La guerra de Pandora (Protocolo Singularidad 3) 33 Ayuda inesperada
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33 Ayuda inesperada

AYUDA INESPERADA

MAR AMARILLO, AGUAMARINA

Ariul

Tiago escrutó a Lena y asintió con la cabeza.

—Sí, tiene sentido.

—¿De verdad? —respondió Lena, frunciendo el ceño—. ¿Cómo?

—Piénsalo —dijo Tiago, agitando la mano como quien ahuyenta el humo—. Tiene sentido que Wei guardara los recuerdos relevantes dentro del colgante y los ocultara a todos excepto al portador.

Lena estaba perpleja.

—Espera, ¿qué? ¿Dónde le ves el sentido?

¡No lo tiene para nada! Suena a una manera estupenda de perder la información que se supone que quieres mantener a salvo.

Es decir, ni siquiera sabía lo que hacía este collar hasta que empecé a ponérmelo mientras dormía.

Si nunca lo hubiera hecho, quizá nunca habría sabido que contenía los recuerdos de Wei, o lo que sea que esté viendo.

Tiago esbozó una sonrisa cada vez más marcada.

—Pero han estado a salvo. Tan a salvo, de hecho, que ni siquiera quien lo llevaba lo ha sabido hasta el momento justo.

—Vale, quizá. Pero eso no explica el momento elegido. En serio. Podría habérmelo dejado en mi habitación y entonces toda la información se habría perdido.

Tiago negó con la cabeza.

—Wei siempre tenía un plan de contingencia. Si quería que vieras algo en un momento determinado, puedes apostar a que eso era exactamente lo que iba a ocurrir.

Ella lo miró fijamente.

—Me he perdido.

Tiago comenzó a deambular por la habitación.

—Mira, puede sonar extraño para alguien nuevo, pero…

—¿Alguien nuevo? —dijo ella, arqueando una ceja—. ¿Te refieres a mí?

Suspiró.

—Escucha. Conozco a Wei. Le gustaba fragmentar la información. Separaba las piezas para mantenerlas seguras. ¿Conoces el dicho «no pongas todos los huevos en la misma cesta»?

Lena se rascó la frente.

—Eh… sí. ¿Y?

—¡Pues eso mismo! Así es como actuaba, tanto a nivel personal como profesional. Mantenía las cosas separadas, incluso dentro del mismo proyecto.

—¿Por qué?

—Porque así había menos posibilidades de que la persona equivocada las descubriera, o de que salieran a la luz en el momento equivocado. Lo envolvía todo en un halo de misterio y, cuando llegaba el momento de mostrar su verdadera naturaleza, volvía a juntar todas las piezas.

Lena observó su colgante.

—Entonces, ¿estás diciendo que este opticrón y los recuerdos que contiene son otro de sus… proyectos?

—Eso creo.

Lena se quedó mirando el colgante de pelargonio.

Había estado hablando con el canciller durante cerca de una hora, contándole todo lo relacionado con sus sueños.

Tiago había confirmado sus sospechas. Cuando le había descrito a Evangeline, una chica a la que solo había visto en el sueño, Tiago le había confirmado que su descripción coincidía con la verdadera Evangeline, a la que él había conocido cuando era más joven.

En cambio, el sueño sobre Pandora había sido algo completamente distinto.

Tiago no parecía preparado para ello, y se sumió en una especie de silencio después de que Lena le contara la conversación entre ambos.

Cuando Lena le preguntó qué pensaba sobre los sueños, él respondió que podrían ser una forma de proporcionar información útil para luchar contra los biomecas.

—¿Lena? ¿Me estás escuchando?

Lena movió la cabeza para volver en sí.

—¿Qué?

—¿Qué es eso? —dijo Tiago, señalando la mesita de noche.

Lena siguió la dirección de su mano y parpadeó. Había un opticrón amarillo, acompañado de una pequeña tarjeta.

—No lo sé —dijo, desconcertada—. No había… no había nada allí.

—¿Estás segura? —preguntó Tiago, mirándola fijamente.

Ella asintió.

Él recorrió la habitación con la mirada.

—¿Ha entrado alguien más?

Ella se cruzó de brazos.

—No. He estado sola todo el tiempo. Bueno, alguien podría haber entrado mientras estaba durmiendo, pero… —Se interrumpió, sin saber cómo terminar la frase.

Tiago se volvió lentamente hacia los dos objetos, con una postura de repente rígida.

—¿EVA? Analiza el opticrón y la tarjeta sobre la mesa. ¿Hay algún componente que pueda identificarse como peligroso?

—Negativo, Canciller —respondió EVA.

Tiago se acercó a la mesa, y Lena cogió la nota. Reparó en el peculiar brillo y maldijo entre dientes.

—¿Qué pasa? —preguntó él.

Se mordió el labio inferior.

—Esto es tilenio —confirmó, y se giró hacia el canciller—. Sé quién ha dejado este opticrón aquí.

Él frunció el ceño.

—¿Quién?

—El Supervisor de Ariul —respondió, agitando la tarjeta hacia Tiago—. Así es como se pone en contacto.

Tiago miró alrededor, como si esperara que alguien más apareciera en la habitación.

—¿Estás diciendo que está aquí, en Aguamarina?

—No lo sé. Quizá no sea él. Puede que sea un espía.

—¿Qué dice?

Lena le dio la vuelta a la tarjeta y encontró un breve mensaje. Lo leyó en voz alta:

—Recupera lo que es tuyo.

Tiago cogió el opticrón, lo lanzó al aire y el objeto proyectó una imagen en 3D parecida a una nave.

—¿Qué es eso? —dijo Lena, frunciendo el ceño.

—Es un Agua Negra —respondió Tiago, entornando los ojos.

—¿Un Agua Negra? ¿Te refieres a las naves de los biomecas?

—Sí —afirmó, estudiando la proyección—. Mira esto —añadió, señalando una línea de información que aparecía sobre una breve descripción donde se detallaban el tonelaje y el tamaño de la nave.

Había cuatro palabras escritas en cursiva: Crucero de batalla Clase Martillo Mastodon.

Debajo del nombre de la nave había una serie de números—.

Estas son coordenadas espaciales. Podría ser la ubicación actual de esta nave.

Lena se percató de un punto rojo que parpadeaba dentro del puente inferior del Mastodon. Lo tocó y apareció un nombre junto a él: Makoto Shimao. Se echó hacia atrás, con los ojos abiertos como platos.

—Es él —dijo—. ¡Makoto! ¡Está en esa nave!

—No saquemos conclusiones precipitadas —dijo Tiago, sacando una pequeña pantalla portátil de su bolsillo y tecleando en ella—. Necesitamos analizar esta información para asegurarnos de que es fiable.

—¿Cuánto tiempo necesitas? —dijo Lena, mirándolo fijamente.

—Me tocará pedir algunos favores —respondió, echando una mirada hacia la puerta—. No debería llevarme más de media hora averiguar si ese Agua Negra de verdad está donde dice el Supervisor.

Lena tragó saliva y miró la proyección.

—¿Y si es verdad? ¿Y si Makoto sigue vivo? ¿Podremos rescatarlo?

El canciller respiró hondo.

—Cassandra nunca aprobaría una operación de rescate.

Demasiado arriesgado. Tampoco Max, sin una razón muy convincente.

No. Si queremos llevar esto a cabo, necesitaremos voluntarios dispuestos a arriesgarse a llevar la lucha fuera de Ciudad Saemangeum —Tiago miró a Lena y sonrió—.

Y puede que conozca justo a la persona adecuada para el trabajo.