45 El éter es soberano
EL ÉTER ES SOBERANO
ATLANTA, SEDE DE DATAMORPH
James
El Museo del Éter Soberano estaba casi vacío.
Los pocos turistas que había no parecían muy dispuestos a pasar tiempo dentro del edificio.
Se limitaban a recorrer las secciones sin detenerse en ninguna de las estaciones informativas, como si estuvieran cumpliendo con un aburrido trámite, y luego abandonaban el museo sin más.
Parecía como si todo el lugar estuviera bajo un hechizo. Se respiraba una atmósfera de tensión, una sensación de inquietud que hacía que todo el mundo pareciera incómodo.
Unas zonas, más que otras, parecían sufrir ese encantamiento. El salón de la fama de los eteriones estaba completamente vacío, a excepción de una figura vestida de negro.
James Ark contemplaba la reproducción de Angélica Kam, con los hombros encogidos y los codos pegados a los costados.
Respiró hondo, con dolor, y desvió la mirada hacia la proyección junto a Angélica.
Frunció el ceño. Colocar a Cantara Handal junto a su antigua alumna había sido una decisión estratégica muy acertada por parte del equipo de márquetin de DataMorph.
Funcionaba como un reclamo nostálgico que aprovechaba tanto el estatus de ambas mujeres como sus muertes prematuras.
Otro producto perfectamente embalado para el disfrute de los clientes.
Visto con perspectiva, la muerte de Angélica había sido lo peor y lo mejor que le podía haber pasado.
Por un lado, había perdido a una poderosa aliada, pero por otro, le había dado una forma de dar jaque mate a sus enemigos y ganar así la Guerra del Éter.
Paradójico. Un error tan horroroso convertido en la solución a su mayor problema.
Solo le había costado la vida de alguien a quien amaba.
—Menudo palo.
James recobró la compostura. Se volvió hacia la persona que estaba a su lado: una mujer madura, regordeta y con pelo rubio cortado en media melena. Llevaba una camiseta con la frase «Boss Mom» escrita con purpurina dorada. Las dos «o» formaban una carita sonriente.
—¿Pandora? —dijo James, frunciendo el ceño.
—Cualquiera pensaría que este lugar iba a estar lleno un sábado por la tarde, sobre todo con la situación del éter —dijo la mujer, mirando alrededor y frunciendo los labios—. Aunque, pensándolo bien, quizá no. A lo mejor la gente prefiere ver el Apocalipsis que se avecina desde el sofá de casa.
James se alisó la chaqueta.
—Yo… esperaba a Agate.
—Agate está ocupada dirigiendo DataMorph —respondió esta con una sonrisa maternal—. Con todo este lío, la pobre lo está pasando bastante mal con el control de daños. Pero bueno, me tienes a mí en su lugar. ¿Contento, no?
James se frotó la nuca.
—Por supuesto.
Pandora se rio.
—Ay, James. Se te dan mal los piropos. ¿Qué tal está Ravi, por cierto? ¿Te sigue dando muchos quebraderos de cabeza?
La mirada de James saltó de Pandora a la salida de la sala en la que se encontraban.
—Bueno… mmm… está acostumbrándose a la nueva situación.
—Ya veo —dijo, entornando los ojos, que brillaban con un resplandor interior—. Así que se queja de todo, como siempre. ¿Y tú? Has tenido un par de semanas muy ocupadas. Muchos frentes que atender, ¿eh? Tus informes han sido insuficientes.
—Bueno, yo… —se excusó, carraspeando—. No pretendía…
—No era una acusación, solo una observación —dijo mientras le daba una palmadita reconfortante en la espalda—. Sé cuidar de los míos. El cambio repentino de planes debe de haber sido… agotador —Miró la proyección de Angélica y sonrió con suficiencia—. En más sentidos de los que me puedo imaginar.
James apretó la mandíbula una y otra vez, la mirada fija en el cuello de Angélica. Recordaba lo difícil que le había resultado mantener el agarre alrededor de su cuello, apretando cada vez más fuerte.
—¿James?
El Domine parpadeó y se volvió hacia ella con la mirada vidriosa.
—¿Sí?
—¿Sigues conmigo o estás en las nubes?
—¿Qué? —tragó saliva—. No, claro que no. Yo… no estoy… Estoy bien.
—James, James, James —dijo Pandora negando con la cabeza—.
He visto la culpa millones de veces en otros tantos rostros.
Sé qué aspecto tiene. Acéptala. Eres un superviviente.
Has salido a rastras de agujeros más profundos por lograr tu objetivo.
Si eso significa matar, matas. Así de simple.
Por eso formas parte de mi equipo. No tienes miedo de hacer lo que hay que hacer —afirmó, levantándole la barbilla con la mano para que la mirara directamente—. Dime quién eres.
Él inspiró profundamente.
—Soy James Ark, tu Pastor de Almas.
