39 STAND
STAND
COMPLEJO HIPERISTA INFINITY, SALA HEXAÉDRICA
Gladia
María Castellari y Penélope Juno estaban, sin duda, cabreadas. Incluso la habitualmente estoica líder de los geocéntricos no ocultaba su irritación.
Gladia permanecía hierática tras su escritorio, con las manos juntas sobre la dura superficie de madera y las yemas de los dedos tocándose, como para dar una impresión de confianza. Una confianza que no tenía, pero que necesitaba aparentar para mantener la situación bajo control.
María y Penélope se intercambiaron una mirada rápida; luego la líder de los selenianos carraspeó y tomó la palabra.
—No hacer nada —dijo en un tono seco, con cada palabra en tensión—. ¿Eso es lo que propones?
—No, no es eso —intervino Gladia rápidamente—. He dicho que necesito tiempo para encontrar un punto de inflexión. Eso es justo lo opuesto a no hacer nada, María.
—¿Un punto de inflexión? —dijo Penélope con una voz que cortaba el aire—. Intentaste atar en corto a Tolomeo y mira dónde te ha llevado. Él ya ha tomado su decisión. Es hora de que nosotras tomemos la nuestra.
Gladia apretó dientes, intentando no pestañear.
—¿Qué sugieres hacer?
—Condena públicamente su insubordinación —dijo Penélope, marcando las pausas con los dedos—. Deshazte de los consejeros que lo apoyan y recupera el control de la Asamblea Estelar; y después, corta lazos con los ascendentes.
Gladia soltó un bufido de disgusto.
—Cortar lazos con… Joder. ¡Claro! ¡Hagámoslo!
Penélope se encogió de hombros.
—No lo digo de broma.
Gladia sonrió con sorna.
—Estás hablando de veinte millones de hiperistas registrados, por el amor de Dios. Gente que paga sus cuotas de membresía, que trabaja para nosotros. Algunos de mis amigos más cercanos son ascendentes.
—Daños colaterales —dijo Penélope secamente—. Si son hiperistas de verdad, elegirán otro partido.
—Estoy de acuerdo —intervino María, dando un paso adelante—. Gladia, ese hombre es un cáncer. Te lo advertí. Para salvar lo que queda de HYPER tenemos que extirparlo. Es hora de separar el trigo de la paja.
Gladia chasqueó las uñas contra la mesa.
—¿Es que no me habéis estado escuchando? A Tolomeo lo engañaron para que creyera que los fondos eran legítimos. Tenemos las pruebas. Os las acabo de enseñar.
—Me da igual lo que digan sus pruebas —replicó María con desdén—. Tolomeo es un manipulador que juega con tu buena fe.
—No estás siendo…
María levantó una mano, con la palma en dirección a Gladia.
—Vale, de acuerdo. Incluso si no supiera nada de los fondos, lo cual dudo, la forma en la que se ha comportado cuando todo este asunto estalló me parece más que suficiente para despedirlo.
—Esa no es tu decisión —dijo Gladia.
María resopló.
—Piensa en lo que ha hecho. Se aseguró de tener el apoyo que necesitaba para desafiarte, y luego te apuñaló por la espalda. ¿Es que no lo ves? Es un cobarde y un oportunista, y tú sigues defendiéndolo.
—Escuchad —les dijo Gladia, pellizcándose el puente de la nariz y cerrando los ojos—. Tolomeo se sintió acorralado, se asustó y reaccionó de forma exagerada. Lo conozco. Ladra, pero no muerde. No hará nada que perjudique a HYPER.
Penélope miró a Gladia con una intensidad apabullante.
—Vives en los mundos de Yupi si te crees eso.
—Gladia —intervino María, con las fosas nasales dilatadas—. Este jaleo es culpa suya. Tiene que pagar por ello.
Gladia le dirigió una mirada ausente.
—Escuchad, los ascendentes representan una quinta parte de HYPER. No voy a castigarlos a todos por algo que hizo Tolomeo por miedo.
—Ellos le votaron —señaló Penélope—. Ahora que se lo coman.
—Cierto —dijo María, asintiendo—. Respaldan todo lo que hace.
—No voy a arriesgarme a una división abierta entre los partidos, no mientras se pueda evitar.
—¿Y cómo piensas arreglarlo? —inquirió María, casi escupiendo cada palabra.
—Sin perder los estribos —dijo Gladia, con palabras que sonaban forzadas—. HYPER es uno. Sin los ascendentes, el movimiento se reduce a grupos dispersos.
—No comparto tu opinión —replicó Penélope, mirándola fijamente—. HYPER es mucho más que la suma de sus partes. Es una idea.
—Exactamente —intervino María, señalando vehementemente a Penélope—. ¿No son los apeirones ya un grupo separado de facto? Y aquí seguimos, ¿no? Pues lo mismo sin Tolomeo.
Gladia negó con la cabeza.
—Los apeirones son parte de HYPER. Reconocen al Consejo Ejecutivo y acatan las decisiones de la Asamblea Estelar.
—Claro, sobre el papel —dijo María, sacudiendo la cabeza—. Pero la realidad es que van a lo suyo. Son tan herméticos que ni siquiera sabemos en qué están trabajando, aparte del Dodekatheon. Se esconden dentro de Serenity y no les importamos una mierda.
Gladia cruzó los brazos y miró a ambas mujeres.
—Mirad, podemos perder el tiempo discutiendo qué facción es menos hiperista o podemos centrarnos en el problema real.
