29 El fracaso de Wei
EL FRACASO DE WEI
WASHINGTON D.C., ANTIGUA SEDE CENTRAL DE HYPER
Gladia
El enorme vestíbulo esférico eclipsaba cualquier espacio cerrado que Arthur hubiera visto antes. Y no solo por su tamaño, sino porque había algo extraño en él. «Espeluznante» no era la palabra más adecuada, pero se acercaba bastante.
Largas franjas de luz azulada serpenteaban a lo largo de las paredes, como dedos esqueléticos preparados para atrapar a su presa. Había varios asientos dispuestos en semicírculo, todos orientados hacia una plataforma elevada en el centro de la gigantesca sala.
Arthur dudaba de que alguien hubiera estado allí en años. Observó el asiento más cercano y frunció el ceño. La tapicería estaba descolorida y cubierta de una gruesa capa de polvo. Un rastro de óxido empezaba a carcomer el respaldo metálico.
—¿Qué clase de sitio es este?
Gladia no respondió. Estaba ocupada contemplando la plataforma, con la mirada atormentada.
—Oye —dijo Arthur, extendiéndole una mano—. ¿Estás bien?
Ella lo miró como si se hubiera olvidado de que había alguien más allí.
—¿Qué?
Arthur estaba perplejo, desconcertado por sus ojos llorosos.
—No parece que estés muy bien. ¿Quieres tomar un poco el aire?
Ella tragó saliva y volvió a mirar la plataforma.
—Lo siento. Estaba… ah… —Se interrumpió y luego añadió—: No, estoy bien. Es solo que… este lugar me trae recuerdos.
Su voz rebotó de forma inquietante entre las paredes, provocando un eco que repitió sus palabras antes de desvanecerse en un murmullo apenas audible. Caminó en dirección a la plataforma y la señaló con un gesto.
—En tiempos lejanos, Wei solía hacer su truco de magia justo aquí.
—¿Wei? —repitió Arthur, observando la plataforma.
Gladia asintió.
—Se encerraba en esta habitación cuando necesitaba reflexionar sobre algo. Este lugar le planteaba un reto, el único enigma que nunca consiguió resolver —dijo, subiendo a la plataforma y extendiendo los brazos; entonces cerró los ojos—. Estamos dentro de un simulador.
Arthur entornó los ojos.
—¿Un simulador?
—Sí —respondió mientras abría los ojos para escrutar a Arthur—. Y aquí es donde las cosas se ponen un poco raras.
—Vale —Arthur esperó un momento, después se encogió de hombros—. ¿A qué te refieres?
Gladia bajó de la plataforma.
—Aquí es donde Wei intentó, con todas sus fuerzas, predecir el futuro.
Arthur parpadeó.
—Perdona, ¿has dicho predecir el futuro?
—Eso mismo.
Arthur se cruzó de brazos.
—¿Tiene que ver todo esto con tus pesadillas? Por eso estamos aquí, ¿verdad? Dijiste que querías compartir un secreto —añadió, abarcando el enorme espacio con la mirada—. ¿Es este?
Gladia asintió, titubeante.
—Todo está aquí. Mis pesadillas siempre comienzan con el recuerdo de este lugar.
Esta habitación es especial; puede simular varios futuros a través de una serie de variables.
Wei usaba un programa llamado EVA, una IA panalgorítmica muy avanzada, para testear sistemáticamente variables y sucesos basados en datos de la vida real y matemáticas de pronóstico.
Es bastante técnico, pero, básicamente, le permitía extrapolar varios escenarios, reducirlos a unas cuantas proyecciones altamente probables y dar con un resultado con muchas posibilidades de convertirse en nuestro futuro.
Arthur entornó los ojos y frunció el ceño.
—Tenías razón. Esto es una completa locura.
Ella se cruzó de brazos.
—Te juro que es la verdad.
—Vale, entonces prácticamente estás diciendo que Wei podía… mmm… ¿predecir el futuro? —preguntó Arthur al tiempo que se frotaba el cuello.
—Más o menos.
—No sé… — Artur se mordió el labio inferior e hizo un ruido con la garganta—. Es difícil de digerir, pero pongamos que te creo. ¿Qué tiene que ver todo esto contigo?
Gladia se alisó los pantalones, evitando el contacto visual directo.
—¿Crees que es posible? Predecir el futuro, quiero decir.
Arthur carraspeó.
—Yo… eh… creo que es posible predecir la probabilidad de un evento. Pero el futuro… Es decir, para serte sincero, nunca he sido muy aficionado a la ciencia ficción.
Ella asintió.
—Eso pensaba.
Arthur miró la plataforma y volvió a mirar a Gladia.