—Nunca lo olvides —le soltó—. Angélica Kam y su marido se habían convertido en una amenaza para nuestro plan. Te encargaste de ello. Sigue adelante. No hay lugar para la culpa en la vida de un conquistador.
—Sí —inclinó la cabeza—. Tienes razón.
Pandora entornó los ojos.
—Hay algo más que te preocupa.
James dudó un segundo antes de decir:
—¿Qué hay del Dilema Omega?
—¿Qué pasa? —dijo ella, encogiéndose de hombros.
Él bajó la cabeza y miró al suelo.
—No he podido resolver el problema, ni siquiera con la ayuda de ADAM. Me dijo que no hay solución.
—¡Ah! —exclamó ella, con una inhalación profunda que desembocó en un suspiro de satisfacción—. Has empezado a referirte a esa cosa como «él». Eso ya es algo. ¿Significa que ADAM está evolucionando como esperábamos?
Él asintió secamente.
—A pasos agigantados.
—Excelente —dijo sonriendo—. Vamos a necesitarlo para lo que viene después. Ah, hablando de eso, ¿cómo van las cosas con nuestro brillante caballero blanco? ¿Te está dando Milo más problemas?
James negó con la cabeza.
—La Concentración para la Salvaguardia Etérica está lidiando con muchas personas que les acusan de su muerte —respondió James al tiempo que miraba la reproducción de Angélica, ignorando el nudo en el estómago—. Eso jugará a nuestro favor.
—Por supuesto que lo hará —exclamó Pandora, con la cara y el cuello rebosantes de emoción—.
La gente amaba a esa mujer —afirmó, asintiendo hacia Angélica—.
El sensacionalismo nos hará ganar la guerra del ciberespacio.
Covenant tiene los días contados. Y luego, por supuesto, está la jugada de Zacharias.
Está listo para adoptar el holístico. Pronto su gente lo usará como fuente principal para acceder al éter.
Decenas de millones de buenas noticias. Los terristas lo seguirán, y STAND será la primera porción del éter en convertir el holístico en algo obligatorio.
A partir de ese momento, todas las piezas encajarán.
El Tribunal Planetario adoptará el holístico si quiere evitar el pánico mundial.
La gente está muriendo por miles y el miedo se propaga.
En cuanto los juriones se den cuenta de que hay un antídoto para el Apocalipsis, cortesía de nuestra encantadora doctora aquí presente, no se atreverán a negárselo a las masas, o las masas lo tomarán por la fuerza.
Llevará años, pero el holístico se convertirá en el vínculo de la humanidad —declaró, mirando a James—.
Así es como reharemos el mundo. Así es como recuperaremos la historia —exclamó, lanzando una mirada fugaz a Angélica y Cantara—.
El éter ha muerto —dijo, volviéndose para mirar a James con una sonrisa triunfal—. Larga vida al éter.
Pandora abandonó la sala y lo dejó solo.
James observó la reproducción de Cantara. Las lágrimas recorrían su rostro mientras recordaba la promesa que le había hecho a la Viuda Negra del Éter. Ahora todo lo que quedaba era el fantasma de su pasado, que nunca había dejado de perseguirlo.
* * *
9 años antes
Nashville, Instituto Handal para Estudiantes Superdotados
Cantara Handal yace en la cama con los ojos cerrados mientras respira profundamente.
James acaricia su mejilla. Tiene la piel cálida y suave, como la seda bajo el sol del mediodía. Cantara murmura algo en sueños, con un ligero tic en la comisura del ojo.
—¿Cantara? —James se inclina—. Despierta.
La Dama agita los párpados. Una sonrisa se dibuja en su rostro al reconocer a James.
—Buenos días —James le devuelve la sonrisa.
Cantara parpadea. Hace un ruido gutural con la parte posterior de su garganta. Sus ojos se abren de repente, y su expresión cambia de confusión a pánico.
—Si te preguntas por qué no puedes moverte o hablar —dice James, todavía acariciándole la mejilla—, es porque te he inyectado tres miligramos de paramitosina.
A Cantara se le salen los ojos de las órbitas. Abre los labios con esfuerzo, luchando por hablar, pero no logra emitir ningún sonido.
—No te fuerces —susurra James, dándole palmaditas en la cabeza—. Te causará más dolor. Y no quiero que sufras, solo quiero que entiendas por qué lo hago —dice mientras señala al techo—. He colgado un espejo, para que puedas verte.
Cantara alza la mirada. Comienza a comprender lo que está pasando cuando se fija en las tres manchas oscuras que salpican su cuerpo desnudo.
—Pensé que sería justicia poética —dice James, señalando a las tres viudas negras que reptan por su cuerpo.
Vaneria se ha acurrucado en su axila, mientras que Zasha y Anemone se deslizan por su torso.
Se ven tres protuberancias de color rojo escarlata en el brazo izquierdo, el codo y el estómago de Cantara, donde las arañas la han picado.
