La guerra de Pandora (Protocolo Singularidad 3) 39 STAND #2
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La reproducción de una plaza abarrotada apareció en el centro de la estancia.

Un enorme espacio elíptico, salpicado de fuentes y estatuas de mármol de aspecto antiguo.

En medio de aquel vasto espacio se alzaba un obelisco egipcio, adornado con cuatro cuencas circulares y otros tantos leones de piedra en la base, también de estilo egipcio.

Una proyección del Tetralamento Terrista flotaba a pocos metros por encima del obelisco, dominando toda la plaza.

Se había colocado un escenario en el extremo occidental de la plaza, frente a una escultura que representaba a Neptuno sosteniendo un tridente.

Gladia movió una mano, haciendo que el proyector ampliara el escenario.

Ahora la figura de Yvonne Muchena era claramente visible.

Saludaba a la multitud como una emperatriz ante sus súbditos.

A medida que el rugido del público amainaba lentamente, la líder terrista se acercó al micrófono y comenzó su discurso.

—Hace cien días cogí el testigo de Douglas Woodside y asumí el liderazgo de la nación terrista —declaró Yvonne, recorriendo la multitud con los ojos brillantes—.

Tenía miedo. Pensaba que no estaba preparada para responder a la llamada del destino.

Woodside me pidió que purgara el cáncer de la corrupción de LAND y que la reformara bajo un nuevo Tetralamento, y así lo hice. ¡LAND está más unida que nunca!

La multitud estalló en gritos de aprobación. Yvonne esperó a que cesaran los vítores y aplausos y continuó.

—Vivimos tiempos difíciles, hermanos y hermanas.

Durante un cuarto de siglo, LAND ha buscado una solución pacífica al acuciante problema de la distribución de recursos.

Woodside dedicó su vida a este objetivo.

Pero hay quienes nos han negado esa paz, quienes se han negado a admitir nuestro fracaso como civilización, quienes han elegido el progreso ciego sobre la sostenibilidad, la codicia sobre la prosperidad, el dinero por encima de las personas.

Nunca más, hermanos y hermanas. ¡Nunca más!

Una multitud de brazos se alzó en el aire, coreando el nombre de Muchena.

La líder terrista levantó ambas manos, ordenando silencio.

— Tenemos ante nosotros una cruzada sagrada, una que solo podremos ganar si no perdemos de vista nuestro objetivo.

LAND necesita tender la mano a todos los grupos que luchan por preservar la Tierra y la humanidad, que se preocupan por lo que le sucede a este planeta y quieren defenderlo, que no lo tratan como una tarjeta de crédito sin límite de gasto.

Es por eso que, hijos e hijas de LAND, me enorgullece anunciar a un poderoso aliado que estará a nuestro lado —se giró y señaló a alguien—.

Reverendísimo Zacharias Hawke, ¡venga! ¡Únase a nosotros!

Gladia contuvo el aliento y Arthur se quedó mirando la proyección con los ojos como platos. Intercambiaron una mirada cargada de pavor y volvieron a fijar la vista en ella.

Un hombre con una túnica blanca subió al escenario.

Fue recibido con gritos ensordecedores. Zacharias abrazó a Yvonne mientras varios drones de cámara capturaban el momento.

Tras intercambiar unas palabras, caminaron de la mano hacia el atril, donde Zacharias se dirigió al público con una sonrisa paternal.

—La Gran Madre Gea bendice a su hija elegida, Yvonne Muchena, y a nuestros hermanos y hermanas terristas. Esta unión traerá una paz y una prosperidad sin precedentes. Ahora somos uno. Nada se interpondrá en nuestro camino.

—¡Defensores del sueño terrista! —exclamó Yvonne, levantando la mano en señal de triunfo—. ¡Uníos a la revolución! ¡Convertíos en los paladines de una civilización naciente! ¡Permaneced a nuestro lado mientras recuperamos nuestro futuro!

La multitud enloqueció, rugiendo de aprobación.

—Desde hoy —gritó, por encima del creciente coro de voces—, terristas y humanistas alzarán sus voces juntos, luchando por la humanidad como una sola entidad, una sola nación.

¡Uníos bajo el estandarte de una nueva bandera, un nuevo símbolo, hecho de los cuatro elementos y la fuerza de Gea!

—exclamó, señalando en dirección al símbolo de LAND, que comenzó a cambiar de forma, convirtiéndose en un ojo abierto cuyo iris contenía los cuatro elementos—. ¡Os presento al Pentalemento!

—¡LARGA VIDA AL PENTALEMENTO!

—¡LAND! ¡LAND!

—¡Gea dicta el camino!

—¡Unidos!

Gladia apagó el opticrón. Los vítores aún le zumbaban en los oídos.

