La guerra de Pandora (Protocolo Singularidad 3) 36 Lección de humildad #2
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36 Lección de humildad #2

—Carmen, ¿intentas interrumpir a una presentadora en su propio programa?

Puedes hacerlo, pero primero aprende a manejar un combate dialéctico en tus propios términos.

No titubees, no cedas ni un ápice y, desde luego, no permitas que nadie te ningunee de esa manera, no si quieres convencer a la gente de que tienes el control.

No pases al ataque si no sabes a qué te enfrentas.

Espera. Aprende. No te expongas. Y ahora tú, Janet —dijo señalándola con el dedo para enfatizar—.

Ay, Janet. Has sido la mejor. Me llevó solo tres frases sacarte de quicio.

Tú. Una estudiante de élite, a semanas de convertirte en eterión. ¿Cómo es eso siquiera posible?

—Lo siento, Dama —Janet tragó saliva, con lágrimas emergiendo en sus ojos.

—¿Lo sientes? —espetó Angélica mirándola fijamente—. ¿Lo sientes? ¡Deberías estar cabreada! ¡Yo lo estoy! Se suponía que debías estar preparada. Eráis tres contra uno. Deberías haberme machacado.

—Eso no es justo —dijo Carmen—. Usted es la Dama de la Melodía. Tiene años de formación, experiencia y…

—¿Justo? —resopló—. ¿Crees que lo «justo» tiene algo que ver con ganar un debate? Ay, entonces estás en el campo equivocado, cariño.

—No pensé que…

—Exacto —dijo Angélica, mirando fijamente a Carmen—.

No pensaste —se volvió hacia el resto de la clase, que observaba con los ojos muy abiertos el rapapolvo—.

Señoras y señores, ya no estáis en Kansas.

¡Esto es la guerra! Debéis estar preparados para dar y recibir golpes de oponentes que son más inteligentes que vosotros y no tienen absolutamente ningún escrúpulo.

¿Creéis que os he tratado mal? Pues esto no es nada.

Los eteriones de Jasper os romperán los huesos y os sorberán el tuétano, lentamente, para que el público disfrute del espectáculo.

Tenéis que actuar como eteriones u os masacrarán en cuanto salgáis por esa puerta —exclamó, extendiendo el dedo índice hacia dicha puerta—.

La guerra del éter ha comenzado y la estamos perdiendo.

Por todo lo alto. En solo unas semanas os veréis en la línea de fuego: debates públicos, programas en directo, directos en redes sociales, lo que sea.

Estaréis expuestos y solos. Este lugar, justo aquí, es el último en el que podéis cometer errores.

Es vuestra última oportunidad para equivocaros.

Por eso, vamos a repetirlo una y otra vez hasta que estéis listos para hacer daño de verdad. ¿ADAM?

—¿Sí, Dama?

—Activa la simulación «Éter versus holístico». Versión gamma 2.03.

—Cargando.

Angélica hizo un gesto hacia Yoshi, Janet y Carmen, para que volvieran a sus asientos; luego caminó frente al resto de la clase, buscando con los ojos a sus próximas víctimas.

—Samanta, Nelson y Ana —dijo, señalando a tres estudiantes sentados en la segunda fila—. Vosotros sois los siguientes. Vamos. Quiero que lo hagáis todos antes de comer.

Los estudiantes se levantaron y se dirigieron con paso pesado hacia el escenario, como condenados camino del pelotón de fusilamiento.

Angélica cruzó los brazos.

—ADAM —espetó—. Adelante.

∞∞∞

Los estudiantes abandonaron el aula en un silencio inquietante. Nadie se despidió, nadie se quedó para hacer preguntas o pedir consejo. Parecían agotados y ni siquiera miraron en dirección a Angélica mientras se apresuraban hacia la salida.

La mencionada los había pasado por la picadora. Algunos de ellos le habían complicado más el trabajo, pero en general ninguno había tenido oportunidad.

Estaban demasiado verdes, muy poco preparados. Se mordió el interior de la mejilla, agradecida de que ninguno mirara en su dirección y de que no pudiera ver su remordimiento.

No le gustaba lo que les estaba haciendo, pero tenía que hacerlo. James había fomentado este enfoque. Necesitaban resultados rápidos. Los guerreros necesitan heridas de guerra para demostrar su valía.

Angélica frunció el ceño, desplomándose en la silla; luego contempló el aula vacía y suspiró.

¿Qué había sido de Angélica Kam, aquella mujer sensata que resolvía los problemas con lógica?

¿Qué le había ocurrido a la eterapeuta que, hace tan solo unos meses, enseñaba a los niños a viajar de forma segura por el éter?

Todo había sido arrasado por la necesidad del momento, cuando la Dama de la Melodía se había apoderado de su vida.

Angélica miró su teléfono, donde tenía un par de llamadas perdidas de Sebastian. Hizo una mueca y lo apartó de su vista.

