31 El sabueso del éter #3
—Solo soy alguien que intenta ayudar. Marcar la diferencia para las miles de personas que están sufriendo.
—Ah, sí. «Intentar marcar la diferencia». El emblema de tu maestra. Bueno, siento pinchar tu burbuja, cariño, pero no eres Cantara Handal.
—Claro que no —respondió Angélica—. No lo soy —Tiró de su vestido, como si estuviera descubriendo una debilidad—.
El maquillaje que llevo, el vestido, todo es el resultado de una planificación calculada.
Al igual que lo son las luces de este escenario y el público de este estudio.
Todo nuestro mundo es planificación y sensacionalismo.
La forma en que caminamos, hablamos, estrechamos la mano, sonreímos…
la misma cultura del éter se basa en la apariencia, en nuestra capacidad para realzar lo superfluo.
Excepto hoy. Lo de hoy no tiene nada que ver con el sensacionalismo. Hoy todo gira en torno a la verdad.
—¿Ese es el lema que nos quieres colar? —exclamó Milo levantando los brazos teatralmente—.
¡Oíd, oíd, amigos! ¡La Dama de la Melodía, el emblema de la verdad!
—dijo extendiendo los brazos a los lados—.
Vale, ¿sabes qué? No te lo voy a negar. Tu campaña del miedo está teniendo éxito, ha logrado asustar a millones de personas.
Por eso estamos aquí. Ha llegado el momento de desmontar esta farsa de una vez por todas. Y la responsabilidad recae en mí.
—Esto no es un truco publicitario —dijo Angélica, manteniendo la voz uniforme—. Hay pruebas y datos que lo demuestran. Multitud de otros centros de investigación han hecho públicos sus hallazgos. Para detener esta amenaza tenemos que actuar ya. Juntos.
—Sí, ya sabemos de tu elaborada artimaña para encasquetarnos tus productos patrocinados —dijo Milo, negando con la cabeza—. ¿Cómo se llamaban? ¿Auteras? ¿Cuánto cuesta uno? ¿Mil dólares? ¿Dos mil?
—Ya no basta con comprar software de protección. Necesitamos crear un éter totalmente nuevo, con una nueva infraestructura de ciberespacio que sea inmune a la amenaza de la malice asesina.
—¿Un nuevo éter? —esta vez el Sabueso del Éter no fingía su sorpresa.
—Lo llamamos el éter holístico —Angélica miró al público—. Un medio nuevo y más seguro de comunicación masiva. Algo que garantizará un sistema fiable para las generaciones venideras de conectar a la humanidad.
Milo se recuperó rápidamente de la sorpresa.
—Nunca dejes que la verdad te estropee una historia impactante, ¿no? Así que esto es lo que nos estás vendiendo, mmm… ¿miedo? Cantara te enseñó bien. Pero hay un problema con tu palabrería sobre el apocalipsis. No es real, y no nos la estamos tragando.
La estrategia de Milo era obvia: quería desacreditar las noticias. Angélica no se lo podía permitir. Sacó un opticrón de su bolsillo y lo lanzó al aire. La reproducción mostró un Masvieth con datos que probaban la existencia de la malice y su difusión por el éter.
—Esto muestra el estado del geoéter —explicó—. Las áreas rojas indican la propagación de la malice asesina en las zonas más transitadas del ciberespacio…
—Por favor —Milo usó un opticrón para mostrar otra reproducción de Masvieth—.
Esto muestra exactamente lo mismo. La única diferencia es que no está adornado con tu constelación imaginaria de problemas.
Quizás menos intrigante, pero describe la realidad.
Creo que hemos llegado a un punto muerto, Dama de la Melodía.
¿Qué hacemos ahora? ¿Nos tragamos la fantasía que describe el apocalipsis o nos atenemos a la aburrida realidad?
—Muchos eteriones leen esas cifras, Milo —señaló Angélica—. Cientos de ellos. Están de acuerdo conmigo.
Milo asintió lentamente.
—Sí, les has lavado el cerebro a algunos principiantes, pero Covenant no se va a quedar de brazos cruzados mientras provocas el caos en el ciberespacio.
Una parte del público se puso en pie y vitoreó a Milo.
Angélica dio un paso adelante.
—Te estás aferando al orden antiguo porque te da poder. Ese es el tipo de ceguera que acabará con nosotros. Abre los ojos antes de que sea demasiado tarde.
—Oh, tengo los ojos bien abiertos, y no veo más que tu imprudencia —dijo Milo, señalándola con el dedo—. No solo tienes hambre de fama, sino que estás desesperada por ella. No, Dama. Ya tenemos un éter, y funciona perfectamente. No necesitamos tu versión rimbombante, gracias.
Angélica dio un paso hacia Milo.
—Es lo que necesitamos para solucionar el problema.
—Estás loca si piensas eso —dijo Milo girándose hacia el público—.
Es obvio, señoras y señores, que esta disputa debe trasladarse de este escenario al ciberespacio propiamente dicho.
Espero que cada uno de ustedes elija bando en las próximas semanas.
Ha llegado el momento de saber de parte de quién estáis.
Milo Finnegar Jasper se giró hacia Angélica y le dedicó una última mirada cargada de intención antes de alejarse.
En ese instante, mientras cada espectador se ponía en pie, bien para apoyar al Sabueso del Éter o bien a la Dama de la Melodía, gritando sus nombres, Angélica supo que la Guerra del Éter había comenzado oficialmente.