42 El legado de Cantara #3
—¿An… Angélica? —James cerró la boca y esperó, conteniendo el aliento. Tragó saliva e intentó reprimir sus sollozos.
Los ojos vacíos de la que había sido su compañera le devolvían una mirada acusadora.
—Lo siento —murmuró James—. Lo siento mucho —suspiró, acunando el cuerpo sin vida, e inmediatamente lamentando su muerte, aunque en el fondo ya estuviera pensando en una forma de usar esta situación a su favor.
Siempre había tenido un plan de contingencia.
Era lo que mejor se le daba: prever los posibles resultados y sacar provecho de los contratiempos.
Convertir la derrota en victoria siempre había sido su mayor don.
Ravi cojeó hacia él, con la frente ensangrentada.
—¿Está muerta? —su tono sugería que conocía la respuesta.
James asintió.
—Mierda —exclamó Ravi, tirando su arma contra la consola más cercana—. Estamos jodidos —afirmó mirando el cuerpo de Sebastian—. Él también está muerto.
James dejó suavemente el cuerpo de Angélica en el suelo, le cerró los ojos y luego se puso de pie.
—¿Qué hacemos? —preguntó Ravi, desesperado—. ¿Qué coño hacemos? Te juro que todo se fue liando rapidísimo, ni siquiera… Quiero decir, no había manera de que me escucharan. Te juro que no querían escuchar.
—Cálmate. Nuestro trabajo no ha terminado.
—¿Trabajo? —dijo Ravi boquiabierto y contrayendo el labio superior—. ¿Pero de qué hablas? No hay forma de ocultar esto —afirmó Ravi, analizando la actitud de James y cada vez más alterado—. ¿Cómo cojones estás tan tranquilo?
James señaló a los dos cuerpos.
—¿No lo ves? Acabamos de conseguir dos mártires.
Ravi lo miró fijamente.
—¿Ma… mártires? —dijo retrocediendo y tambaleándose—. ¿No quieres… no quieres encubrir esto?
—No —sentenció James, contemplando el cuerpo sin vida de Angélica—. Todo el mundo tiene que saberlo.
—No lo entiendo —respondió Ravi, ladeando la cabeza y arqueando una ceja—. ¿Qué estás tramando?
—Voy a convertir la derrota en victoria —afirmó James, recogiendo sus gafas de sol rotas.
Ravi negó con la cabeza.
—James, los cadáveres tienen la fea costumbre de señalar a sus asesinos.
—Claro que lo harán, pero en la dirección que nosotros decidamos —replicó este, dirigiéndose hacia la salida—. Coge el aturdidor y deja los cuerpos. Si alguien pregunta por Angélica, envíalo a mi despacho.
—No entiendo…
—Hazlo y ya está. Déjame el resto a mí.
James salió de la habitación, haciendo todo lo posible por ignorar el sudor que le goteaba por la barbilla y esa indescriptible sensación de opresión que le apretaba el pecho. Ambas eran cosas con las que había aprendido a vivir hacía mucho tiempo.
* * *
9 años antes
Nashville, Instituto Handal para Estudiantes Superdotados
James se limpia el sudor de la frente, con cada músculo de su cuerpo en tensión, mientras observa los datos que giran frente a él.
Formas, números e imágenes orbitan a su alrededor con una velocidad creciente, un caos organizado de información que puede ayudarle a completar la simulación.
James evalúa los activos que tiene; sus ojos escanean en busca de fragmentos de datos útiles. ¿Cuál es su próximo movimiento?
—Psi y Tau alineados en los puntos de afinidad —murmura, como un mantra para agudizar sus sentidos—. Epsilon y Omicron resisten por el momento. ¿Pero cuánto tiempo más? Da igual. Si Psi y Tau caen, el resto cae con ellos.
Al igual que un sabueso que detecta a su presa, James desvía la mirada hacia el siguiente vínculo de afinidad: Xi y Rho.
¿Qué hace con eso? Traga saliva, con la garganta tan seca que parece tragar serrín.
Piensa, James. Piensa. Entorna los ojos y entonces nota algo que antes había pasado por alto. Ahí está. Ya sabe qué hacer.
—Xi y Rho son los eslabones débiles de la cadena.
Mueve las manos, y los datos se mueven a su voluntad.
Xi y Rho no tienen suficientes puntos de afinidad mutua entre ellos.
En cualquier momento, el clúster puede romper el frágil vínculo que han formado y echar a perder toda la simulación.
Tiene que arreglarlo. Nota otro enlace por el rabillo del ojo.
El corazón le da un vuelco. ¿Cómo ha podido pasar por alto que Xi y Rho son las incorporaciones más recientes en la periferia del clúster?
No están lo suficientemente integrados como para desestabilizar el sistema.
No pueden causar un daño real. James baja los brazos y dirige toda su atención al vínculo entre Sigma y Theta.
Ahora es consciente. Esa es la clave para completar el rompecabezas.
Necesita trabajar en estas variables. Son la respuesta.
Sigma y Theta… Sigma y Theta… Sigma y Theta…
La adrenalina recorre su cuerpo mientras la voz familiar de ADAM retumba dentro de la sala de simulación.
—James, la actividad sinérgica entre el banco de provincias que has creado en sub quotis se está soldando en los puntos de conjunción deseados—dice la IA, dándole tiempo a James para asimilar la información—. Tu intento de reunir a Sigma con Theta está estabilizando con éxito la aglomeración.
El corazón de James se acelera. Nunca ha estado tan cerca de alcanzar su objetivo. Ahora es el momento de arriesgarlo todo. Ha logrado estabilidad en la mayor parte del clúster, pero esto aún no ha terminado. Lo más difícil empieza ahora.
—ADAM, estoy canalizando mis activos etéricos para mantener un centro cuántico que suelde los puntos de afinidad Omega con Sigma, en lugar de Theta. ¿Resultados?
—El estado de entropía del sistema está aumentando —responde ADAM.
Con un esfuerzo que le exige hasta la última gota de sus fuerzas, James invoca datos adicionales en una sucesión rápida. Tras evaluar la información, pone toda la carne en el asador, apostando cada activo que le queda en un desesperado empujón final.
ADAM evalúa su acción y comenta sobre ella:
—James, el superaglomerado Mephisto está ganando suscripciones a un ritmo paretiano del treinta y dos por ciento por hora. Además, la actividad sinérgica entre el banco de provincias que creaste en sub quotis ha completado con éxito la soldadura.