Su marido no lo entendía. Su última conversación había terminado en una acalorada discusión durante la cual Sebastian le había dicho que James le estaba «lavando el cerebro». Ahora, días después del incidente, sentía que su relación se estaba deteriorando.

Angélica no había dormido bien en días, y las largas horas de trabajo le estaban pasando factura. Puso los brazos sobre la mesa, apoyó la cabeza sobre ellos y se quedó dormida.

Un pitido la despertó. Parpadeó, sintiendo su mejilla caliente y húmeda mientras se levantaba. No sabía si habían pasado minutos u horas desde que se había quedado dormida, pero no se sentía descansada. Un rápido vistazo a su teléfono le indicó que Sebastian la estaba llamando.

Consideró ignorar la llamada, pero era la tercera vez que Sebastian intentaba ponerse en contacto con ella. Debía de ser importante. Angélica se humedeció los labios y contestó.

—¿Qué ocurre? —respondió, intentando mantener la voz neutra.

Sebastian carraspeó.

—Hola. ¿Cómo estás?

Ella se encogió de hombros.

—Acabo de terminar una clase. Ha sido un fin de semana ajetreado.

—Claro. Angy, mira, está pasando algo —Sebastian sonaba angustiado—. Sé que ahora mismo tienes mucho entre manos, pero necesito enseñarte algo.

—¿Vale…? —frunció el ceño—. ¿De qué se trata?

—Te estoy enviando la información por un canal seguro.

Ella dudó.

—¿Qué información?

—Échale un vistazo.

Revisó su bandeja de entrada y abrió el archivo que Sebastian le acababa d enviar. Parecía ser una serie de coordenadas bancarias.

—¿Qué es esto, Bastian?

—¿Recuerdas cuando James nos dijo que estaba financiando el departamento de I+D holístico con el dinero de Asha? —la voz de Sebastian sonaba forzada, como si hubiera ensayado todo el discurso.

Angélica escaneó el resto del documento, descubriendo múltiples transferencias bancarias de fuentes desconocidas a la cuenta del instituto de Ark.

—Sí, lo recuerdo.

—Llamé a un viejo amigo que trabaja en el sector privado.

Es un experto en ciberseguridad de activos etéricos.

Le pregunté si la información que nos dio James coincidía con la cantidad real de dinero que está recibiendo Ark.

No coincidía. Solo una pequeña parte de ese dinero viene de Asha.

La fuente real es imposible de rastrear.

—¿Qué quieres decir?

Sebastian respiró hondo antes de responder.

—Creo que el holístico se está financiado ilegalmente.

—¿Qué?

—No sé quiénes son, pero deben tener los recursos suficientes como para mantenerse fuera del radar. Estaríamos hablando de actividades ilegales de muy alto nivel, algo que ni siquiera mi amigo pudo descubrir.

Ella negó con la cabeza.

—No estás pensando con claridad.

—¿Que no estoy pensando con claridad? ¿Has visto el documento?

—Lo he visto. Mira, James debía de saber que los fondos iban a llamar la atención en cuanto empezáramos a hacer algo de ruido.

¿Qué crees que pasaría si Milo y sus esbirros encontraran la fuente?

Congelarían los activos. Eso nos ahogaría por completo.

Si de verdad es tan difícil rastrear la fuente de la financiación, ¿no crees que puede que ese sea el plan de James desde el principio?

—¿Y por qué nos mintió?

—Nos ocultó información como precaución. Yo habría hecho lo mismo. Cuantas más personas saben algo, mayor es la probabilidad de que se difunda.

Sebastian permaneció en silencio durante un momento. Cuando volvió a hablar, su voz sonaba ronca.

—No lo sé. Todo este secretismo no me gusta. Es decir, hay demasiadas cosas que no cuadran. ¿Qué sucede con la planta restringida del instituto? Le pedí a James echar un vistazo y se negó, me puso una excusa absurda.

—Vale, bueno. Supongo que no ayudó que lo llamaras «pequeño capullo manipulador».

—Solo quiero entender…

—Estás enfadado porque estoy aquí.

Sebastian soltó una risa seca.

—¿Qué?

—Lo digo en serio —Angélica cerró los ojos, deseando no haber contestado—. Estás buscando excusas para que vuelva al Yodobashi.

—Angy, no estoy intentando…

—Escucha, te lo dije. Si no vendemos la idea del holístico, estamos acabados. ¡Acabados! Has visto las cifras. Sabes que tengo razón. Puedo marcar una gran diferencia aquí, enseñando a estos chicos, en lugar de quedarme mirando datos y contando bajas.

—Por favor, Angy. Tienes que escucharme. Estás demasiado involucrada emocionalmente. James te está utilizando para…

—Adiós, Bastian —Angélica cortó la llamada.