35 Barro
BARRO
COMPLEJO HIPERISTA INFINITY, CENTRO DE CONTROL
Gladia
Gladia revisaba las noticias que aparecían en su consola con la misma avidez que un ave rapaz al acecho de su próxima presa.
A su alrededor, la sala de control era un hervidero de llamadas entrantes y del ir y venir de decenas de expertos en datos que recopilaban información y la enviaban a los departamentos de relaciones públicas encargados de gestionar la creciente crisis.
Gladia cogió la taza que descansaba en el reposabrazos de manera mecánica, pero se dio cuenta de que estaba vacía.
—Mac —dijo, mirando al joven sentado a su izquierda y agitando la taza—. ¿Podrías traerme más café, por favor?
Mac carraspeó.
—Eh… Esa es su quinta taza, señora —dijo, retorciéndose las manos.
Gladia le lanzó una mirada fulminante.
—¿Me estás llevando la cuenta?
El joven tragó saliva.
—Sí… ¡No! Es decir… mmm… ¿Alguien tiene que hacerlo, ¿no? El Condestable me pidió que la vigilara mientras…
—Mira, Mac —lo interrumpió Gladia con un suspiro—. Arthur no está aquí, ¿vale? No se enterará. Necesito café para sobrevivir a este día. ¿Te lo tengo que volver a repetir?
El joven se enderezó.
—No, señora. Enseguida se lo traigo —salió disparado de su silla, casi tropezando antes de llegar a la salida.
Gladia volvió a leer las noticias que el departamento de gestión de crisis le había enviado, buscando contenido que pudiera utilizar contra la creciente lista de detractores.
El escándalo del Espacio Militarizado había removido el avispero, y nada de lo que había hecho había sido suficiente para apaciguarlo.
—¿Señora?
Gladia miró por encima de su mesa al especialista en datos sentado frente a una consola, a su derecha.
—¿Qué ocurre, George?
—DataMorph ha publicado un nuevo artículo sobre la implicación de Almagest con Oplite Corp.
Gladia se masajeó las sienes con los ojos entornados.
—¿Índice de difusión?
—Noventa partes por millón.
Gladia bufó.
—Está bien —respondió, levantándose y tratando de mantener un tono neutro—. Ponme al día.
—Sí, señora. La noticia se está extendiendo rápidamente por las redes sociales de la región y otras partes del éter vinculadas a DataMorph —George escaneó el contenido en la pantalla y frunció el ceño—.
Afirma que el Legatus intercambió favores con varias organizaciones ilegales del sudeste asiático involucradas en ciberterrorismo.
—No me interesan las afirmaciones. Quiero hechos —sentenció Gladia, cruzando los brazos sobre el pecho—. ¿Tienes algo a lo que el Tribunal Planetario le pueda hincar el diente?
George se encogió de hombros.
—Una transferencia bancaria encriptada, dos testigos presenciales y una conversación privada entre un miembro de los asesores del Legatus Almagest y Marco Schantell, vicepresidente de Oplite Corp.
Gladia echó un vistazo a la ya impresionante cantidad de contenido pendiente de leer. Resopló y volvió a dejarse caer en la silla.
—Envíamelo.
George asintió brevemente.
—Enseguida.
Gladia escaneó el artículo y comprobó las supuestas pruebas.
—No es más que otra sarta de basura. Oye, ¿George?
—¿Sí, señora?
—Publica un comunicado estándar de la red AMR para contrarrestar este montón de mierda que intentan colar como noticia.
Muestra los últimos movimientos de los patrocinadores de Almagest. Sé claro como el agua citando las fuentes, y asegúrate de que todos los usuarios que hayan leído ese lamentable intento de noticia de DataMorph vean nuestra respuesta.
Si es necesario, incluso envía una notificación mediante publicidad personalizada.
No servirá de mucho para convencer a los detractores, pero al menos la gente con neuronas funcionales se dará cuenta de que decimos la verdad.
George comenzó a teclear.
—Me pongo a ello.
—Directora Ejecutiva —Una mujer de mediana edad, con auriculares, se volvió hacia ella—. Tengo otra noticia importante de la región terrista.
Gladia se llevó las manos al estómago y se inclinó ligeramente hacia delante, preparándose para el siguiente golpe.
—Dispara, Saria.
—La posición oficial de Yvonne Muchena sobre el escándalo del Juggernaut ha cobrado fuerza entre los geosincronistas sudamericanos —dijo la mujer, con los ojos moviéndose de un lado a otro para seguir el flujo de noticias en la pantalla—.
