándose para mirarme—, ¿acepta a este hombre como consorte para compartir su dominio, aceptar la oscuridad que ofrece y honrar su autoridad en todos los asuntos de Estado y de la guerra?
—Sí, acepto —respondí con firmeza.
El clérigo alzó los brazos y las sombras de Kazimir nos rodearon las muñecas, atándonos como cintas antes de hundirse en nuestra piel con una fría y estremecedora ráfaga. No fue doloroso, pero me provocó una presión punzante cerca del corazón que no desapareció de inmediato.
—De acuerdo con las antiguas costumbres —proclamó el clérigo—, si alguien aquí presente se opone a este enlace, que hable ahora y será ejecutado de inmediato por traición.
Por poco se me escapa una risa de sorpresa, me pareció sumamente refrescante aquella amenaza tan descarada. La multitud permaneció en un silencio prudente.
—Por el poder que me otorgan los antiguos dioses del caos y el orden —anunció el clérigo—, declaro sellada esta unión impía. Y ahora, sellad este vínculo… ¡con la tradicional conquista de labios!
«Conquista de…».
Me quedé paralizada. No había negociado aquel detalle sin importancia. Desvié la mirada hacia la de Kazimir, quien mantenía una postura rígida. Ninguno de los dos dio el primer paso. Las emociones se revolvían en mi interior, con una mezcla de indignación y de ardiente curiosidad.
Desde atrás, la voz de Griffin resonó con un tono demasiado alegre:
—¡Bésela, mi señor, o pensaremos que se ha vuelto usted un blando!
Varios invitados soltaron una risita nerviosa. Las sombras de Kazimir se oscurecieron y escuché a Griffin gritar. Por fin, Kazimir me miró a la cara y llevó una mano hasta mi mandíbula.
—Le pido disculpas por lo que voy a hacer ahora —murmuró, con los labios tan cerca que notaba su aliento.
Me besó.
Esperaba un besito breve y formal. En cambio, su boca se apretó contra la mía con un calor arrasador.
No era agresivo ni exigente, pero sí completa y absolutamente posesivo.
Una oleada de calor recorrió mi cuerpo desde los labios hasta los dedos de los pies, provocada por algo más que el simple contacto físico.
Saboreé de nuevo la intensidad ahumada del vino, mezclada con el gusto inconfundible de su magia.
Por el breve instante en que Kazimir dejó de respirar, supe que él también lo había sentido.
Todo terminó en cuestión de segundos, pero de alguna manera me dejó sin aliento. Él dio un paso atrás, con los ojos oscuros y una mirada intensa que quebró su compostura. Luego dominó sus emociones y se volvió hacia la multitud como si no hubiera pasado nada fuera de lo normal entre nosotros.
El clérigo levantó los brazos.
—¡Les presento a lord y lady Blackrose! ¡Que tiemblen sus enemigos y que esta alianza traiga consigo una gloriosa destrucción!
La sala estalló en vítores estridentes. Conseguí mantener la barbilla alta, a pesar de que mi pulso seguía acelerado por el beso.
En ese momento, los hechiceros y magos de Kazimir transformaron rápidamente el salón para dar paso al convite tras la ceremonia.
Las sillas se arrastraron por el suelo y aparecieron largas mesas de banquete donde antes no había ninguna, como si hubieran brotado de la piedra.
Los sirvientes se apresuraron a entrar con bandejas de platos humeantes y lo colocaron todo en su sitio con una coordinación mágica impecable.
Kazimir me ofreció su brazo a medida que la sala se transformaba a nuestro alrededor. Lo acepté a regañadientes, consciente de que nos observaban desde todos los ángulos.
—Has desempeñado bien tu papel —dijo en voz baja mientras me guiaba por el nuevo salón del banquete.
—¿Y qué papel tengo que desempeñar ahora? —le respondí en voz baja, fingiendo una sonrisa cortés ante las miradas curiosas.
—El de esposa devota, por supuesto.
El festín recién conjurado se extendía ante nosotros.
Era una asombrosa mezcla de platos fastuosos, algunos reconocibles con facilidad y otros inquietantemente vivos o incandescentes.
Criaturas, nobles y otros invitados más monstruosos levantaron sus copas en señal de agradecimiento.
Kazimir levantó nuestras manos entrelazadas.
—Por los nuevos comienzos —anunció.
Todos repitieron sus palabras y vaciaron sus copas. Mientras nos abríamos paso entre las mesas, él se inclinó hacia mí y me agarró con más fuerza.
—Cualquiera de estas criaturas podría ser un futuro aliado —susurró—, o un futuro enemigo. En ocasiones, ambas cosas. No baje la guardia, lady Blackrose.
Mantuve una expresión tranquila, aunque el anillo de hueso fundido que llevaba en el dedo parecía latir con vida propia.
—Sí —murmuré—, será lo más sensato.