La Sala Hexaédrica quedó sumida en el silencio. Arthur estaba pálido, con las manos inertes y flojas. Que su amigo mostrara semejante emoción era una señal de lo terrible que era la noticia.

—Estaba preparada para lo peor —dijo Gladia, mordiéndose el labio—. Pero no estaba preparada para esto —sentenció, señalando la proyección.

—Bueno —intervino Arthur pasándose una mano por el pelo—. Al menos no han invitado a Lucifer a su fiesta.

Ella le lanzó una mirada desesperada.

—¿Puedes no hacer eso, por favor?

—Lo siento —respondió, agachando la cabeza y rompiendo el contacto visual—. No es momento para bromas. Lo pillo.

Apenas había tenido tiempo para asimilar lo sucedido cuando su interenlace sonó de nuevo. Puso el altavoz.

—¿Sí?

Esta vez Charlotte ni siquiera se molestó en las formalidades y soltó la información directamente.

—Acabamos de recibir nueva información del éter.

Gladia tragó saliva y buscó la mirada de Arthur.

—Adelante.

—LAND y Humanitas han iniciado un proceso público de fusión. Nuestro Centro de Datos estima que para mañana mismo serán una sola megarregión de unos trescientos noventa millones de suscripciones y veintidós eteraparsecs de tamaño.

Arthur se pellizcó la barbilla.

—Eso es más grande que DataMorph —dijo con una mirada dramática, perdido en sus pensamientos.

Gladia se preparó para lo que venía.

—¿Y qué más?

—El Consejo Terrista y el Templo de Gea han emitido un comunicado conjunto.

Dice… Un momento, por favor —Gladia oyó a Charlotte teclear y luego hablar con alguien más, pidiendo confirmación—.

Lo siento —añadió la voz de la asistente, que sonaba tensa—.

Hay mucho ruido en el éter ahora mismo. Es difícil filtrar fuentes legítimas.

Hemos confirmado que tanto terristas como humanistas han bautizado públicamente a la nueva fuerza etérica con el nombre de «STAND». Eso es todo lo que tengo por ahora.

—Está bien —respondió Gladia, apartándose el pelo de la oreja, con la voz cada vez más débil—. Hazme… hazme saber si surge algo más.

—Sí, señora.

Gladia cortó la llamada. Su visión empezó a nublarse mientras aparecían manchas blancas en las esquinas de sus ojos. Tenía la sensación de que la estaban estrujando, como si una presión física le oprimiera la garganta.

Arthur se inclinó hacia delante, acercándose cada vez más a ella.

—¿Gladia? —dijo, intentado cogerle la mano.

—No —respondió, zafándose bruscamente, evitando su mirada. Jadeaba en busca de aire; sentía como si un torno le apretará el pecho.

—Te falta el aire.

—No puedo más, Arthur —se abrazó las rodillas y se balanceó hacia delante y hacia atrás—. Es que no puedo.

—Claro que puedes —dijo Arthur con voz neutra—. Inhala por la nariz y exhala por la boca. Así —lo ejemplificó—. Vamos, Último Vértice del Hexaedro. Enséñame cómo se hace.

Ella lo miró de reojo, tragó saliva. Respiró por la nariz y acto seguido expulsó el aire por la boca.

—Eso es —dijo Arthur con una sonrisa reconfortante—. Ahora hazlo de nuevo. Respira… sí, así… y ahora suelta. Perfecto.

Su ritmo cardíaco se ralentizó y el ataque de pánico fue remitiendo.

—Gracias —dijo ella con voz ronca.

Arthur la observaba con una mirada radiante.

—Para eso estoy —dijo, echando agua en un vaso y dándoselo—. Toma. Bebe unos sorbos.

Gladia bebió.

—¿Cómo te encuentras? —preguntó él.

Ella asintió.

—Mejor.

—Bien.

Gladia lo miró.

—Necesito que hagas algo.

—Lo que sea.

Gladia se recostó en su asiento, dejando caer las manos a los lados.

—No puedo traer a Tolomeo de vuelta al redil, agarrar por los pelos a María y Penélope, ni contrarrestar las acciones de los Planetarios… mientras Muchena intenta acabar con nosotros.

—Estoy de acuerdo —dijo él con calma—. ¿Qué necesitas?

Ella se mordió el labio.

—Necesito reunirme con ella.

Él frunció el ceño.

—¿Con Muchena?

—Sí. Lejos de los medios, en algún lugar privado.

Él parpadeó.

—Es un plan atrevido.

—Sé que es arriesgado, pero es la única opción sensata que nos queda. Quiero ver si puedo hablar con la mujer tras la máscara.

Arthur asintió con solemnidad.

—De acuerdo. Veré si puedo usar a un viejo contacto para organizar una reunión. Ya funcionó una vez. Podría funcionar una segunda.