La expresión de Cantara cambia. Aprieta los labios y se le frunce la frente, lo que delata su pánico. Sabe que va a morir. Sus ojos buscan los de James, y los músculos de su cuello se contraen espasmódicamente. Intenta hablar de nuevo.
—Resistirte solo te causará más dolor —le advierte James—. Y no te servirá de nada.
Pero Cantara no hace caso. Sigue luchando, con gotas de sudor recorriéndole la frente. Levanta el pecho unos centímetros, pero se vuelve a desplomar sobre la cama. Respira entrecortadamente, con el rostro acalorado y agitado.
—Siempre he sido precavido —afirma James acariciándole el cuello—.
Hace meses, contraté a algunos de los mejores tecnoristas de la ciudad para copiar la matriz de ADAM.
Me costó una fortuna, pero mereció la pena —confiesa inhalando profundamente—.
Me llevará tiempo recrear lo que hice, pero al final lo lograré —declara, rozándole los labios con la mano, y luego besándola—.
Entiendo por qué lo hiciste. Fue por celos, ¿a que sí?
Porque yo pude hacer algo que tú nunca has sido capaz de lograr.
El alumno superó al maestro, y no pudiste soportarlo.
Cantara lucha por abrir la boca, pero ninguna palabra sale. Lo intenta de nuevo, esta vez cerrando los ojos, por el esfuerzo de intentar hablar.
—¿Qué pasa? —pregunta James inclinándose hacia adelante—. ¿Me estás intentando decir algo? Te he dicho que es inútil. No puedes…
—No… entiend… —articula Cantara con dificultad—. E…e… el… fin… Jam…. El… fi… n.
James se echa hacia atrás. Debe de estar siendo súper doloroso hablar para ella. ¿Por qué sigue intentándolo?
—No… no… cree… en… el… fi… n.
—¿Qué? —exclama James frunciendo el ceño.
Cantara intenta reunir aliento suficiente para volver a hablar, pero esta vez el dolor gana la batalla. Su boca se abre y se cierra, como la de un pez moribundo, y después sus ojos se quedan en blanco.
—Tranquila —dice James, sosteniéndole la cabeza con las manos, mientras ella parece recuperar el control—.
Déjame que te cuente una historia. Nunca te expliqué por qué quería crear un dominio.
Verás, la persona común desperdicia su vida luchando en batallas pequeñas y fútiles, porque eso es lo que la sociedad, la familia o los amigos les dicen que hagan.
Una batalla para ganar una discusión por el mero hecho de ganarla, una batalla por obtener una parte más grande de una herencia, una batalla por seguir la última moda, una batalla por conservar un trabajo que nos hace sentir seguros, apreciados, temidos.
Todo esto deja de tener sentido una vez que la persona muere.
Ninguna de estas personas marca la diferencia.
Y por desgracia, estamos rodeados de ellas.
James se endereza y echa los hombros hacia atrás.
—Y luego están los conquistadores, los pocos que se dan cuenta de la mentira que nubla nuestra sociedad.
Los conquistadores son personas de genio, los líderes, los revolucionarios, que libran, con uñas y dientes, dos o tres batallas reales en su vida, ignorando todo lo demás.
Cuando me mostraste a ADAM y la simulación, me convertiste en un conquistador.
Crear un dominio es mi batalla. Así es como marcaré la diferencia.
La mandíbula de Cantara sigue tensa, con los ojos inyectados en sangre. Sigue intentando hablar.
James ignora su lucha.
—No fue fácil crear una réplica de la matriz de ADAM. Espero que la persona a la que se la enviaste disfrute de mi copia. Nadie sabrá distinguirla del original.
Los ojos de Cantara se abren como platos.
—Sí —continúa James—. ¿De verdad pensaste que iba a dejar que te deshicieras de mi tesoro después de todo lo que me había costado?
Ella abre y cierra la boca, escapándosele la saliva.
—¿Por qué sigues intentando hablar? —espeta James, apretando los labios—. No quiero verte sufrir. Solo quiero verte morir.
La cabeza de Cantara se sacude bruscamente hacia atrás, con los ojos desorbitados.
—Razón… él tenía… razón… él… verdad. Él estaba…
—Ya está bien —interviene James, tapándole la cara con una almohada y presionando—. Es hora de dormir, Viuda Negra del Éter —Cantara se sacude, pataleando. James aprieta aún con más fuerza—. Es hora de morir.
Después de menos de un minuto, las piernas de Cantara dejan de moverse.
James traga saliva. Espera un momento, luego otro. Tira la almohada a un lado, se inclina hacia delante y le toma el pulso. Está muerta. Cantara Handal está muerta.
Se pone de pie, tambaleándose ligeramente mientras se dirige hacia la puerta. Antes de salir se gira hacia su mentora.
—Continuaré tu legado, Cantara. Te lo juro. Yo, James Ark, seré quien marque la única diferencia que importa.