43 Ricander #2
—Nunca había visto una flor como esta —dijo Lena, antes de mirar alrededor, intentando abarcar todo el jardín—. En realidad, creo que nunca había visto ninguna de estas plantas.
—Bien —afirmó Cassandra—. Me sorprendería lo contrario.
—¿Por qué?
Cassandra se puso de pie y las contempló.
—Yo misma las creé todas. Solo existen aquí, en Aguamarina.
Lena tragó saliva.
—¿Quieres decir… que todas son cruces genéticos?
—La mayoría —respondió, relajando la expresión—.
Algunas son plantas totalmente nuevas, fabricadas para necesidades específicas.
Unas cuantas podrían sobrevivir en entornos bastante hostiles, como las laderas de un volcán activo, las profundidades del océano o Marte.
Bueno, más o menos. Todavía estoy trabajando en la marciana, en realidad.
Ya he resuelto el problema del frío. Ahora estoy trabajando en la radiación, la atmósfera y la nutrición.
Es un hueso duro de roer. Mira esta —dijo señalando la Ricander con la barbilla—.
Es un cruce genético entre una Ricinus y una Oleander, de ahí el nombre «Ricander».
Le añadí un poco de cariño genético para hacerla más interesante. Es una de mis favoritas.
Lena contempló la flor con la cabeza llena de pensamientos.
—¿Eres una cromosaria?
«Cromosario» era un neologismo acuñado por los medios para diferenciarlo de «genetista», considerada la profesión canónica, al contrario que la de los cromosarios, a quienes se veía como científicos rebeldes y faltos de ética.
Lena había oído hablar de aquel grupo secreto de personas, condenadas al ostracismo por la comunidad científica y vistas con desconfianza por las ONG opuestas a la ingeniería genética.
Los cromosarios más brillantes habían ayudado a hacer realidad el Zoo de Saemangeum.
Cassandra asintió con un gesto seco y un aire de rebeldía en la mirada.
—Lo fui. Hace toda una vida, trabajé con Wei. Él desbloqueó mi potencial, me dio permiso para ser lo que quisiera ser.
Lena no podía quitarse la sensación de que Cassandra mencionaba a Wei por algún motivo, pero no lograba adivinar cuál era.
—¿Por qué estoy aquí?
Cassandra se sacudió los pantalones.
—Quiero que empecemos de nuevo.
Lena alzó las cejas.
—¿Empezar de nuevo?
—Sí. Empezamos con mal pie. Hay algo especial en ti. Estoy dispuesta a admitirlo.
—¿Así que de repente confías en mí?
—La asamblea fue política. Ahora que me he ocupado de eso, podemos buscar una manera de entender tu lugar en el plan de Wei. ¿Qué dices? ¿Quieres empezar de nuevo? —preguntó Cassandra, tendiéndole la mano—. Me llamo Cassandra Quinn. Encantada de conocerte.
Lena dudó. ¿Era sincera? ¿Podía fiarse de la regente?
¿O Cassandra solo estaba interpretando el papel de amiga?
Lena tuvo la vívida impresión de que el Supervisor de Ariul se había referido a este momento cuando le había hablado sobre el tablero de ajedrez.
Si aquello era realmente un juego de estrategia, más le valía aprender las reglas rápido si quería sobrevivir.
Lena tragó saliva y acto seguido estrechó la mano de Cassandra.
—No tienes que temerme —dijo la regente, que todavía sostenía su mano—. Estoy segura de que Tiago te ha dado una imagen bastante detallada de mí y, como consecuencia, has entrado en esta habitación cargada de prejuicios. La verdad es que mi único objetivo es servir al Proyecto Defensio.
—Sí —respondió Lena retirando la mano—. Me habló de ti. Dijo que ambos teníais diferentes formas de ver las cosas.
Cassandra asintió.
—El canciller tiene sus propios objetivos, como cualquier persona. No es malo, pero no te dejes engañar por su actitud despreocupada. Tiene sus propias ideas sobre cómo debería gestionarse Defensio y no le gusta la… llamémosla postura «conservadora» que yo sí aprecio.
Lena observó a la regente.
—A Tiago no le gusta cómo estás gestionando los biomecas.
—Entre otras cosas. A él le gustaría que atacáramos con toda nuestra fuerza, en lugar de defender Saemangeum.
—¿Y qué tiene eso de malo? —preguntó Lena.
Cassandra se rio.
—Nos superan diez a uno, tienen más recursos y mejor tecnología.
Hemos podido repelerlos porque estamos a la defensiva y lo hacemos con inteligencia.
¿Mi opinión? Si hubiéramos seguido la estrategia de Tiago, nos habrían aniquilado hace años.
Llámame loca, pero estoy convencida de que sin mi perspectiva no estaríamos teniendo esta conversación.
Cassandra había tocado un tema sensible. Lena decidió que era un buen momento para preguntar por Makoto.
—Así que no atacas porque tienes miedo.
—No se trata de eso —dijo Cassandra al tiempo que echaba las tijeras en el cubo—. No les ataco porque ese no es el motivo de nuestra existencia. ¿Sabes lo que significa defensio? «Defensa», «protección», en latín. Estamos aquí para proteger Saemangeum, no para empezar una guerra.
Lena se mordió el labio.
—¿Has oído alguna vez el dicho «La mejor defensa es un buen ataque»?
Cassandra ofreció una amplia sonrisa que denotaba comprensión.
—Lo dices por tu amigo. Makoto, ¿verdad? Quieres rescatarlo.
El corazón de Lena se aceleró. Era el momento. Toda la conversación se reducía a este instante. Si podía convencer a Cassandra, demostrarle que rescatar a Makoto era factible, podría prescindir del secretismo y las conspiraciones.
—¿Y si tuviera una oportunidad real de salvarlo? —dijo Lena mirando directamente a la regente a los ojos—. ¿Y si tuviera información que hiciera posible una operación de rescate?
Cassandra entornó los ojos.
—¿Hay algo que deba saber?
Ella apretó los puños.
—Responde a la pregunta.
Cassandra negó con la cabeza.
—No. No arriesgaría la seguridad de Defensio. No por tu amigo. Haría lo mismo con cualquiera, incluida yo misma.
—Ya veo —respondió Lena cruzando las manos tras la espalda. No era la respuesta que esperaba escuchar, pero era una respuesta—. Entiendo tu punto de vista. No interferiré con tu decisión.
—Bien —dijo Cassandra abriendo los brazos, con gesto acogedor—. Me alegro de que estemos de acuerdo. Informaré a todos de que ya no se te considera una amenaza para el Proyecto Defensio. Nadie te molestará. Eres libre de ir donde quieras.
—Gracias.
—A cambio —continuó Cassandra—, te agradecería que te abstuvieras de emprender cualquier acción que pudiera poner en peligro la paz. Hazme esa promesa y podremos trabajar juntas para averiguar qué tenía Wei preparado para ti.
Lena miró a la regente a los ojos y mintió sin vacilar.
—Lo prometo.