—¿Problema real? —bufó María, cruzando los brazos—. ¿Hay algo peor que esta serpiente?
—Sí, lo hay —espetó Gladia, mirándola fijamente—. LAND está en pie de guerra. ¿No os habéis enterado? Muchena está usando el Espacio Militarizado como si fuera su eslogan de campaña electoral. Nos está haciendo daño donde más nos duele. Tenemos que ocuparnos de ella primero.
—Entonces ayúdanos a barrer la casa —dijo María, apretando los puños—.
Abre los ojos. —añadió, señalándose tanto a sí misma como a Penélope—.
Somos todo lo que te queda. Las tres debemos estar unidas si queremos sobrevivir a esta tormenta.
Condena a Tolomeo y a los ascendentes. Es nuestra única opción.
Penélope asintió.
—Estoy de acuerdo con María. HYPER está fragmentada. Nada de lo que hagas puede detener…
—¡HYPER no está fragmentada! —dijo Gladia poniéndose de pie de repente—. ¿Qué os pasa a vosotras dos? Aquí plantadas, hablándome de un cisma. A mí, a Gladia Egea, el Último Vértice del Hexaedro. Estoy aquí para asegurar que HYPER permanezca unido.
Penélope dio un paso adelante, clavándole la mirada.
—Entonces quizá hayas llegado al fin de tu utilidad.
Gladia frunció el ceño. Las palabras de Penélope fueron como una puñalada en el corazón.
María intercambió una mirada con Penélope, luego volvió a mirar a Gladia.
—Mira, lo único que decimos es que ya se ha acabado el tiempo de sonreír ante las cámaras. Hiciste lo que pudiste para mantener unidos a los partidos. No ha funcionado. Sigue adelante. Yo…
—María…
—No he terminado —la interrumpió María, señalándola con el dedo—. No me voy a quedar de brazos cruzados viendo cómo tratas a Tolomeo como a un hijo pródigo. Es una sabandija. Hay que aplastarlo. Pronto haré mi declaración oficial. Te daré unos días para que decidas de qué lado estás.
Antes de que Gladia pudiera responder, la líder de los selenianos cortó la comunicación y su proyección desapareció.
—Quien a dos amos sirve, no queda bien con ninguno —dijo Penélope, clavando en Gladia sus ojos de halcón—. No estás pensando con claridad. Te preocupas por el tejado cuando deberías estar vigilando los cimientos —Penélope cortó la conexión y su proyección también desapareció.
Gladia se hundió en su asiento, con el corazón saliéndosele del pecho. Alcanzó la taza que estaba sobre la mesa. En cuanto la agarró, empezaron a temblarle las manos.
—Tú otra vez no —exclamó, golpeando la mesa con fuerza. Lo hizo dos veces más hasta que sintió dolor.
—¡TÚ… OTRA VEZ… NO!
Lanzó la taza contra la pared al otro lado de la estancia. El recipiente se hizo añicos con un estruendo seco, salpicando café por todo el suelo.
En ese momento, alguien llamó a la puerta.
—¡Ahora no! —espetó Gladia.
La puerta se abrió de todos modos. Arthur se quedó mirando fijamente el café que aún goteaba por la pared.
—¿Deduzco que la charla no ha ido bien?
Gladia lo fulminó con la mirada.
—Tu capacidad de observación es alucinante.
Arthur recogió los trozos del suelo y los tiró a la basura, luego se sentó frente a Gladia.
—¿Qué ha pasado? —preguntó con una sonrisa afable.
Ella suspiró.
—¿No tienes otra pregunta?
Arthur alzó una ceja.
—¿Tan mal ha ido?
Gladia se miró las manos.
—Digamos que este año no espero recibir tarjetas navideñas de ninguno de los líderes hiperistas.
Él asintió y le tendió una mano a Gladia. Ella dudó, pero finalmente estiró el brazo y la tomó.
—Todo va a salir bien —dijo Arthur—. Resolveremos esto. Te lo prometo.
Ella sonrió y parte de la tensión se alivió, como veneno drenando de una herida.
—¿Cómo lo haces?
Él se encogió de hombros.
—¿El qué?
—Mantenerte positivo frente a la adversidad, cuando no hay más que oscuridad.
—Si hay oscuridad, significa que también hay luz. Si no, no sabrías qué es la oscuridad.
Ella parpadeó.
—Muy poético.
Él sonrió.
—¿Te sientes mejor?
—Un poco.
Arthur miró hacia la puerta.
—Bueno, puede que sepa algo que te ayude a levantar cabeza.
Gladia frunció el ceño.
—¿Qué?
Se miraron en silencio y, entonces, Arthur se inclinó hacia ella.
El corazón de Gladia se aceleró, y una descarga de adrenalina le recorrió el cuerpo. Tragó saliva mientras la cara de Arthur se acercaba tanto a la suya que podía apreciar las motas en sus ojos verde grisáceo.
El interenlace de Gladia sonó, haciéndola dar un respingo. Un rápido vistazo desveló el código de comunicación de Charlotte.
Arthur carraspeó y se echó hacia atrás, frotándose el cuello.
—¿Qué ocurre, Charlotte? —preguntó Gladia, poniendo la llamada en altavoz para que Arthur pudiera oír.
—Señora, Muchena está empezando su discurso —dijo su asistente.
—Gracias —dijo Gladia, terminando la comunicación. Encendió el proyector de la sala, con cuidado de no mirar en la dirección de Arthur—. Vamos a ver qué otras noticias emocionantes nos esperan.