La guerra de Pandora (Protocolo Singularidad 3) 27 Recuerdos desbloqueados
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RECUERDOS DESBLOQUEADOS

MAR AMARILLO, AGUAMARINA

Ariul

Lena se despertó sobresaltada, con el corazón a punto de salírsele del pecho. Esta vez no había sido un sueño. La revelación la había dejado sin aliento. Algo había hecho clic en su mente y la certeza fue cobrando fuerza.

Se sentó en el borde de la cama, tratando de ignorar sus músculos entumecidos tras pasar horas durmiendo en el suelo. Se concentró en el encuentro entre Wei y Pandora.

—No puede ser —murmuró mientras se secaba el sudor de la frente—.

Es decir, es una locura —se dijo, llevándose la mano temblorosa al colgante.

De alguna manera, aquel objeto se había activado mientras dormía.

Los sueños que había tenido no habían sido sueños en absoluto. Eran recuerdos: los recuerdos de Wei.

Lena se centró en lo que recordaba.

—Pandora —murmuró, llevándose la mano temblorosa a la boca. No conocía a esa persona y, sin embargo, pensar en ella le revolvía el estómago. ¿Por qué? ¿Podía vivir también las emociones de Wei, además de sus recuerdos? ¿Podía hacer eso el colgante?

Algo que Pandora había dicho la inquietaba, algo sobre una guerra que Wei no podía ganar. Pestañeó y acto seguido se quedó mirando la pared, reproduciendo en su cabeza la conversación entre ambos.

La última pieza del rompecabezas encajó en su lugar.

Por supuesto. Pandora tenía que estar involucrada en la guerra que mencionó el Supervisor de Ariul.

Aunque eso no explicaba su papel en el conflicto.

¿Por qué había amenazado con matar a Wei?

¿Cuál era su relación? Desde luego tenían una historia. ¿Cómo había comenzado?

Su mirada se detuvo en la tableta que había dejado en el suelo, con los nombres de las víctimas de los biomecas.

Tanta gente muerta… ¿y para qué? Tenía que averiguarlo.

Un nuevo objetivo se asentó en su conciencia.

Se encargaría de descubrir por qué había ocurrido todo aquello y, si existía la más mínima posibilidad de que Makoto estuviera vivo, haría todo lo que estuviera en su mano para salvarlo.

Pero primero tenía que contarle a Tiago su descubrimiento.

Se puso en pie y activó el sistema de comunicación interno.

—Tiago —llamó con voz ronca—. Necesito hablar contigo.