Lo están difundiendo en su esfera de influencia, con supuestas pruebas de que el proyecto catalabán se está utilizando como tapadera para una operación encubierta destinada a militarizar una estación espacial.
Gladia resopló.
—Absurdo. ¿Índice de alcance y difusión?
—Alrededor de dos millones de personas. Nueve partes por millón.
Gladia tamborileó el pie contra el suelo.
—Envíame el informe con todos los comentarios e interacciones que encuentres.
—Entendido.
—Y monitoriza la influencia que estos artículos están teniendo entre los neutralistas, los grupos de presión del transporte orbital, la Alianza Conservadora y la Hermandad de la Paz. Es necesario atraer a la conversación a gente con un mínimo de sentido común.
—Eso está hecho, señora.
Gladia estaba a mitad de la lectura de otro artículo cuando George se giró para hablarle.
—¿Directora Ejecutiva?
Gladia se frotó la nuca, sin volverse hacia el especialista en datos.
—¿Y ahora qué, George?
—Hemos recibido confirmación de que el Tribunal Planetario ha convocado una reunión a puerta cerrada del Comité del Consejo de Transporte Orbital para investigar el Espacio Militarizado.
—Perfecto —Gladia bufó por la nariz, a la vez que se le aceleraba el pulso y su cuerpo empezaba a acalorarse—. De puta madre. La guinda del pastel. ¿Quién está en el comité?
—Aún no lo sabemos —respondió George—. La Corte no hace públicos sus nombres para evitar presiones externas.
Gladia se inclinó hacia él, con las manos entrelazadas.
—¿Eso es todo? ¿Eso es todo lo que tienes?
George pareció encogerse sobre sí mismo.
—Lo siento, señora.
Gladia se volvió hacia el resto de la sala.
—¿Alguien más tiene algo útil sobre esto? ¿Un rumor? ¿Algún cotilleo? ¿Mmm? ¿Algo?
La única respuesta que obtuvo fue una ronda de cabezas negando y miradas esquivas.
Gladia volvió a dirigirse a George.
—De acuerdo. Mantenme informada si hay novedades.
—Sí, señora.
Gladia se llevó las manos a las sienes y se las masajeó para aliviar la tensión.
Sentía los músculos cargados y la vista borrosa.
Al igual que ella, la mayoría de las personas que trabajaban en la sala de control apenas se habían movido de su puesto en los últimos días.
Miró por encima del hombro, hacia el lugar donde Arthur solía estar, siempre listo para ayudar.
Había enviado a su amigo al Consejo Ejecutivo para informar a los miembros sobre la situación.
Necesitaban diseñar una estrategia cohesionada para contrarrestar la creciente presión global de los terristas.
Muchena estaba aprovechando este desastre al máximo, y Gladia necesitaba a alguien de confianza al frente del Consejo mientras ella se concentraba en controlar los daños.
También había hablado con Penélope Juno y María Castellari. La conversación con ambas líderes hiperistas se había torcido con rapidez. Estaba claro que las dos querían la cabeza de Almagest en bandeja. Tras su desaparición, Gladia no podía culparlas.
El líder de los ascendentes llevaba días desaparecido, esfumado. ¿Se estaba escondiendo? ¿O le habría pasado algo? Con cada hora que pasaba, la confusión aumentaba, y cada vez más gente acudía a ella en busca de respuestas.
Gladia se negaba a creer que Tolomeo tuviera algo que ver con este escándalo.
Era un hombre ambicioso, pero no imprudente.
Sabía que ponerse del lado de los militaristas era la forma más rápida de convertirse en el blanco de todos los bandos, sin obtener nada a cambio salvo una terrible publicidad y un aluvión de problemas legales.
Durante las dos horas siguientes, Gladia dirigió el flujo de información a través de comunicados, actualizaciones y publicaciones en redes sociales, liderando la respuesta hiperista en todo el ciberespacio.
Cerca de la hora del almuerzo, cuando la séptima taza de café yacía vacía en el reposabrazos, recibió una llamada directa a través del interenlace. Era su asistente.
—Estoy ocupada ahora, Charlotte —dijo Gladia, enfrascada en la redacción de un comunicado—. ¿Qué ocurre?
La voz de Charlotte sonaba urgente.
—Es sobre Tolomeo Almagest, señora.
Gladia se quedó paralizada, con los ojos muy abiertos.
—Dime.
—Está aquí. Dentro de Infinity. Quiere hablar con usted.