—Mira, a lo mejor para él esto no era más que un juego. Su forma de entretenerse. Puede que no tuviera ningún valor real.
Gladia negó con la cabeza.
—Eso es imposible.
—¿Por qué?
—Él no hacía las cosas por diversión. Siempre tenía un motivo detrás de cada acción, siempre hacía algo con el fin de conseguir otra cosa.
Su vida era como un motor: cada pieza estaba diseñada para acelerar el avance de las cosas.
No. Esto no era solo un juego; era un intento serio de evitar nuestra extinción.
Arthur hizo una mueca.
—Estás… eh… ¿sigues hablando de Wei?
—Sí.
—Entonces estoy confundido. Creía que su objetivo era crear una civilización espacial.
—Bueno —dijo ella mirándolo fijamente—. Ambas cosas están conectadas.
Él entornó los ojos.
—No sé si te sigo.
Gladia empezó a caminar de un lado a otro.
—Según el resultado de la simulación de Wei, si la humanidad no logra convertirse en una civilización espacial, dejará de existir —dijo mirando a Arthur, sonrojándose ligeramente—.
Sí, sé cómo suena. Es difícil de creer. Cuando descubrí cuánto tiempo le estaba dedicando a esta simulación, me asusté.
Wei pasó más tiempo aquí del que nunca le dedicó a Polaris.
Se consumió en esta habitación. Era importante para él.
Arthur se encogió de hombros.
—¿Cómo?
Gladia parecía visiblemente estremecida; de nuevo, sus ojos transmitían una mirada atormentada.
—Porque… era tan importante que estaba incluso dispuesto a morir con tal de resolverlo.
Arthur miró fijamente la plataforma.
—Mira, este programa, esta… IA que has mencionado. ¿Me la puedes enseñar?
Ella miró hacia arriba y exclamó:
—¿EVA?
Una voz femenina, fría y clara, respondió:
—Unidad de Egopsimulacro Antropomórfico Versátil, operativa y lista para funcionar.
Volvió a mirar a Arthur, y luego de nuevo al techo.
—Activa la cámara.
—Cámara activada.
Una única nota solitaria reverberó en la inmensa estancia antes de desvanecerse.
—Aquí es donde las cosas se ponen turbias —dijo Gladia—. EVA, abre el archivo: Civilización Espacial.
—Imposible cumplir la orden —respondió la voz de EVA—. Huella vocal no autorizada.
Arthur miró fijamente a Gladia.
—¿Qué quiere decir?
—Exactamente lo que ha dicho —respondió suspirando—.
No podemos acceder a la simulación. Solo Wei podía.
Como ya no está entre nosotros, todo en lo que había estado trabajando se ha perdido.
Sin embargo, hay algo que sí podemos hacer.
Podemos recuperar el registro de la última simulación que Wei completó —una vez más, Gladia se dirigió a la voz—.
EVA, ¿cuál es el resultado de la simulación?
EVA respondió con prontitud:
—El resultado del Centro Máximo está prefigurado en la base histórica proporcionada al inicio de la simulación.
—¿Conclusión? —la voz de Gladia tembló incluso antes de terminar la pregunta.
—La Singularidad es inevitable —dijo EVA.
Arthur miró a Gladia con repentino interés; frunció el ceño y luego lo relajó.
—No importaba lo que hiciera Wei —dijo ella, con los codos pegados a los costados—, el resultado era siempre el mismo. La humanidad nunca se convertía en una civilización espacial. Siempre se extinguía en cuestión de décadas.
Arthur frunció los labios.
—Tú misma lo has dicho. Es solo una simulación. No me importa lo que pienses que Wei estaba haciendo aquí. Nadie puede predecir el futuro. Ni siquiera él.
Ella negó con la cabeza.
—Después de pasar tanto tiempo con él, no creo que hubiera algo que Wei no pudiera conseguir si se lo proponía. Y por eso es que tengo esas pesadillas. Por eso estamos aquí. Cada vez que cierro los ojos veo el final de nuestra especie.
Arthur estuvo a punto de decir algo, pero Gladia de repente se miró la muñeca.
—Es Charlotte —dijo, activando su interenlace—. ¿Sí?
Arthur observó cómo la expresión de Gladia pasaba de la impaciencia a la preocupación.
—¿Estás segura? —preguntó Gladia, con los ojos abiertos como platos—. No, no hagas nada hasta que estemos en mi aeromusina. Consigue más información. No respondas preguntas sin mi autorización. Vamos para allá.
Cortó la comunicación y corrió hacia la salida.
—¡Eh! —Arthur tuvo que correr para ponerse a su altura—. ¿Qué pasa?
—Tenemos que volver a Infinity —dijo, con un tono cargado de preocupación—. Tenemos un problema.